Opinión

Unas terfas de cuidado: Camila y Rowling

La escritora del Reino Unido J.K Rowling posa a su llegada al estreno de la película "Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald " en Londres en noviembre del 2018.
La escritora del Reino Unido J.K Rowling posa a su llegada al estreno de la película "Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald " en Londres en noviembre del 2018.
EFE/ Neil Hall
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En un mundo donde la verdad biológica se convierte en herejía, J.K. Rowling no se amilana. La creadora de Harry Potter ha defendido, con claridad y sin ambages, una realidad innegable: existen dos sexos. El femenino, definido por la producción de óvulos, y el masculino, por la de espermatozoides. Esta afirmación, respaldada por la biología y la genética, no es una opinión. Es ciencia (por no hablar del sentido común). Sin embargo, para ciertos colectivos activistas y los medios que les bailan el agua, equivale a transfobia.

Recientemente, la Reina Camilla recibió a Rowling en el Palacio de Holyroodhouse en Edimburgo. El encuentro, motivado por la pasión compartida por los libros y la lectura infantil, desató una oleada de críticas. Algunos titulares no dudaron en extender la etiqueta de “tránsfoba” a la propia monarca o en calificar el encuentro como una provocación en pleno mes del Orgullo. Este lenguaje revela un problema profundo: ¿puede un periódico responsable convertir un insulto cargado de moral sectaria en un hecho objetivo en sus titulares? La respuesta sensata debería ser que no. El periodismo debería aspirar a informar, no a condenar. Anteponer “la tránsfoba” al nombre de Rowling no describe: estigmatiza. Reduce una trayectoria literaria y una defensa coherente de los derechos de las mujeres, en cuanto a espacios seguros, deportes o privacidad, a un epíteto. Esta práctica deshumaniza, genera priming cognitivo y sustituye el debate de ideas por juicios morales. Rowling no ha atacado a personas con desajustes de género; ha cuestionado la erosión de la categoría “mujer” como realidad sexual. Distinguir la orientación sexual (variable) del sexo biológico (binario en humanos) no es extremismo, sino precisión. 

¿La ola woke está disminuyendo o aumentando? El caso reciente de Larry Sanger, cofundador de Wikipedia, ilustra el mismo patrón. Su oposición al secuestro ideológico de una enciclopedia que, según él, ha abandonado la neutralidad en temas de género, política y cultura le ha costado una cancelación indefinida. Lo que comenzó como un proyecto abierto al conocimiento se ha convertido, para críticos como Sanger, en un instrumento de propaganda donde ciertas verdades son editadas o silenciadas. Y es que Occidente vive un momento de delirio colectivo. Instituciones, medios y corporaciones han abrazado una ideología que prioriza la identidad “sentida” sobre la realidad material. Esto tiene consecuencias muy concretas: mujeres perdiendo en categorías deportivas que permiten competidores masculinos, menores medicalizados con bloqueadores hormonales de difícil reversibilidad, prisiones mixtas y el borrado lingüístico del sexo (“personas menstruantes”, “cuerpos con vagina”). Rowling, junto a otras voces como Kathleen Stock o Martina Navratilova, ha pagado un alto precio en amenazas, boicots o aislamiento profesional por negarse a participar en esta ficción. 

J.K. Rowling

La reunión con Camilla es, en este contexto, una señal esperanzadora. Representa el respaldo de una institución centenaria a una mujer que, pese al brutal acoso, mantiene su postura. No se trata de intolerancia, sino de cordura: las mujeres son hembras humanas adultas. Nada más ni nada menos. Los derechos basados ​​en el sexo existen por razones biológicas y de vulnerabilidad histórica, no por sentimiento. Recuperar la razón no implica negar los desajustes de género, sobre todo en la adolescencia, ni la compasión hacia quienes la sufren. Significa rechazar que una minoría imponga redefiniciones que perjudican a la mayoría, especialmente a las mujeres y a los niños. La ciencia, el lenguaje y el sentido común coinciden: el sexo es binario e inmutable. Negarlo no es progreso; es regresión a la fe dogmática. Ojalá este gesto real impulse un debate honesto. La sociedad occidental necesita urgentemente distinguir entre el respeto a las personas y la sumisión a una ideología que borra las fronteras biológicas. Rowling no es una villana; es una de las pocas voces con suficiente coraje como para decir que 2+2 siguen siendo 4. Occidente saldrá del delirio cuando más instituciones y ciudadanos estén dispuestos a defender esa aritmética básica de la realidad.

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