Najmeh Amini tiene 23 años. Es estudiante de contabilidad en Mashhad, en el noreste de Irán. Tiene unos padres que la esperan en casa, una familia que teme perderla y, como ella misma ha dicho, esperanzas y sueños para el futuro. Pero es que ella se enfrenta a la pena de muerte.
Amini fue condenada a muerte el 16 de septiembre, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), que informó sobre su caso el 20 de septiembre. Reclusa en la prisión de Vakilabad, en Mashhad, grabó un mensaje de audio en el que imploraba justicia y pedía ayuda a la comunidad internacional.

“Soy una chica inocente, una joven con muchas esperanzas y sueños”, aseveró en la grabación, fechada el 18 de septiembre y de la que el periódico británico Daily Mail publicó algunos extractos este miércoles. “No quiero que el último rastro que quede de mí sean unas pocas líneas en un expediente judicial”, indicó Amini.
Su caso pone de manifiesto los riesgos a los que se enfrentan quienes fueron detenidos durante las protestas de enero en Irán. Amini fue arrestada por las Fuerzas de Seguridad el 31 de enero en el centro comercial Ferdowsi de Mashhad. Posteriormente fue trasladada a la prisión de Vakilabad, donde, según se informa, ha pasado ocho meses detenida.
En agosto, compareció ante el Tribunal Revolucionario de Mashhad. HRANA informó de que se le imputaban los cargos por “reunión y conspiración contra la seguridad nacional” e “insulto a las creencias sagradas y a los imanes”. Según el Daily Mail, activistas de derechos humanos han informado desde entonces de que la pena de muerte se impuso por un delito conocido como “sab ol-nabi”, es decir, insultar al Profeta. El medio británico añadió que también se la condenó a 12 años, seis meses y un día de prisión por cargos relacionados con la seguridad nacional y la propaganda antigubernamental.
“Por favor, no me olvidéis”
En su grabación, Amini no pidió que la convirtieran en una heroína. Pidió a la gente que la escuchara. “Solo pido una cosa: sed mi voz”, aseveró, apelando a abogados, expertos jurídicos, activistas de derechos humanos y organismos de las Naciones Unidas para que revisaran su caso. También habló de sus padres, que se despiertan cada mañana temiendo perder a su hija. “Recordad mi nombre; puede que no vuelva a poder hablar”, insistió la joven. De acuerdo con Amini, se le ha negado tanto un juicio justo como la oportunidad de defenderse.
La organización Iran Human Rights Monitor ha pedido una intervención internacional urgente para suspender y revocar su sentencia, expresando su preocupación por su detención y su acceso a asistencia letrada.
Represión generalizada
El caso de Amini se produce en medio de una campaña de represión generalizada tras las manifestaciones de enero. HRANA estima que más de 7.000 personas perdieron la vida y más de 50.000 fueron detenidas durante los disturbios, según cifras citadas por el Daily Mail. El Gobierno iraní ha reconocido más de 3.000 muertes.
Amnistía Internacional ha condenado las ejecuciones relacionadas con las protestas y ha advertido de que la pena de muerte se está utilizando para reprimir la disidencia.

“Solo quiero justicia y la oportunidad de defenderme”, afirmó la joven, quien espera ver un Irán libre mientras aún esté viva.

