Ilusión, esperanza y expectativas genera la visita del Papa León XIV al Parlamento español. Es la primera vez en la historia que un Pontífice se dirige a los representantes políticos y lo hará en el Congreso de los Diputados.
En este contexto, Artículo14 habla con cinco diputadas y una senadora, en un acontecimiento que activa reacciones muy distintas —la fe personal, la responsabilidad institucional, el cálculo político— pero todas coinciden en una cosa: el entusiasmo por un acto que no se había visto nunca.
“Es un hito histórico”, resume Maribel García (PSOE), diputada por Badajoz, que recuerda haber visto de niña a Juan Pablo II pasar en el Papamóvil por la televisión, allá por 1982. “Lo que menos me esperaba era poder participar en la primera visita de León XIV al Congreso.” Patricia Rodríguez (PP), diputada por Ávila, va más allá en el componente personal: ella tenía cinco años cuando aquel mismo Juan Pablo II pasó por la avenida de Madrid de su ciudad con motivo del cuarto centenario de la muerte de Santa Teresa, y ahora le toca vivir desde un escaño algo que, dice, “quedará para la historia de nuestro país y para la nuestra propia.”
Privilegio y responsabilidad
La conciencia del “privilegio” aparece en casi todas las diputadas. Rocío Aguirre (Vox), diputada por Madrid, lo dice sin rodeos: “Él va a venir a vernos a nosotros, no tenemos que ir a verle a él. No entiendo muy bien por qué tenemos este privilegio, pero el caso es que lo tenemos.”
La senadora María Patricio (PP), enmarca ese privilegio en términos de responsabilidad colectiva. Para ella, los parlamentarios no son simples espectadores del discurso pontificio: “Somos personas que luego tenemos que tomar decisiones que afectan a millones de personas, y eso lo cambia todo.” García comparte esa doble visión -la mirada amplia del cargo y el vínculo con la ciudadanía de a pie- y la describe como una tensión permanente que, dice, “a veces no es fácil, pero es lo que intento mantener.”
Verónica Barbero, portavoz de Sumar, acudirá al Congreso el día de la intervención como hace “con otros jefes de Estado”, sin preparación especial. Una actitud que no implica indiferencia hacia el mensaje, sino una determinada manera de entender la separación entre la figura religiosa y la institucional. Inés Granollers (ERC), diputada por Lleida, asegura prepararse para la visita “con un cierto interés”, más allá de lo que el Papa pueda representar en el plano religioso.
El discurso esperado
Aquí es donde las cinco voces se distancian con más claridad. García espera que el Papa esté “en sintonía con las políticas del gobierno de España“, especialmente en materia migratoria, y señala la prevista visita del Pontífice a las Islas Canarias como prueba de esa sensibilidad compartida. Para la diputada extremeña, el mensaje papal debería contribuir a desmontar “esa prioridad nacional llena de bulos” que, a su juicio, presenta a las personas migrantes como una amenaza.
Desde el otro lado, Aguirre no oculta su inquietud: espera que el discurso de León XIV “no se utilice para blanquear a este gobierno”, una preocupación que repite dos veces durante la conversación y que resume el recelo con el que parte de la oposición observa el calendario judicial a la visita.
Barbero tiene su propia lista de asuntos pendientes. No solo quiere que el Pontífice toque asuntos de política internacional, como las guerras lideradas por “Trump, Putin y Netanyahu”, también espera que el Papa se refiera a la crisis de la vivienda y a la especulación inmobiliaria, pero sobre todo reclama “un reconocimiento explícito y una petición de perdón a las víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia”, así como a las mujeres que fueron sometidas a trabajos forzados por órdenes religiosas durante el franquismo. Y pide que la Iglesia colabore con las investigaciones abiertas y repare el daño causado. Es el testimonio más exigente del grupo.
Para Granollers, León XIV es ante todo un jefe de Estado con el que su formación comparte posiciones en asuntos concretos: “Nos encontramos alineados con él en cómo puede ser la paz, cómo puede ser la guerra y la defensa de los derechos humanos”, por lo que espera un discurso bajo esa misma línea. También espera que ayude a “reflexionar” a algunos políticos que tienen unas posiciones más “trampistas”. Pero sobretodo la paz.
Posición ante León XIV
El perfil del nuevo Pontífice genera reacciones diversas. Aguirre admite que “lleva poco tiempo y tampoco le conozco mucho”, aunque valora su relevancia como líder de la Iglesia Católica. García reconoce que al principio le pareció “muy callado”, antes de apreciar en él un discurso firme en la lucha contra la injusticia. Barbero lo ve como continuador del legado social de Francisco en algunos aspectos, pero le genera dudas sobre cuestiones más aperturistas, como la participación de mujeres y personas LGTBIQ, temiendo que “tenga la tentación de replegarse para evitar conflictos con los sectores más reaccionarios”.
El perfil más entusiasta lo traza la senadora María Patricio, que describe a León XIV como alguien que “transmite cercanía”, con años de voluntariado a sus espaldas, “inteligente, comedido, nada impostado.” Y cita su primera encíclica, Magnífica humanidad, como carta de presentación de un Papa “con los pies en la tierra y mirada en el futuro”.
Patricia Rodríguez (PP) añade un dato poco conocido: en 2024, antes de ser elegido, el entonces cardenal visitó Ávila en peregrinación a la casa natal de Santa Teresa. Los carmelitas que le acogieron lo describieron como un hombre “tremendamente cercano” con gran admiración por la mística abulense. “Eso me da esperanza de que algún día quiera volver a visitar nuestra ciudad”, confiesa la diputada.
Por su parte, Granollers destaca sobre todo la “valentía” del Papa por haberse posicionado sobre Palestina y pide a los medios que pongan el foco en ese mensaje.
La pregunta que León XIV lanza al mundo
El Papa ha hecho de la inteligencia artificial uno de los ejes de su pontificado, y la pregunta que plantea -cómo seguir siendo humano en un mundo marcado por la IA– recorre como un hilo las conversaciones con las parlamentarias.
Rocío Aguirre responde desde la confianza: “No sé cómo se puede dejar de ser humano. Es una evolución que no se puede parar, y vamos a seguir siendo humanos.” Rodríguez es más cautelosa: la IA no puede sustituir “el espíritu crítico constructivo” ni “el acompañamiento, la escucha y las relaciones humanas, que son insustituibles.”
Maribel García ve en la encíclica papal un acierto político y legislativo. Advierte de que la IA ya refleja “sesgos racistas, machistas, xenófobos” y defiende la necesidad de formarla “desde valores humanistas”, al tiempo que celebra la creación de un grupo de 15 países voluntarios digitales miembros de la Unión Europea -entre ellos España- para legislar la inteligencia artificial con esa perspectiva.
Verónica Barbero apunta directamente al poder: la IA debe ponerse “al servicio de la humanidad y no de los intereses de los magnates tecnológicos”, que a su juicio amenazan la democracia y los derechos laborales. María Patricio cierra el círculo con una reflexión sobre la responsabilidad de los legisladores: garantizar que la tecnología sirva a la gente y no al revés, “que no deje a nadie atrás, que ponga al ser humano en el centro de las decisiones.” La dignidad, concluye, “es intrínseca del ser humano y ningún algoritmo nos va a poder quitar eso jamás.”
Más allá de sus partidos, sus lecturas y sus expectativas, parecen compartir una visión similar en este punto con el máximo representante de la Iglesia Católica que el lunes tomará la palabra en el hemiciclo.





