Cuando se cumplen ocho años de que saliera adelante la primera moción de censura de la historia, que echó del poder a Mariano Rajoy tras la sentencia al PP por el caso Gürtel, las incógnitas sobre si este mismo mecanismo puede hacer caer al Ejecutivo de Pedro Sánchez aumentan tras los últimos casos de corrupción que le rodean.
Las dudas sobre el momento actual pasan por si Alberto Núñez Feijóo presentará esa moción de censura o no. En público y en privado repite que no le faltan las ganas, sino los votos. La presión está instalada ya en Génova. Ocho años antes, según recuerdan para Artículo14 algunos de los protagonistas o testigos directos, Sánchez se presentó “sin votos y sin dar por ganada la partida”, según coinciden la mayoría.

Todo empieza nueve días antes. El 23 de mayo de 2018, el PP lograba los votos del PNV para aprobar los Presupuestos Generales del Estado y celebraba que iba a poder acabar la legislatura. “Los famosos presupuestos”, recuerda Sergio Ramos, exayudante personal del expresidente. “Unos presupuestos que Rajoy sabía que iban a durar muchos años -como así fue- porque había costado mucho aprobarlos”.
Nada más lejos de la realidad. El 24 de mayo llega la sentencia del caso Gürtel. Esto lo cambió todo. Un día después, el PSOE presenta una moción de censura y advierte de que aceptará los votos de todos los partidos, pero no los negociará. “La presión era muy alta y al PSOE no le quedó más remedio que presentarla”, aporta Pablo Echenique, exdiputado de Podemos. Ciudadanos no quiso apoyar una moción si no era instrumental y reclama elecciones. El PP descarta que Rajoy dimita y la moción se activa.

Coalición Canaria dice que votará en contra. La incógnita está en el PNV y el PDeCAT. Y así se llega a la moción. “Con incertidumbre hasta el final, no se da por ganada hasta el final”, asegura la entonces diputada por Podemos, Tania Sánchez. “Empieza a oírse en nuestra bancada, que Rajoy no vuelve, que nos va a votar el PNV, va a salir”, recuerda la diputada del PSOE Zaida Cantera. “Sánchez no negoció la moción. Le votaron a pesar de que él no quería que saliera adelante. Incluso cuando sube a la tribuna le ofrece a Rajoy que dimita. Acabó siendo presidente un poco obligado por los acontecimientos, porque se da cuenta de que la situación es insostenible y tiene ya a Podemos en la nuca, al punto del sorpasso”, recuerda Pablo Echenique. “El discurso de Sánchez era el de apelar a Rajoy que convocara elecciones, no asumía la posición de ganarla”, recuerda la entonces vicepresidenta tercera del Congreso, Glora Elizo, de Podemos.
El PP intenta negociar con PDeCat
¿Y en el PP? La entonces ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, confiesa que vivió ese capítulo “con una enorme tristeza y frustración”. “Nos parecía profundamente injusto”. En su departamento había muchísimo “optimismo” tras haber aprobado las cuentas públicas. “Nos permitían seguir liderando una de las políticas sanitarias y farmacéuticas más avanzadas del continente. Había proyectos fundamentales para miles de personas que quedaron paralizados de la noche a la mañana”, lamenta. “Lo más doloroso fue comprobar cómo los intereses políticos se impusieron al bienestar de los españoles más vulnerables”.
El lunes 28, Fernando Maíllo, entonces coordinador general, manda un mensaje a los suyos para calmar los ánimos. “Nos dice que no nos preocupemos”, asegura Roberto Bermúdez de Castro, entonces secretario de Estado de Administraciones Públicas. Sin embargo, él ya había recibido imputs negativos días antes. “Me llama un diputado que me dice que vaya haciendo las maletas”. Soraya Sáenz de Santamaría le encarga una misión clave. Amarrar los votos del PDeCAT. ¿Por qué él? Tenía relación con los catalanes, había aplicado el artículo 155 en Cataluña. “Llama a Marta Pascal y ofrece lo que sea”, le pide. Una orden reforzada por el propio Mariano Rajoy. “Ella me dice que le ha llamado Sánchez e Iglesias. Y que con quien tenía que hablar era con Rajoy”. “Te aprecio mucho, pero esperaba que se pusiera en contacto conmigo alguien de primera línea, por respeto”, le dice. Ella se compromete a ir a Moncloa si Rajoy llama. Llamada que no se produce.

La negociación con el PNV la lleva directamente Mariano Rajoy, según recuerdan exministros del momento. Es el viernes a la hora de comer cuando el presidente está con los suyos en el restaurante Arahy, y es el momento en el que se da cuenta de que “el Gobierno está perdido”. Recibe la confirmación por parte de Andoni Ortuzar, el presidente del PNV. Sus cinco diputados sumarán cuatro más de los necesarios (176) para que la moción de censura prospere. Días antes, ambos habían mantenido conversaciones en los que el PNV le había hecho ver la alternativa: un cambio de candidato. Rajoy no lo veía. Era tarde. No contaba con el apoyo de Ciudadanos, con el que las relaciones no eran buenas como se veía cada semana en las votaciones en el Congreso.
Precisamente, en esa comida, se habla de esa posibilidad, de parar la moción de censura con un candidato alternativo. Rajoy le traslada a los suyos que si alguien le puede garantizar que un candidato del PP puede ir ante el Rey a consultas garantizándole los votos para ir a una investidura. Que sí eso era así, él dimitía, según recuerda Ramos. “Nadie supo contestar a eso porque Sánchez ya tenía los votos para la moción y, por tanto, para una investidura”. “La dignidad de un presidente honrado, inocente de todo, dimitir por algo que no has hecho”, rememora.
“La traición del PNV”
¿Se podría haber hecho algo más para conseguir el apoyo del PNV? “A toro pasado siempre podemos pensar muchas cosas que podrían haber pasado y finalmente no”. “A quien habría que preguntar por ese cambio tan repentino de posición es a ellos”, zanja la exministra de Sanidad.
Veteranos diputados del PP que prefieren el anonimato recuerdan hoy en día la “traición del PNV”. “Primero la incredulidad, después la tristeza”, se explican sobre el proceso de duelo. “Frustración, amargura, la corrupción se lo llevaba todo por delante, era frustrante”, recuerda un exministro. Montserrat corrobora esas senaciones. “Éramos un gobierno sólido y con proyección. Un gobierno que acababa de demostrar su estabilidad aprobando unos presupuestos generales del Estado. “Nadie contemplaba aquella situación días antes”, se sincera. Sin embargo, Rajoy, mostraba templanza. “En los momentos difíciles sabe mantener la calma, no lo finge. Nos dice a todos ‘estas cosas pasan en la vida y no pasa absolutamente nada'”, tal y como rememora Sergio Ramos. De hecho, tras la salida del restaurante, el día antes de que triunfe la moción, en Moncloa esperaban a Rajoy, su mujer y su hijo. “Vi a un hombre entero y con un sentido de estado impresionante”, asegura.

En las bancadas de izquierda, la sensación fue totalmente distinta. “Victoria”, clama Echenique. “Éramos conscientes de que al hacer presidente a Sánchez le dábamos una plataforma política de primer nivel. Fue leído como una responsabilidad histórica por parte de la dirección de Podemos, que iba a permitir Sánchez recuperarse frente a Podemos, pero era la única manera de configurar una nueva gobernabilidad en España”, en referencia al poder que después tendrían, además de Podemos, los nacionalistas e independentistas.
“El PP estaba muy perdido, recuerdo en sus miradas que no se lo creían, pensaban que iban a encontrar una salida a la moción. Me recordó al tamayazo”, aporta Tania Sánchez. “La moción reconfigura la política del momento. Apoyar al PSOE para nosotros era un cambio importante de ciclo, con consecuencias electorales”, insiste Elizo.

La clave fue el PNV, como ahora, para que prosperase una moción de censura. En la izquierda no lo ven. Sobre todo porque niegan que el momento sea el mismo. “Había una sentencia contra el PP. No tiene nada que ver con lo que está saliendo en el PSOE”, asegura Zaida Cantera. “Ni es el mismo momento cuantitativamente ni cualitativamente. No se habla de lo mismo”, afirma Elizo. “La sociedad lee estos casos como una persecución a Sánchez, no tiene que ver”. “Las mociones no se cuentan, se presentan”, dice Sánchez.
¿Una moción contra Sánchez?
Desde el PP, Dolors Montserrat avisa de que la situación no tiene “absolutamente nada que ver”. “Lo que estamos viviendo hoy representa, sin duda, la página más negra de la historia democrática de España”. “No estamos ante casos particulares. Lo de hoy es una trama sistemática”. “Fue Sánchez quien presentó aquella moción de censura con una falsa promesa de regeneración. Y la realidad, ocho años después, es bien distinta. Sánchez se ha convertido en el presidente más rodeado de corrupción de la historia de España”, zanja. “Hoy podemos ver a un PNV que no apoya una moción por casos más complicados del actual gobierno y con un exministro en la cárcel”, censura Ramos.
Fuera de la política si se ven paralelismos entre la situación de 2018 del PP y la actual con Sánchez en el foco. Los motivos serían los mismos, en palabras del politólogo Juan Pedro Marfil. “Se invocaba la limpieza del gobierno y el rechazo a la corrupción”, recuerda. No ve viable presentar una moción si no se va a ganar. “Va a reforzar al presidente”. “Esta moción tiene que ser para ganar y demostrar que hay una alternativa viable”. Para el experto, el problema de Feijóo es Vox. “Los socios están dispuestos a cambiar de su visión, pero la ecuación con Vox lo impide”.

