La visita del Papa ha servido de bálsamo a la situación política española. Todavía resuenan los ecos de sus palabras en el Congreso en favor de la concordia y en contra de la polarización: “la firmeza no exige desprecio”, dijo León XIV; “la discrepancia no conlleva humillación”. Sólo Podemos y el BNG rechazaron acudir a esa sesión solemne porque España, aseguraron, es un estado aconfesional. Olvidan quizá los representantes de ambas formaciones que el Papa visitaba el parlamento español en calidad de jefe de estado del Vaticano. Hay que ver lo exquisitos que se ponen algunos con el Santo Padre, una actitud que dista mucho del entusiasmo con el que algunas formaciones recibían en su día a Xi Jinping o a Gustavo Petro.
Y como hay gente que siempre tiene que buscar su minuto de gloria, la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, le pidió al Papa en inglés (sí, han leído bien, en inglés) que en su visita a Cataluña hable en catalán, como una muestra “de amor y respeto”. Su compañero en el Senado, Eduard Pujol, optó por el italiano. Y se quedaron tan campantes,
Esta calma papal, va a ser, eso sí, algo transitorio, y, en el momento menos pensado, volverá a emerger la podredumbre que rodea la vida política y judicial española. De hecho, ayer mismo el juez Pedraz nos devolvió a la realidad citando como investigada a Leticia de la Hoz, abogada de Koldo García, por un intento de soborno a la empresaria Carmen Pano. Además, el magistrado ha citado como testigo a la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, y ha pedido a la Fiscalía General que dé cuenta de todas las posibles reuniones que Leire Díez u otros de sus socios de la trama, pudieron tener en la sede central de la Fiscalía. De momento, seguimos sin saber, además, si el P.S. de la agenda de Leire Díez era Pedro Sánchez. El presidente ha negado cualquier relación con la trama y, puestos a transmitir tranquilidad ante la sociedad española, el pasado sábado cogió un helicóptero, voló hasta el aeropuerto, y se fue en el avión oficial a Barcelona a disfrutar del Primavera Sound. Hay que ser desahogado para irse de conciertos a cargo del erario público con la que está cayendo.
Hoy quedará visto también para sentencia el juicio contra David Sánchez; el PP ha pedido la imputación de las hijas de ZP, y, según ha apuntado el Supremo, la sentencia del caso mascarillas se conocerá de manera inminente.
Parece que los partidos han firmado una tregua durante esta semana, pero debajo de ese mar en calma, se adivina que, más pronto que tarde, la tormenta continuará porque la Justicia sigue sus tiempos, y es inexorable. Y, si no, que se lo digan a todos los dirigentes del PP que han tardado en ser juzgados pero que han acabado condenados.
Y, mientras tanto, los españoles seguirán anestesiados, bien porque no se creen la corrupción de los suyos, bien porque están hastiados de esta clase política que parece que nunca está a la altura de las circunstancias. Con el “todos son iguales” o “lo que viene va a ser peor” lo arreglaremos.

