La estancia de León XIV en Madrid está provocando encuentros con actores de distinto signo. Por ejemplo, el sábado en el Palacio Real, estuvieron esperando en la misma sala miembros del Gobierno y del Partido Popular. Juntos pero no revueltos, eso sí. “Ellos en una esquina, nosotros en el restos de sala”, desliza un presidente autonómico. “Vengo para alentar e inspirar una reconciliación y cooperación más profunda entre las distintas fuerzas de esta nación”, les dijo el pontífice directamente. Nada apunta a que esto vaya a ocurrir.
“Se irá el Papa pero seguirá la UCO”, resumen en el equipo de confianza de Alberto Núñez Feijóo. En Génova son conscientes de que Moncloa se aferra a esta visita para, al menos, disfrutar de unos días de calma. Y ciertamente así lo consiguieron el fin de semana, con las noticias sobre Leire Díez en un claro segundo plano. “Están viviendo una alucinación”, en palabras de un miembro de la cúpula del PP. “Si creen que lo divino tapará todo lo humano…”.
Este lunes, tras el histórico discurso de León XIV en el hemiciclo, Feijóo reunirá a su comité de dirección en el Congreso para evitar desplazamientos. Si bien, las fuentes consultadas ya avisan: “El planteamiento de oposición no va a cambiar”. Más aún, teniendo en cuenta el “calvario judicial” que aún le espera a Pedro Sánchez. En los corrillos del Palacio Real fue muy comentada la ausencia de José Luis Rodríguez Zapatero, que tendrá que declarar en la Audiencia el 17 de junio.

“Que recen todo lo que puedan porque lo que les viene no es poco”, bromean en el entorno de Feijóo, que ya sitúan el caso de Leire Díez como “el más grave” de los últimos tiempos. “La Guardia Civil se está investigando a sí misma por encubrir delitos del entorno del presidente”, enfatizan. Y de ahí que dejen claro que, en caso de novedades judiciales de impacto, estudiarán “cómo” comunicar su mensaje incluso con el Papa en España.
¿Y las palabras del pontífice apelando a la unidad? “Haría falta un milagro”, bromeaba un presidente autonómico, presente en el acto. A día de hoy, la interlocución entre el presidente y el jefe de la oposición es nula. Ni tan siquiera para abordar los denominados asuntos de Estado. “Nos enteramos por la prensa”, suelen responder en Génova sobre decisiones en materia de Defensa o Exteriores. Moncloa previó una reunión al más alto nivel sobre Ucrania en enero que se tuvo que cancelar por el accidente ferroviario de Adamuz y ya quedó aplazada sine die.
Tan mal están las relaciones que incluso le sorprendió a algunos en el PP que Isabel Díaz Ayuso saludara a Sánchez. Un gélido apretón de manos en la terminal de autoridades del aeropuerto de Madrid minutos antes de que el Papa aterrizara. Incluso los más moderados en la formación creen que, más allá del apoyo público que se pueda hacer a lo dicho por León XIV, sus palabras caerán en saco roto. “Aquí lo que tiene que haber son elecciones y empezar un nuevo ciclo. Que la directora de la Guardia Civil siga en su puesto es incomprensible y una vergüenza. No denunciarlo sería una auténtica falta de responsabilidad”, en opinión de otro líder territorial.

La charla entre Moreno y Abascal… y Feijóo y Aznar
Cerrado el capítulo de las relaciones Gobierno-PP, los corrillos en el Palacio Real dejaron otro momento de relevancia política. Por primera vez desde las elecciones andaluzas, Juanma Moreno y Santiago Abascal despacharon sobre el asunto cerca de media hora. “Un ratito”. El primero no quiere consejeros de Vox en su gabinete y el segundo exige, de partida, incluir el término de “prioridad nacional” en el acuerdo. Una conversación “importante” -admiten en el PP- que desatasca las negociaciones formales entre sus partidos, que previsiblemente empezarán esta misma semana.
Y aún hubo “otra pareja de baile” más. Mientras Moreno iniciaba la operación deshielo con Abascal, a pocos metros Feijóo se ponía al día con José María Aznar, abanderado del discurso más duro contra Sánchez. “Llamó mucho la atención”, admiten asistentes a la cita. También reapareció en el Salón del Trono Mariano Rajoy, en un calculado segundo plano por el juicio de la Kitchen. La consigna de Génova continúa siendo respaldar tanto a uno como a otro.

