A mi amigo Francisco Martínez- Pin.
La comparecencia de Pedro Sánchez de este miércoles en el Congreso de los Diputados, en un pleno monográfico sobre los casos de corrupción que afectan al sanchismo, cierra un mes terrible para el Ulises de la Mareta. Un mes que le ha permitido a nuestro presidente parafrasear uno de los versos mas sublimes de la poesía del siglo XX: “Abril es el mes más cruel”, escribió T.S. Eliot en el celebérrimo comienzo de La Tierra Baldía. No, el gran poeta británico- estadounidense estaba equivocado; el inquilino de la Moncloa ha demostrado que “junio es el mes más cruel”.
El presidente subió a la tribuna descorbatado (ya venía con la soga al cuello anudada de casa) y muchos esperaban su derrumbe y claudicación, pero nada mas lejos de la realidad. Hubo dos Sánchez: el del discurso y el de la réplica. En su primera intervención se expresó con la humildad franciscana de un buen samaritano, en la segunda con la fiereza del Cura Merino. Una vez más demostró sus dotes de insigne camaleón y de gran lector.
El Ulises de la Mareta se inspiró, nada menos, que en la Comedia de Dante para explicar todos los casos que le afectan. El político socialista dividió los casos en tres grupos, con la misma metodología que el genio florentino clasificó las almas: infierno, purgatorio y paraíso. Y así, Ábalos y Koldo (ya condenados) estarían en el infierno; el presidente Zapatero, el Dalai Lama del sanchismo, en el purgatorio, porque solo se le está investigando y su mujer y hermano en el paraíso, porque todo son “acusaciones infundadas”. Sánchez le pidió a la justicia “que sea justa” y dio por hecho que queda mucha legislatura hasta las elecciones y a él le queda mucha vida política. “¿Cómo no vamos a continuar?”.
“No dimite porque no tiene dignidad”
Feijóo, el Kennedy de Os Peares, estuvo bien, demostrando una vez más que se le da mucho mejor la tribuna que hablar desde el escaño. Y demostrando a todo el mundo que es la única alternativa a Pedro Sánchez. El discurso alternó momentos de gran altura: “La decencia es una concepción moral del poder, o se tiene o no se tiene”, con chascarrillos fáciles, dignos de cualquier portavoz de Vox o de Jaime de los Santos: “De la sauna a la cloaca hay un camino bastante coherente”. Fue incisivo en la réplica “usted no dimite porque no tiene dignidad” y concluyó poniendo en pie a la bancada popular “tiene mi palabra de que le daremos a España un gobierno digno”. La cara de Figaredo Furioso, el ruiseñor de las Cortes, sentado al lado de los escaños populares, era un poema ante tanto aplauso y tanta dignidad.
El diputado de Vox tiene motivos para la preocupación porque la intervención de Abascal, el cowboy de Amurrio, fue muy floja y decepcionante. Sánchez, el Ulises de la Mareta, al que no se le escapa una, se lo señaló en la réplica “se le ha hecho larga la intervención”. La pérdida de fuerza del político alavés seguro que será estudiada pronto por su paisano Iker Jiménez en su Cuarto Milenio.
Este humilde cronista se atreve a aventurar alguna posible causa: de la profunda tristeza y melancolía que le causó la derrota de Orban en las orillas del Danubio, a los estragos y la extenuación causada por el intensísimo ritmo de lectura y estudio que le han impuesto los que mandan en Vox: Steve Bannon-Monasterio y la cadena FOXita de los Ariza. Hay otra explicación más profunda y sutil: entre las palabras de León XIV y los goles de Lamine Yamal, el Maradona de Rocafonda, Abascal ha comprendido que estos son Malos tiempos para la lírica.
El primer jacobino indepe
Pero la mañana, además de Sánchez y Feijóo, tuvo otro protagonista, otra estrella: Robespierre Rufián, el primer jacobino indepe. Este miércoles fue la puesta de largo de su sueño de convertirse en el nuevo Julio Anguita de las Españas. Tremendo contraste entre su discurso y el de Míriam Nogueras, la Ferrusola del Maresme. La una todo en catalán (la maravillosa lengua del gran Josep Pla), el otro todo en castellano. La una hablando de Cataluña, el otro de España. La una atacando al partido del inolvidable president Tarradellas, el otro contraatacando al partido del olvidado president Napoleón Puigdemont. Lo que quedó meridianamente claro, en esta intensa sesión parlamentaria, es que el de Santa Coloma quiere tener un papel protagonista en las próximas elecciones y en el próximo parlamento.
Junio está siendo un mes muy caluroso y cruel. Pero también está siendo muy esclarecedor del futuro que nos espera a los españoles y a España. Sánchez intentará completar los cuatro años de legislatura y Feijóo intentará ganarle las próximas elecciones. No hay más: Dos hombres y un destino. El resto, como diría el inmenso Bardo de Avon, es silencio.
Hay partido
Este curso político (que hoy celebró su última sesión de control) está siendo muy fructífero para el político orensano. Ha mejorado en el Congreso; es el único que puede vencer a Sánchez y controla, al fin, el partido (se nota ya el trabajo de Tellado el Travieso) y encima, si la victoria se volviese a escapar, sería su propio sucesor. Que nadie lo dude. Fallecidos varios delfines del PP en las recientes autonómicas, si Sánchez se mantuviese en la Moncloa tras las próximas elecciones, Feijóo se mantendría en Génova. Se ha ganado el derecho a una tercera oportunidad, de la que gozaron los presidentes Aznar y Rajoy, a pesar de no tener ni a Vox ni a Sánchez enfrente. Por cierto, me ha hecho siempre mucha gracia que casi nadie en la prensa madrileña incluyese en esa insigne lista de delfines a Alfonso Rueda, el otro Pío Cabanillas del Lérez.
El Ulises de la Mareta mientras tanto luchará con todas sus fuerzas para seguir gobernando. Lo diré con una expresión futbolística ahora que estamos empezando a caer todos en las garras del Mundial: hay partido. El presidente lo sabe y sabe además cómo tiene que arengar a su tropa y movilizar a su electorado. Sánchez (ante los augurios negativos de Calcante Michavila y demás pitonisos) toma prestadas las palabras de Eneas a su gente, entre las ruinas de una Troya devastada: “La única salvación de los vencidos/ es no esperar ninguna salvación”.

