Claudia Sheinbaum ha aprovechado su segundo informe de Gobierno para fijar las prioridades económicas de México de cara a 2027: reducir progresivamente las presiones sobre las cuentas públicas sin renunciar a la inversión ni recortar las principales partidas sociales. A pocos días de presentar ante el Congreso el próximo paquete económico, la presidenta defendió que disciplina fiscal y políticas de bienestar pueden avanzar de manera simultánea.
“Será un proyecto responsable que, al mismo tiempo que garantiza una paulatina consolidación fiscal, mantiene inversión y bienestar, salud y educación”, aseguró Sheinbaum desde el Palacio Nacional, ante más de 300 invitados. La mandataria, que en octubre cumplirá dos años al frente del país, convirtió buena parte de su intervención en una defensa del modelo económico impulsado por la denominada Cuarta Transformación.
La presidenta insistió en que recuperar capacidad de intervención pública no implica disparar el gasto ni descuidar la estabilidad macroeconómica. Su planteamiento pasa por conservar unas “finanzas públicas sólidas” y, al mismo tiempo, utilizar al Estado como motor de inversión, garante de derechos sociales y actor relevante en sectores considerados estratégicos.
El mensaje llega en un momento delicado. México afronta la incertidumbre derivada de su relación comercial con Estados Unidos y la próxima revisión del T-MEC, mientras las tensiones internacionales y la guerra en Irán han añadido presión a los mercados energéticos. Pese a ese escenario, Sheinbaum sostuvo que la economía mexicana “permanece estable y avanzando”.

Inversión y empleo
Entre las cifras exhibidas por la presidenta figura la inversión extranjera directa, que rozó los 35.000 millones de dólares durante el primer semestre de 2026. También destacó el crecimiento trimestral del PIB del 1,4% durante el segundo trimestre y que el país haya alcanzado los 60 millones de personas ocupadas.
Sheinbaum utilizó además el salario mínimo como uno de los principales ejemplos del cambio económico de los últimos años. Su Gobierno sostiene que el incremento de las remuneraciones ha podido convivir con la estabilidad y reivindica que la pobreza se encuentra en su nivel más bajo desde 2005.
Pero el otro gran pilar del discurso estuvo en el gasto social. El Ejecutivo prevé cerrar 2026 con cerca de 42,9 millones de beneficiarios de los distintos programas de bienestar, a los que destinará alrededor de un billón de pesos. Solo las pensiones para mayores alcanzan a 13,8 millones de personas.
En cuanto a mujeres, según las cifras ofrecidas por la mandataria, 2,87 millones de mexicanas de entre 60 y 64 años reciben ya la Pensión Mujeres Bienestar. A ello sumó la distribución de 27 millones de cartillas de derechos de las mujeres, la creación de un millar de Centros Libres y una red integrada por más de 190.000 mujeres.

Un Estado con mayor protagonismo
Educación, vivienda y sanidad completaron las reformas sociales del Gobierno. Ocho millones de alumnos de primaria recibieron este año ayudas para útiles y uniformes; cerca de cinco millones de estudiantes de educación media superior cuentan con becas Benito Juárez y el Ejecutivo pretende construir 1,8 millones de viviendas destinadas a hogares con menores ingresos.
En materia sanitaria, Sheinbaum destacó la ampliación de hospitales y centros de salud, así como el programa Salud Casa por Casa, que acumula más de 23 millones de visitas a mayores y personas con discapacidad.
La presidenta presentó estas medidas como la alternativa a las políticas de privatización de etapas anteriores, un modelo que, sostuvo, “fracasó en proveer bienestar”. Sin embargo, el verdadero examen llegará con las cuentas de 2027. El paquete económico que el Ejecutivo remitirá próximamente al Congreso tendrá que mostrar hasta dónde puede avanzar la prometida consolidación fiscal sin frenar la inversión pública ni reducir el amplio entramado de ayudas que se ha convertido en una de las principales señas de identidad del Gobierno de Sheinbaum.

