Andalucía va camino de convertirse en el primer territorio, de este ciclo electoral, cuya gobernabilidad no recaería en manos de la extrema derecha. Al menos eso es lo que apuntan la mayoría de sondeos y, también, la percepción que tienen tanto en las filas del PP como en el cuartel general del partido de Santiago Abascal. El candidato popular, Juanma Moreno, mantiene el aliento sabiendo que está cerca de revalidar su tan ansiada mayoría absoluta. “Nada está hecho hasta que cierren las urnas”, repiten los populares. Quieren evitan caer en la dulce trampa de la relajación temprana.
A una semana de las elecciones -y con el marcador tan justo- el sprint final será clave. Así lo tienen interiorizado en el PP andaluz, donde aseguran que todo se decidirá “por un puñado de escaños”. Hablan de 15.000 votos decisivos que pueden acercar a Moreno a la gloria o empujarle a su peor pesadilla: tener que pactar con la extrema derecha. En este punto no son pocas las voces que creen que, antes que entenderse con Abascal, Moreno optaría por una repetición electoral. “Quizá es el único que puede permitírselo”, reflexiona un miembro del Comité Ejecutivo.
Así, en los últimos días, Moreno ha reforzado su discurso sobre la “mayoría suficiente” y ha insistido en su objetivo de “gobernar en solitario” gracias a la “inteligencia de los andaluces”. En su mente no se contempla un pacto con los de Abascal: “Yo creo que no tienen mucho interés de pactar. Vox no demuestra una actitud positiva ni tenemos interés en el acuerdo”, ha asegurado.
En la recta final la directriz es nítida: mantener la tensión. Son conscientes (y así lo repiten por activa y por pasiva) de que los mayores enemigos son la abstención, la desmovilización y que los ciudadanos den la victoria por descontada.
En los próximos días de campaña seguirá muy presente el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. Pasará varias jornadas completas en Andalucía, donde los populares están “peinando” todo el territorio. Las andaluzas no son unas elecciones más para Feijóo. La sensación que reina es que estamos ante una especie de “primera vuelta” de las generales a las que él se enfrentará el año que viene. Que Moreno consiga la absoluta sería demostrar que -después de este ciclo electoral- también pueden gobernar sin Vox. Que se puede gobernar sin tener que pagar los peajes de los pactos con la extrema derecha. Feijóo desea que Moreno sea ese espejo que refleje la imagen que él desea para sí mismo.

VOX asume la mayoría absoluta de Moreno
Los que también asumen que las andaluzas tendrán una lectura nacional son los dirigentes de Vox. En privado, admiten que es muy complicado evitar la mayoría absoluta de Juanma Moreno. Sus sondeos muestran una ligera subida y la cúpula no quiere cometer el viejo error de generar unas altas expectativas que, creen, no van a cumplir: “Nosotros firmamos tener un escaño más”, aseguran, conformes, en el entorno de Abascal. Actualmente, Vox tiene 14 escaños en la comunidad autónoma.
Aún siendo conscientes de que el panorama no es el mejor para ellos, Abascal está dejándose la piel en campaña. Esta semana ha estado en plazas muy importantes: Linares, Motril, Puente Genil, Montilla, Dos Hermanas, Roquetas de Mar, Jerez de la Frontera, Almuñécar y Marbella. Son todas ciudades donde Vox se juega la segunda plaza en las elecciones. El próximo viernes Abascal volverá a cerrar la campaña (al igual que en 2022) en Sevilla, en la Plaza Virgen de los Reyes. Para arropar a su candidato, Manuel Gavira, también asistirán el resto de líderes territoriales como Óscar Fernández, Alejandro Nolasco y Carlos Pollán.
La sensación en Vox es agridulce y preocupa la percepción que el votante puede tener tras los resultados del próximo domingo. “En Extremadura y Aragón duplicamos resultados y, tras Castilla y León y Andalucía, puede expandirse la percepción de un frenazo“, reflexionan en la sede de la calle Bambú. Un frenazo irreal porque Vox continúa subiendo en todos los comicios, pero esa idea podría ir germinando en la mente de los ciudadanos.

Abascal agita el fantasma del fraude electoral
Tras las elecciones andaluzas -y con los gobiernos de coalición autonómicos ya en funcionamiento-, Abascal tiene la vista puesta en las elecciones que de verdad le importan: las generales. De hecho, en las últimas semanas, ya está empezando a deslizar la idea de que Sánchez podría volver a gobernar y comienza a agitar el fantasma del fraude electoral.
En la dirección de Vox creen que, de cara a las generales, el Partido Popular y los medios de comunicación van a intentar restarles un par de puntos en porcentaje de voto y avisan a Feijóo: “Es un profundo error lo que está haciendo el PP en este momento. Está cometiendo los mismos errores del 2023. Dan por hecha la victoria en las próximas elecciones. Y Sánchez no está acabado; está haciendo muchas cosas que pueden alterar el próximo resultado electoral”, ha alertado Abascal.
“Si no sumamos un 48% del voto, gobernará Sánchez”, remarcan en el entorno del líder de Vox. Creen que Sánchez ni siquiera ha empezado su “plan” para este último año de legislatura. “No hay que dar a Sánchez por muerto”, insisten. En la sede nacional de Vox creen que si el PP no está cerca del 33,5% del voto y Vox rozando el 14,5% no llegarán a Moncloa. En este punto, la dirección de la formación piensan que el PP debería situarse en el centro y evitar “escorarse” en algunas posturas. “Hay que repartirse el tablero”, remarcan.
Un centro moderado que encarna a la perfección el recién reincorporado portavoz nacional, Borja Sémper, que llega justo a tiempo para el año decisivo. El miércoles, regresó al Congreso de los Diputados donde, fuera de cámara, fue recibido afectuosamente por el portavoz de Vox, Carlos Hernández Quero, y, minutos después, por el socialista (y también vasco) Patxi López. El patio de la Cámara Baja siendo testigo de que las siglas no importan cuando se trata de la vida real. Todos echábamos de menos a Sémper.
