Dos reacciones ha provocado, grosso modo, el acuerdo recién alcanzado entre la República Islámica y EE UU para poner fin a la guerra y al bloqueo naval en aguas de Ormuz entre la diáspora iraní: decepción e indignación, por un lado y de manera mayoritaria, ante lo que consideran una traición por parte de la Administración Trump al pueblo iraní y una actitud de escéptica espera y prudencia ante lo que pueda venir en el futuro próximo, por otro (en algunos casos los sentimientos se mezclan y confunden).
No hay duda de que el nuevo memorando de entendimiento -merced al cual las partes tendrán que negociar, en ausencia de violencia y durante los próximos 60 días, el más espinoso de los dossieres, el del programa nuclear iraní- no gusta nada a la diáspora opositora en Europa y las Américas y en el resto del mundo. Centenares de miles de iraníes se movilizaron con (temeraria) valentía en las calles del país a comienzos de año para exigir democracia al régimen de los ayatolás en una revuelta que contó con el apoyo de la diáspora en algunas de las grandes capitales del planeta.

Durante algunas semanas soñaron con el cambio político, y ahora comprueban cómo las autoridades estadounidenses pactan un acuerdo con la República Islámica, ahora en manos de una nueva generación no menos radical que la anterior, que permitirá a Teherán recuperar millonarios activos congelados y hasta percibir 300.000 millones de dólares en compensación por los daños de la guerra. Un balón de oxígeno en toda regla.
“Estoy muy enfadada por lo que ha ocurrido y creo que es algo compartido por mucha gente en Irán. En primer lugar porque este acuerdo no significa nada”, admite a Artículo14 la portavoz de la Campaña para la Liberación de los Presos Políticos en Irán (CFPPI, por sus siglas en inglés) Shiva Mahbobi. “En nada beneficia a los iraníes. Lo que ha hecho es envalentonar al régimen, que ahora puede decir: ‘mirad lo que hemos hecho, forzar a EEUU a aceptar nuestras condiciones. Pero no es cierto”, explica la activista y ex presa política en su país desde el Reino Unido.
“Ha sido un acuerdo pésimo para Estados Unidos, cuyo presidente ha hecho el ridículo, y el escenario es terrible para el pueblo iraní, porque se ha fortalecido a los islamistas que ejercen la teocracia en mi país y a través de sus fuerzas proxy”, asegura, por su parte, a Artículo14 la activista iraní afincada en España desde hace cuatro décadas Nilufar Saberi. “Siento una mezcla de rabia, decepción, indignidad e indignación. Es el peor escenario con el que contaba el pueblo iraní: que después de tanto sufrimiento, dos guerras, nuestros verdugos se fortalecieran y permanecieran en el poder”, confiesa.

Por otra parte, la activista no evita señalar a la oposición por su cuota de responsabilidad ante el resultado de lo ocurrido desde enero: “Aparte de los gobiernos, mucha responsabilidad tiene la oposición iraní, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda. Ambas partes han sido egoístas e incapaces de protagonizar un acercamiento y sentarse a negociar en casi medio siglo, como hicieron los españoles durante la Transición”.
“No hay tregua para la represión”
Recuerda a Artículo14 la portavoz de la Campaña para la Liberación de los Presos Políticos en Irán que el acuerdo que entró en vigor esta semana no implica “tregua en Irán para la represión”. “Hay mucha gente detenida cada día. Son amenazados. Más de 40 presos políticos han sido ejecutados desde que empezara a guerra. Hay más de 370 presos políticos esperando que se cumpla su sentencia de muerte. Así que este acuerdo no tiene sentido”, concluye Mahbobi.
“Estoy a la vez cansada, atónita, desesperanzada, enfadada, asustada y desesperada. Esa es la mezcla de emociones que tanto prácticamente todos mis amigos más cercanos como yo estamos sintiendo ante la situación que vivimos en estos momentos”, confiesa a Artículo14 la psicoterapeuta iraní residente en Madrid Mediss Tavakkoli.

“Estamos enfadados, no porque alguna vez hubiéramos esperado que un país extranjero viniera a resolver nuestros problemas, ni lo fue el caso antes ni ahora. Lo único que pedíamos era que no se mostrara complacencia con quienes nos reprimen y nos matan, que no se les tendiera la mano de la amistad ni se cerraran los ojos ante la realidad”, prosigue la activista.
“Todos sabemos que la República Islámica no se rige por acuerdos sinceros ni en el cumplimiento honesto de sus compromisos. Su naturaleza y su identidad están construidas sobre la mentira, la destrucción, la intimidación y la represión. Lo hemos dicho una y otra vez. Hemos advertido sobre ello innumerables veces. Más allá de eso, poco más podíamos hacer”, concluye Tavakkoli.
“Seamos pacientes y veamos que pasa dentro de dos meses”
Más prudente y optimista es la matemática iraní Maryam Beygmohammadi, residente en Sevilla desde el pasado verano tras varios años de formación y desempeño profesional en Alemania. “No me gusta este acuerdo porque no hay en él una sola palabra sobre derechos humanos y sobre las ejecuciones”, admite la joven, pero creo que Trump está jugando con el régimen y quiere evitar lanzar más bombas sobre Irán”. “Lo que en resumen diría es que seamos pacientes y veamos qué pasa dentro de dos meses. Es muy pronto para estar decepcionadas”, afirma a Artículo14.

En términos semejantes se expresa la iraní Sarah Gholipour: “Creo que Trump y [el primer ministro israelí Benjamin] Netanyahu están jugando al juego del policía bueno y el policía malo, y la guerra volverá de una forma u otra”. “El cambio de régimen tendrá que traerlo la propia gente o un movimiento repentino en el seno del ejército iraní. Creo que no tardará demasiado, máximo un año”, estima esperanzada a Artículo14 la joven biotecnóloga residente en Estambul.
“Con todo, creo sinceramente que el régimen se encuentra en su situación más débil, aunque la Administración estadounidense los está fortaleciendo. Mucha gente en la región cree que la República Islámica está ahora mejor con el acuerdo, pero no es cierto”, asevera la portavoz de la Campaña para la Liberación de los Presos Políticos en Irán Shiva Mahbobi.

“Ahora la comunidad internacional debe adoptar medidas para aislar al régimen y sacarlo de las principales instituciones multilaterales, detener las ejecuciones, liberar a los presos políticos y liberar también completamente Internet, así como poner fin a las detenciones”, insta desde este medio, para concluir con optimismo, la ex presa política en Irán. “Nuestra esperanza siempre ha estado en nosotros mismos. Sabemos que esta es nuestra lucha y que, si algún día se gana, será gracias a los propios iraníes”, recuerda la activista Mediss Tavakkoli.

