María de la Cabeza Ruiz Solás (55 años) es diputada por Madrid en el Congreso de los Diputados. Llegó a la política de manera casi accidental. Periodista especializada en comunicación empresarial y de automoción, nunca se había planteado dar este salto hasta que “la situación lamentable” en su municipio, Villaviciosa de Odón, la empujó a hacerlo. Corría el año 2015 y se presentó con Vox, que prácticamente acababa de nacer.
En esa primera candidatura de Vox sacaron tres concejales. Volvió a presentarse en 2019, esta vez con cinco ediles. En total, ocho años como concejal de la oposición en Villaviciosa de Odón antes de dar el salto al Congreso de los Diputados en 2019, en “la primera legislatura de Vox“. Desde entonces ha sido diputada en la XIII, la XIV y la XV legislaturas. En el Congreso acumula además varios cargos: es portavoz adjunta de la Junta de Portavoces desde septiembre de 2023, vocal de la Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad y ponente de la proposición de ley orgánica para penalizar las terapias de conversión.

Su formación como periodista, asegura, ha marcado profundamente su manera de ejercer la política. “Los periodistas al final tenemos una visión más amplia porque intentamos argumentar desde distintos puntos de vista”, describe en su charla con Artículo14. También afirma tener una “capacidad de argumentación y análisis”. ¿Y qué echa de menos de su experiencia laboral? “En política, lo jurídico es fundamental y yo también noto esa limitación, las personas que tienen una formación lo tienen mucho más fácil”, confiesa.
La política, reconoce también, no era exactamente lo que imaginaba desde fuera. “Es bastante más complejo porque hay mucho más que puramente el mensaje político”. Y entra en materia sin cortapisas, con honestidad: “Están las personas, están los egos, están las ambiciones”. Lo que más le ha impactado, dice, es la distancia entre la voluntad de cambiar las cosas y la capacidad real de hacerlo. “La administración, la burocracia, la normativa, todo eso limita mucho la capacidad de acciones. Es tal vez lo más decepcionante cuando llegas con la ilusión de cambiar las cosas”, sentencia.
Su día a día en el Congreso
La jornada parlamentaria de Ruiz arranca los martes a las tres de la tarde, y se prolonga con sesiones intensivas los miércoles y los jueves desde las nueve de la mañana. A eso hay que sumarle comisiones, ponencias y, en su caso, la doble función que asume como vicesecretaria de organización nacional. “Tengo un cargo en la dirección y por tanto también lo tengo que compaginar con viajes por todas las provincias y con otro trabajo interno que también es complicado”, arguye.
Dentro del Congreso, la experiencia no es precisamente agradable, según describe. “No es un lugar para hacer amigos en absoluto, y más en la situación en la que estamos ahora”. Su relato sobre el ambiente en la Cámara es rotundo: “Tienes la sensación de que vas en dirección contraria en la carretera, que todos te atacan, te cuestionan y te juzgan”. “Hay muchísimos prejuicios contra nosotros”, lamenta.
Esos prejuicios, enumera, van desde acusaciones de homofobia y machismo hasta las de fascismo. “No somos así pero duele el hecho de que otros te vean de esa manera”, admite. Y se reivindica: “Somos gente normal, de familias normales, con nuestras familias, que hemos salido adelante con nuestro esfuerzo, con nuestro trabajo fuera de aquí.”

“Te hacen sentirte un poco el apestado del Congreso. Pero lo llevamos con orgullo y con entereza”, concluye la diputada.
La situación política actual añade, a su juicio, otra capa de dificultad. “Tenemos un Gobierno metido en un pozo de corrupción y de falta de democracia”, describe. Desde 2019, dice, las cosas han ido “a peor sin duda”, y señala especialmente el uso “abusivo” de los reales decretos y lo que califica de gestión “lamentable” de la presidencia del Congreso, que dirige Francina Armengol.
Conciliación y libertad de elección
Madre de tres hijos ya mayores, Ruiz lleva años compaginando una agenda frenética con la vida familiar. “Si hubiese tenido la oportunidad de entrar en política antes, probablemente no lo hubiese hecho porque los niños eran más pequeños”, se confiesa. Sus hijos, cuenta, le hacen ahora la compra porque a ella no tiene tiempo de ir al supermercado.
Sobre la conciliación en España, su diagnóstico es más práctico. El problema, defiende, es la presión social sobre las mujeres para que sean “perfectas, profesionales, extraordinarias” al tiempo que “madres ejemplares”. “Toda esa presión brutal es la que nos está llevando a estos problemas graves. No queremos renunciar a nada o nos presionan para que no renunciemos a nada”, arguye.
Su propuesta pasa por la libertad de elección sin condicionantes. “¿Por qué una mujer no puede decidir quedarse en su casa cuidando de su familia? ¿Porque una mujer que hace eso es menos que otra mujer que decide dedicarse a su carrera profesional, no casarse y no tener un hijo?”, planeta. Y defiende que las dos opciones son igual de respetables e igual de valiosas. Critica además el modelo de bajas de paternidad compartidas y se revuelve contra las empresas que hacen cálculos a la hora de contratar mujeres.
La última pregunta es un clásico de ‘Conoce a tu diputada’: “¿Para qué debe servir la política? Ruiz lo tiene claro: “Para que los españoles vivan mejor, con mejores servicios públicos, riqueza y seguridad. Es un servicio al ciudadano, es una vocación de servicio”.

