Produce escalofríos pensar que el mero hecho de comprar un billete de tren puede significar el final de tu vida. Y es que, a veces, el destino está ahí, esperándote en una recta en la que tú ni pensabas cuando compraste un billete de tren para ir a Madrid o a Huelva y el sistema te asignó un asiento en un determinado vagón, o fuiste tú mismo quien lo eligió. El azar, maldito para unos, ha sido, sin embargo, una bendición para otros: para los que iban en otro vagón, para los que perdieron el tren, o para los que lo cambiaron a última hora cogiendo uno anterior o posterior.
La vida se ha parado en Adamuz para las decenas de víctimas del accidente y también para sus familias, que probablemente ahora mismo no entiendan cómo el resto de la gente puede seguir viviendo su día a día como si nada: hablando del tiempo, de que el Madrid se ha puesto a uno del Barça a pesar de lo mal que lo está haciendo, de que falta leche y habrá que comprar… Y, de momento se respetará su dolor, y se dirá que dejemos trabajar a los técnicos para saber cuál fue la causa de esta catástrofe, pero los partidos políticos no tardarán en echarse en cara en cuanto puedan cualquier cosa que sirva para alimentar la división en nuestro país.

De momento, eso sí, Pedro Sánchez ha suspendido su viaje al foro económico de Davos y las distintas formaciones han cancelado sus agendas como señal de respeto por las víctimas, todas menos una. Vox ha seguido con su actividad porque, según su portavoz, José Antonio Fuster, ellos “no van a dejar de trabajar ni un solo momento, ni un solo día”, como si recordar a los heridos y fallecidos en esta tragedia y a sus familias no importara nada, sabiendo, además, que hay víctimas tan destrozadas que habrá que esperar a las pruebas de ADN para saber sus nombres. Qué triste es la falta de sensibilidad en un caso que, en el fondo, afecta a todo el país, porque es toda España la que está conmocionada. Por el contrario, quienes están dando un ejemplo de civismo y solidaridad son los vecinos de los pueblos cercanos al lugar del siniestro. Ellos sí han estado a la altura de las circunstancias.
De cara al futuro habrá que preguntarse muchas cosas: si la infraestructura estaba en óptimas condiciones, si, en el fondo, no tener Presupuestos afecta a las inversiones en el mantenimiento de las vías… Pero, de momento, toca acompañar a las familias de las víctimas y respetar su dolor, que será infinito. Al escribir estas líneas me acordaba del poema de W.H.Auden que recitaba uno de los personajes de la película Cuatro Bodas y un Funeral y que en sus dos últimos párrafos dice así:
Él era mi norte, mi sur, mi este y oeste,
mi semana de trabajo y mi domingo de descanso
mi mediodía, mi medianoche y mi palabra y mi canto.
Creí que el amor duraría para siempre, me equivoqué.
Ya no quiero a las estrellas, apánguelas todas
empaquen la luna y desmantelen el sol
vacíen el océano y corten los bosques
ya nada puede darme algo bueno.


