La violencia sexual ha acompañado a las guerras desde la antigüedad, aunque no fue hasta 1998 cuando quedó tipificada como crimen de guerra y crimen de lesa humanidad. Naciones Unidas señala que responde a “objetivos políticos, militares o económicos para controlar el territorio o los recursos”.
En el Día Internacional contra la Violencia Sexual en Conflicto, que se celebra este 19 de junio, cabe recordar que el último informe anual de la ONU sobre Violencia Sexual en Conflictos, documentó 9.780 casos en 2025, más del doble que durante el año anterior. “Los casos se multiplican y se vuelven más brutales porque los conflictos se intensifican”, advirtió Pramila Patten, la Representante Especial de la ONU sobre Violencia Sexual a Artículo14 durante una entrevista reciente en Madrid.

Las víctimas, de entre 1 y 75 años
Más del 90% de las víctimas verificadas por la ONU son mujeres y niñas, con edades de entre 1 y 75 años, una cifra que evidencia la magnitud del problema. Patten señaló que se trata de “un arma de guerra” impulsada por factores estructurales como la desigualdad de género, la discriminación y la pobreza. La ONU analizó 21 países en conflicto e identificó a 77 actores sospechosos de cometer patrones de violencia sexual. Entre las nuevas incorporaciones a la lista figuran las Fuerzas de Defensa israelíes junto al servicio penitenciario y las unidades policiales fronterizas de Israel, así como las Fuerzas Armadas Rusas y el Servicio Penitenciario Federal de Rusia.
La situación en Sudán concentra algunas de las formas más extremas. “La guerra se libra sobre los cuerpos de mujeres y niñas”, denunció Patten, describiendo una violencia con una dimensión étnica marcada que tiene como objetivo a las mujeres masalit: violaciones en grupo, embarazos forzados y una brutalidad que se intensifica cuando al componente de género se suma el étnico. Patrones similares se registran en Myanmar y en la República Democrática del Congo.

Frente a esta magnitud, la representante especial denuncia una paradoja: solo el 1% de los recursos humanitarios globales se destina a abordar la violencia sexual. “Es un crimen para el que la impunidad es la norma y la justicia, la excepción”, señaló a Artículo14. Para revertirlo, es necesaria una inversión a largo plazo acompañada de voluntad política. El caso de Guinea lo ilustra. Tras 13 años de trabajo en investigación, formación judicial y protección de víctimas, el año pasado se logró la condena de 11 acusados por la masacre del estadio de Conakry de 2009, entre ellos el expresidente Moussa Dadis Camara.
El estigma que recae sobre las supervivientes sigue siendo uno de los principales obstáculos para la denuncia. “Su silencio es la licencia que les dan a estos perpetradores para seguir violando”, explicó, insistiendo en que hay que trasladar “la vergüenza y el estigma al lado que les corresponde.” El punto de entrada para que una superviviente hable, son los servicios integrales: atención médica, apoyo psicológico y acompañamiento jurídico.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

