Salud femenina

Adiós al ovario poliquístico: la medicina corrige un error de más de 90 años

Este viejo síndrome pasa a denominarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino para reflejar el verdadero alcance de un trastorno que sigue infradiagnosticado

Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP)
Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP)
shutterstock

El llamado síndrome de ovario poliquístico, conocido por sus siglas SOP, ha sido presentado históricamente como un problema ginecológico asociado a “quistes” en los ovarios. Pero ni siempre hay quistes ni el verdadero problema está únicamente en los ovarios. Ahora, tras más de 14 años de debate científico internacional y una presión creciente de asociaciones de pacientes, la comunidad médica ha decidido cerrar una etapa. El Congreso Europeo de Endocrinología celebrado esta semana en Praga ha oficializado el cambio de nombre de la enfermedad, que pasará a denominarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP), una nueva definición respaldada además por la revista científica The Lancet.

Un problema masivo e invisibilizado

La decisión busca corregir décadas de confusión médica y social en torno a una patología que afecta a unos 170 millones de mujeres en el mundo y que, en España, podría alcanzar cerca de un millón de mujeres. Aproximadamente lo sufren entre el 6,5 % y el 13 % de las mujeres en edad reproductiva en España, lo que lo convierte en uno de los trastornos hormonales más frecuentes entre adolescentes y mujeres jóvenes.

El verdadero alcance podría ser aún mayor. Los especialistas estiman que hasta un 70 % de las afectadas siguen sin diagnóstico. Muchas pasan años encadenando consultas médicas sin respuestas claras, mientras los síntomas son tratados de forma aislada o directamente minimizados. Las señales más frecuentes incluyen menstruaciones irregulares o ausencia de regla, acné persistente, exceso de vello facial o corporal, caída del cabello, dificultades para quedarse embarazada, aumento de peso y resistencia a la insulina.

Imagen simbólica de la menstruación

“Durante años se ha transmitido la idea de que era un trastorno relacionado exclusivamente con tener hijos o con los ovarios, cuando en realidad es una condición metabólica, hormonal y multisistémica”, explican endocrinólogos implicados en el proceso de cambio de nomenclatura.

La expresión “ovario poliquístico” nació en 1935, cuando los médicos observaron pequeñas estructuras en los ovarios de algunas pacientes y las interpretaron como quistes. Hoy se sabe que aquello era incorrecto. Lo que aparece en muchas ecografías no son quistes reales, sino folículos detenidos en su desarrollo: óvulos que no llegan a madurar ni a liberarse correctamente. De hecho, muchas mujeres diagnosticadas jamás presentan ovarios con aspecto “poliquístico”.

Las consecuencias del error

La profesora Helena Teede, directora del Centro Monash para la Salud y la Investigación en Melbourne y principal impulsora del cambio, piensa que el antiguo nombre desviaba la atención hacia un único órgano y ocultaba la verdadera dimensión de la enfermedad. El resultado fue una atención médica frecuentemente centrada en la fertilidad, mientras quedaban relegados riesgos mucho más amplios como la diabetes tipo 2, la hipertensión, los trastornos cardiovasculares, la ansiedad, la depresión o el cáncer de endometrio.

Aunque en España no existen todavía estadísticas oficiales completas sobre el impacto clínico y psicológico del síndrome, endocrinólogos y asociaciones de pacientes llevan años alertando de problemas similares a los detectados en otros países europeos: diagnósticos tardíos, tratamientos fragmentados y una fuerte carga emocional.

Menstruación dolorosa

Muchas pacientes españolas relatan itinerarios médicos largos y contradictorios. Algunas son derivadas únicamente a ginecología; otras reciben recomendaciones centradas exclusivamente en perder peso o tomar anticonceptivos hormonales sin una explicación integral del trastorno.

El desconocimiento médico ha contribuido al estigma. Mujeres adolescentes que escucharon que probablemente nunca serían madres; pacientes cuyo aumento de peso fue interpretado únicamente como un problema de hábitos; jóvenes que convivieron durante años con acné severo, hirsutismo o ansiedad sin recibir una explicación clara. El cambio de nombre pretende precisamente combatir esa visión reduccionista.

SOMP, un nuevo enfoque médico

El nuevo término, síndrome ovárico metabólico poliendocrino, incluye el componente hormonal o endocrino, el impacto metabólico y la afectación ovárica y reproductiva. La resistencia a la insulina, presente en alrededor del 85 % de las pacientes, se considera hoy una de las claves del trastorno. Esa alteración metabólica favorece el aumento de peso y, al mismo tiempo, incrementa la producción de andrógenos, las llamadas hormonas masculinas, que desencadenan síntomas como acné, exceso de vello o alteraciones menstruales. El profesor Stephen Franks lo resume así: “La resistencia a la insulina aumenta los andrógenos y los andrógenos aumentan la resistencia a la insulina”.

Otra de las grandes reivindicaciones de las pacientes es abandonar la idea de que el tratamiento se limita a anticonceptivos hormonales.
Los especialistas insisten en que el abordaje debe ser multidisciplinar e incluir endocrinología, nutrición, salud mental y actividad física. La alimentación equilibrada, el ejercicio regular y el control metabólico siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir síntomas y prevenir complicaciones futuras, aunque también se emplean tratamientos hormonales y medicamentos dirigidos a mejorar la sensibilidad a la insulina. La investigación farmacológica avanza con nuevos tratamientos metabólicos y medicamentos para el control del peso que podrían transformar el manejo de la enfermedad en los próximos años.

Una victoria impulsada por las pacientes

El cambio de nomenclatura no nació únicamente en laboratorios o congresos médicos. Fue impulsado, sobre todo, por las propias afectadas.
Durante más de una década, asociaciones de pacientes y grupos científicos de seis continentes trabajaron conjuntamente en un proceso que involucró a 56 sociedades médicas y organizaciones internacionales. Las pacientes reclamaban que el nombre dejara de invisibilizar lo que realmente les ocurría. Muchas consideraban que el término SOP había contribuido a banalizar la enfermedad y a perpetuar prejuicios sociales ligados al peso, la fertilidad o la feminidad.

El nuevo nombre se implementará progresivamente y quedará plenamente incorporado en las guías clínicas internacionales previstas para 2028. Para millones de mujeres es el reconocimiento oficial de que durante demasiado tiempo la medicina miró esta enfermedad de forma incompleta. Y, sobre todo, de que la salud femenina empieza, lentamente, a ocupar el lugar que merece.

 

TAGS DE ESTA NOTICIA