Hace ya tiempo que la (mala) relación entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y la Alta Representante de Asuntos Exteriores del bloque, Kaja Kallas, es conocida en los pasillos comunitarios. Sobre su tira y afloja por marcar el rumbo en política exterior de la UE se han escrito ríos de tinta. Sin ir más lejos, ya en marzo este periódico adelantaba el pulso que ambas mandatarias mantenían, visible en redes sociales y latente desde hace tiempo, pero más que evidente en los últimos meses.
Si por la guerra en Ucrania surgió la primera grieta, la guerra en Irán y el conflicto en Oriente Medio han terminado agrandándola aún más. El memorando de entendimiento firmado por Washington y Teherán tres meses más tarde de comenzar el conflicto ha dejado claro dos cosas: que la UE no marca el rumbo y no tiene apenas influencia en los grandes conflictos que suceden en el mundo y que esto es complicado de conseguir si hasta dentro del mismo organismo varias voces mantienen criterios distintos.
Varios diputados llevan desde que comenzó el año advirtiendo de esto. Uno de ellos, en conversación con Artículo14, asegura que Von der Leyen “hace ya meses que se extralimita en sus funciones” y pretende ser la voz cantante en unas competencias -las de exterior- que deberían estar reservadas exclusivamente a la Alta Representante del bloque.

Una vieja guerra
Estos pulsos, que los primeros años podían tener hasta sentido por la poca vida del bloque comunitario, ya están empezando a cabrear a cada vez más eurodiputados. El contexto geopolítico es cada vez más complicado y se acumulan a una velocidad de vértigo los conflictos en el tablero geopolítico.
Si hasta hace cuatro meses, la UE parecía estar sólo preocupada de la invasión rusa sobre Ucrania, ahora se tienen más frentes abiertos. A las amenazas y bandazos de la Administración estadounidense se ha sumado el conflicto en Oriente Medio, la intervención estadounidense en Venezuela, la asfixia permanente de Cuba, o la amenaza de tomar por la fuerza Groenlandia.
Sin embargo, esta guerra abierta entre Von der Leyen y Kallas no es nueva. Lo cierto es que desde 2024, año en el que la presidenta de la Comisión reforzó el reglamento, nunca su puesto había acumulado tantísimo poder en materia internacional. En redes sociales los usuarios ya están acostumbrados a su guerra de tuits y comunicados paralelos, que se funden con las conversaciones que, de forma independiente, mantienen ambas mandatarias.

Una “omnipresente” Von der Leyen
La guerra entre ambas, ya contada y requetecontada en la prensa internacional, recoge siempre la misma idea. Von der Leyen trata de asumir las competencias de Kallas mientras ésta última ve como su compañera le quita parte del bizcocho. Sin embargo, esta pugna no sólo afecta en lo personal, sino que también tiene consecuencias en toda la UE, incapaz de marcar un rumbo consolidado sobre los principales problemas en uno de los contextos más complicados desde la Segunda Guerra Mundial.
Von der Leyen en realidad lleva tiempo intentando ser la cabeza visible del rumbo internacional. El conflicto entre Estados Unidos e Irán no fue el primer acontecimiento sobre el que, de forma unilateral, se pronunció. Hoy fuentes comunitarias recuerdan a este periódico que exactamente lo mismo sucedió en 2022 con la guerra en Ucrania o en 2025 con el órdago arancelario de Trump.
La omnipresencia de Von der Leyen ya incomoda a varios estados, que se esfuerzan continuamente en desmentirla y en recordar que quien marca el rumbo de la UE no es Von der Leyen, sino su compañera.

Las disculpas de la presidenta
Ella misma ha sido consciente de esto, y en este diario hemos contado las veces que, presionada por embajadores y altos cargos comunitarios, ha tenido que limar los aspectos más duros de su discurso. 24 horas después de que Von der Leyen reconociera un “orden internacional sin reglas”, pidió disculpas y reafirmó el compromiso de la UE “con la paz, las Naciones Unidas y el derecho internacional”.
Aquellas palabras, que no son tan lejanas, no gustaron ni fuera ni dentro de su familia política, que reconoce incómoda los reiterados intentos de la presidenta por arrebatar el papel a su compañera Kallas.
Independientemente de lo que puedan pensar en Bruselas, los estatutos del bloque son bastante claros. Según el reglamento de la UE, quien marca la posición internacional debe ser el alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, que debe “lograr el consenso entre los Estados miembros de la UE y velar por la consistencia y la coherencia de la acción exterior del bloque”.

