EE UU

La ola antisistema vuelve a golpear a los demócratas: la socialista Nixon da la sorpresa en Florida

Una parte del electorado demócrata ha dejado de premiar a los candidatos que representan la experiencia, la moderación o el establishment para buscar perfiles que prometen romper con las reglas del juego

La representante estatal por Jacksonville (Florida) Angie Nixon (i), una de las dos aspirantes demócratas al escaño en el Senado de Estados Unidos que dejó el cubanoestadounidense Marco Rubio, habla con una persona durante un recorrido este sábado en la calle Ocho de la Pequeña Habana en Miami para pedir el voto cubano, tres días antes de las primarias de su partido. EFE/ Pablo Urbón
La representante estatal por Jacksonville (Florida) Angie Nixon, ha ganado las primarias demócratas al escaño en el Senado de Estados Unidos
Efe

La ola antisistema que atraviesa al Partido Demócrata estadounidense ha encontrado en Florida uno de sus escenarios más sorprendentes. Angie Nixon, candidata que se presenta como socialista demócrata y representa al ala izquierda del partido, derrotó este martes al ex teniente coronel Alex Vindman en las primarias demócratas para el Senado. La victoria, por 56% frente al 44%, supone una sorpresa mayúscula en un Estado cada vez más dominado por los republicanos y frente a un adversario que había recaudado más de 16 veces el dinero de su campaña.

El resultado no garantiza a Nixon un escaño en Washington. En realidad, establece una distancia insuperable en su intento de arrastrar al electorado independiente. En noviembre se enfrentará a la republicana Ashley Moody, que ganó con holgura las primarias de su partido. Florida sigue siendo un territorio profundamente conservador. Donald Trump ganó allí por 13 puntos en 2024 y los republicanos controlan con comodidad buena parte de sus instituciones. Pero la victoria de Nixon importa por otra razón. Es otro indicio de que una parte del electorado demócrata está dejando de premiar a los candidatos que representan la experiencia, la moderación o el establishment para buscar perfiles que prometen romper con las reglas del juego.

Vindman parecía, sobre el papel, el candidato natural para una elección de estas características. Su nombre quedó asociado a uno de los momentos más importantes del primer mandato de Trump. Como responsable de asuntos europeos en el Consejo de Seguridad Nacional, fue uno de los testigos centrales de la investigación de impeachment abierta contra el presidente en 2019 por el escándalo de Ucrania. Su testimonio ante el Congreso lo convirtió en una figura conocida entre los demócratas y en uno de los rostros de la resistencia institucional a Trump.

Pero esa notoriedad no ha sido suficiente. Tampoco lo fue el dinero. Vindman recaudó alrededor de 16 millones de dólares, mientras Nixon consiguió menos de un millón. La candidata de Jacksonville tuvo que competir contra la maquinaria financiera de su rival con una campaña construida alrededor del activismo, los sindicatos, las iglesias negras y las redes sociales progresistas.

La representante estatal por Jacksonville (Florida) Angie Nixon, una de las dos aspirantes demócratas al escaño en el Senado de Estados Unidos que dejó el cubanoestadounidense Marco Rubio, posa durante un recorrido este sábado en la calle Ocho de la Pequeña Habana en Miami para pedir el voto cubano, tres días antes de las primarias de su partido. EFE/ Pablo Urbón
La representante estatal por Jacksonville (Florida) Angie Nixon
Efe

Lo más llamativo es que Nixon nunca intentó esconder su posición ideológica. Desde el primer momento se identificó abiertamente con el socialismo democrático y convirtió el coste de la vida, la vivienda, la sanidad y las ayudas alimentarias en el centro de su mensaje. Su campaña apostó por una política de proximidad al presentar la elección como una disputa entre quienes tienen poder y quienes sienten que han dejado de tenerlo. “Estamos hartos de políticos sin carácter”, dijo Nixon ante líderes religiosos y simpatizantes en una intervención en la que acusó a las grandes empresas y los políticos corruptos de perjudicar a las comunidades. Su discurso no busca reconciliarse con el lenguaje tradicional del Partido Demócrata. Busca precisamente apartarse de él y recuperar una tradición de movilización popular que tiene uno de sus principales bastiones en la comunidad negra.

La Iglesia negra desempeñó un papel significativo en su victoria. Nixon no es pastora ni pertenece al clero, pero consiguió el respaldo de líderes religiosos que la presentaron como una candidata capaz de defender a sus comunidades. En julio recibió el apoyo de BlackChurchPAC y participó en un mitin en la Mount Zion Missionary Baptist Church de Miami, un templo asociado a la historia del movimiento por los derechos civiles que fue visitado en el pasado por Martin Luther King. Allí, varios pastores se unieron para respaldarla.

Ese apoyo revela una de las claves de la nueva política demócrata. Desde las comunidades y los barrios apartados se crean estructuras con un discurso mucho más combativo que la línea jabonosa de los demócratas. Nixon ha construido su identidad política llamando puerta a puerta. Antes de llegar al Senado, ha sido legisladora estatal por Jacksonville y ha participado activamente en el movimiento sindical. Este año ganó notoriedad cuando protestó contra los nuevos mapas electorales impulsados por los republicanos en Florida. Esta protesta terminó con su detención.

Su elección dentro de las primarias demócratas explica una tendencia nacional. La izquierda demócrata lleva años intentando demostrar que puede ganar primarias contra candidatos considerados más seguros por el aparato del partido. El fenómeno tiene distintas expresiones, pero comparte la misma premisa. Para ellos el electorado progresista no quiere limitarse a derrotar a Trump y a los republicanos, sino que reclama una identidad política propia acorde con la economía de guerrilla que sufre el país.

La victoria de Nixon refuerza esta tesis porque se produce en Florida. Son los barrios afroamericanos quienes han alzado a su candidata. Florida no es Nueva York ni California, ni un distrito urbano donde un candidato progresista pueda apoyarse en una mayoría liberal. Es un Estado donde los republicanos han consolidado su hegemonía y donde el Partido Demócrata llega a las elecciones con serios problemas para competir.

Estados Unidos
El ala progresista del Partido Demócrata con Bernie Sanders, AOC y Abdul el Sayed
KiloyCuarto

El resultado ofrece además un argumento electoral evidente. Nixon será presentada por los republicanos como una candidata de extrema izquierda en un Estado donde los cubanos demonizan ese perfil. Su rival, Ashley Moody, parte como favorita en noviembre y la contienda por el Senado será muy distinta.

El resultado tampoco significa que el Partido Demócrata se haya convertido en un partido socialista. La propia dificultad de Nixon para conquistar Florida en noviembre será una prueba de los límites de esta estrategia demócrata. Queda claro que el partido sigue partido en dos, con un futuro que libra la batalla entre quienes quieren reconstruir una coalición moderada capaz de recuperar a los votantes independientes y quienes creen que la única manera de movilizar a la base es ofrecer una ruptura clara con el establishment.

Nixon llega a noviembre con una posibilidad histórica de convertirse en la primera mujer negra elegida senadora por Florida si es capaz de vencer a Moody.

Su triunfo en las primarias ya ha conseguido algo único al ganar en uno de los Estados más conservadores del país como parte de una rebelión contra el sistema. La pregunta ahora es si esa ola antisistema tiene fuerza suficiente para cruzar las primarias y llegar hasta Washington.