Tragedia en Sri Lanka: más de 100 desaparecidos tras el ataque submarino a un barco iraní

Sri Lanka vive una emergencia en el Índico tras el ataque submarino a un barco iraní: al menos 101 personas siguen desaparecidas

Tragedia en Sri Lanka - Internacional
Fotografía de archivo de un misil de alcance intermedio tierra-aire antiradar lanzado desde un buque de la Armada iraní.
EFE

La costa de Sri Lanka amaneció este miércoles, 4 de marzo de 2026, con una emergencia marítima de alto voltaje geopolítico: al menos 101 personas están desaparecidas después de que un submarino atacara un buque iraní en aguas cercanas a la isla, según fuentes de la Marina y del Ministerio de Defensa esrilanqués citadas por Reuters.

Las autoridades de Sri Lanka confirmaron además que el Ejército logró rescatar al menos a 30 personas que viajaban a bordo del barco, que se encontraba hundiéndose cuando se desplegó el operativo. El dato lo trasladó al Parlamento el ministro de Exteriores, Vijitha Herath, en una comparecencia en la que evitó entrar en detalles sobre el origen del ataque.

A esta hora, el episodio se investiga con una incógnita central: no está claro quién atacó la nave. Reuters subraya que la identidad del submarino implicado no se ha hecho pública y que el buque iraní acabó hundiéndose, en un incidente que deja, además, 78 heridos y al menos un fallecido confirmado.

Un rescate contrarreloj frente a las aguas del sur

Según la información difundida por las autoridades, la Armada de Sri Lanka activó una misión de rescate tras recibir una llamada de socorro del barco iraní. El portavoz del Ministerio de Defensa explicó que el operativo se puso en marcha a primera hora del miércoles, cuando el estado de la embarcación ya era crítico.

Distintos medios internacionales sitúan el incidente cerca de Galle, en el sur de Sri Lanka, donde se habrían trasladado heridos para recibir atención médica. The National señala que los rescatados incluían personas lesionadas y que parte de la asistencia se coordinó desde la franja meridional del país, una zona que suele funcionar como puerta de entrada para operaciones de salvamento en el Índico.

En paralelo, la dimensión humana de la tragedia crece con cada hora que pasa. Con más de un centenar de desaparecidos, el margen de supervivencia se estrecha en un escenario condicionado por el estado del mar, la distancia a costa y el tiempo transcurrido desde el ataque. En Sri Lanka, el despliegue se interpreta también como una obligación de búsqueda y rescate en un corredor marítimo internacional especialmente transitado.

Qué se sabe del ataque y qué sigue sin responderse

A falta de un relato completo, los datos confirmados dibujan una secuencia básica: un ataque submarino, un buque iraní gravemente dañado, una llamada de socorro, un rescate parcial y, finalmente, el hundimiento. Reuters informa de que el suceso ocurrió en aguas próximas a Sri Lanka y que las autoridades locales, por ahora, no han atribuido la autoría del ataque.

Esa falta de atribución es, precisamente, lo que convierte el caso en una bomba diplomática potencial. En un contexto regional de máxima tensión, cualquier señalamiento prematuro podría escalar el conflicto. Por eso, el discurso público de Sri Lanka se ha mantenido en el terreno operativo —rescates, heridos, coordinación— evitando, al menos de momento, entrar en hipótesis sobre quién disparó y por qué.

Lo que sí ha quedado reflejado en los testimonios recogidos por Reuters es el balance provisional de víctimas: 101 desaparecidos, 78 heridos y un muerto, además de la confirmación de que el barco iraní terminó sumergido.

Sri Lanka, el Índico y el riesgo de una crisis mayor

Aunque Sri Lanka no forma parte del conflicto que atraviesa Oriente Medio, su localización en el Índico la convierte en un país sensible a cualquier choque que altere las rutas marítimas. El episodio llega, además, en medio de una escalada informativa global vinculada a la crisis regional, en la que distintos medios han conectado el suceso con el clima bélico general, aunque sin pruebas públicas que permitan trazar todavía una cadena de responsabilidades.

Para Colombo, el equilibrio es delicado. Por un lado, está la obligación de responder a una emergencia en su área de influencia y de proteger sus costas. Por otro, la necesidad de no quedar atrapada en la lógica de bloques que acompaña a los conflictos internacionales. La comparecencia del ministro de Exteriores en el Parlamento, sin detalles sobre el atacante pero con cifras claras de rescatados, va en esa línea: transparencia en lo humanitario, cautela en lo político.

En las próximas horas, el foco se centrará en si el recuento de desaparecidos se mantiene o varía con nuevas localizaciones, y en si Irán o terceros países aportan información que permita identificar al agresor. También pesará la investigación técnica: posición exacta del ataque, trayectoria de la embarcación, comunicaciones previas y cualquier evidencia que ayude a reconstruir lo ocurrido frente a Sri Lanka.

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