Opinión

Pregúntele a Vivas, que a mí me da la risa

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El Gobierno ha empezado el curso como empezó la legislatura; enrocado en la nada más absoluta, resistiendo, con la salvedad de que la agonía ha dotado de más virulencia aún sus exabruptos, que son la única manera que tienen de intentar tapar su incapacidad para legislar y hacer algo mínimamente útil que repercuta en el beneficio de la nación. Andan tratando de sacar a Ceuta del foco por todos los medios, trasladando la prisa que no se dieron este verano para controlar el caos en intentar salir del noqueo y del callejón sin salida en el que se encuentran. Todavía no han dado con un escándalo lo suficientemente potente como para eclipsar lo que se está viviendo en la ciudad autónoma. Y no lo han hecho porque no lo hay ni habrá.

Fían al tiempo y a la oxidación del asunto su vía de escape para un problema que ellos mismos se han encargado de cronificar. Pero esta realidad desbordante que se sigue viviendo cada día en Ceuta, sumada a la desconexión y la inacción que han perpetrado desde el inicio del asalto, hace que se les haya escapado por completo de las manos el relato. Van a tientas, arrastrando los pies, con la verdad a la contra. La semana pasada tuvieron que desclasificar, más bien detonar, unos informes que contradecían todas y cada una de las versiones que vinieron dando desde el principio. Ahora lo que intentan es hacer un control de daños cosmético con la inestimable ayuda de ese coro de voces de la inefable sincronizada, que apura y rebaña los estertores del cadáver.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas

Luchan por meter hasta en la sopa una batalla que en el origen dieron por pérdida: la del nombre. Los vemos repetir ahora hasta la extenuación que lo que tenemos entre manos es una crisis humanitaria. Señalan como racista a todo aquel que recuerda que con la complicidad de la mano floja del ocioso Ejecutivo se ocupó un territorio, multiplicando por dos su población, mientras ellos seguían de vacaciones. Hacen lo propio con los que únicamente retratan lo que hoy en día sigue ocurriendo en Ceuta, mientras se empeñan en exculpar a Marruecos, contradiciendo lo que dicen todas las pruebas, y ponen a prueba la paciencia de la gente con esa habilidad para decir que el cielo es verde y no azul. Solo hay que escuchar a Fernando Grande-Marlaska afirmar que se está alcanzando una “velocidad de crucero” para volver a la normalidad.

Paralelamente buscan culpables de última fila, cabezas de turco que den la apariencia de que se están tomando medidas y haciendo una leve autocrítica, cuando la realidad es que no. Han decidido que el espantapájaros va a ser Diego Rubio, el jefe de Gabinete de Pedro Sánchez. Ahí, en su absurdo delirio, es donde quieren poner el cortafuegos, en un peón sin cariz político, en una ficha sacrificable del ajedrez humano que el zombi de La Moncloa maneja. Los satélites mediáticos se empeñan en darle bombo a esa historieta, escenificando el cabreo de un Sánchez que en realidad sigue a lo suyo; calculando cuándo será menos doloroso su final.

MADRID, 26/06/2026.- El director del gabinete de la Presidencia del Gobierno, Diego Rubio Rodríguez, presenta a la Comisión Mixta de Seguridad Nacional el informe anual de seguridad nacional correspondiente a 2025. EFE/Kiko Huesca
El director del gabinete de la Presidencia del Gobierno, Diego Rubio Rodríguez. EFE/Kiko Huesca

Desde que volvió de La Mareta solamente se conocen dos directrices claras en su huida hacia adelante para alcanzar un fin: tratar de debilitar al Estado lo máximo posible para levantar polvo. Desde que se inició septiembre el Gobierno en bloque, y todos sus palmeros adyacentes, se han dedicado al continuo desprestigio de los servicios de inteligencia y a la furibunda crítica a los jueces del Supremo, a los que ya cuestionan con la tranquilidad y el desparpajo que da la rutina. Ver a los dos Óscar, Puente y López, rutilantes referentes intelectuales de esta ciénaga postrera en la que se ha convertido el sanchismo, lanzar veneno contra las togas nos deja claro que aquello que empezó con el presidente del Gobierno hace un año poniendo en la diana a los representantes de la Justicia en su entrevista con Pepa Bueno formaba parte de una estrategia que ahora se ha intensificado ante la previsión del derrumbe total. Escuchar cómo se refieren a personas que se han tenido que sacar una oposición y que entregan su vida al rigor y a la profesionalidad de su hábito, calificándolos como “lobos solitarios”, término que siempre se ha acuñado a los terroristas, da la medida de hasta dónde han perdido los papeles.

Al principio de todo este enjambre ceutí fueron a por el Rey, y luego lo intentaron con Vivas. No les funcionó. Ahora, con energía renovadas, vuelven a la carga contra el presidente de la Comunidad Autónoma, buscando un resbalón para que las huestes propagandísticas lo puedan quemar en la hoguera de la culpabilidad que ahora mismo les abrasa a ellos. Quieren hacerle un Mazón, pero el problema con el que topan es que Vivas no es Mazón, es un hombre listo y honesto que sabe cómo se las gastan. Vivas estuvo desde el primer día donde tenía que estar, a diferencia de todo el Consejo de Ministros, que andaba a por uvas. Si aquí hay un Ventorro, lo habitaron socialistas. Por eso insisten en tacharlo de populista, una nueva gansada producida por la desesperación.

Ayer, mientras salía del hemiciclo, el número Uno, en su habitual postura de andar fuera de su órbita, fue preguntado por María Llapart acerca de qué se iba a hacer con los mil menores de edad que aún deambulan por Ceuta. Respondió: “Pregúntele a Vivas”, quedándose en el aire un ‘que a mí me da la risa’. Quiere mandar la pelota a otros tejados sin darse cuenta de que la lleva cosida a su sombra, esa larga sombra de ignominia y pecados. Esta vez no le va a salir bien, ya no hay más conejos en la chistera, ya no tiene capacidad de encasquetarle a nadie sus clamorosos errores. La respuesta es una nueva versión del «si quieren ayuda que la pidan». Sánchez busca desentenderse de Ceuta, pero no repara que sí lo hace se está desentendiendo de su tumba. No hace falta que se pase por el plató de Cristina Pardo para que salten a la vista todas sus vergüenzas. Está a un intermedio de su final.

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