“La varicela es solo el último problema sanitario que ha aparecido en Ceuta. El primer caso se localizó en el asentamiento del Trampolín y este lunes había cinco afectados. Un día después, el balance elevaba a nueve las personas aisladas en la ampliación de Urgencias del Hospital Universitario”. La situación que nos describe Elisabeth Muñoz, secretaría general de SATSE en Ceuta y representante de CEMSATSE en la junta de personal del INGESA, no se agota ahí: “El brote de varicela se suma a los casos de gastroenteritis, sífilis, tuberculosis y sarna detectados desde el comienzo de la invasión. En unos días habrá un aumento de trastornos gastrointestinales porque cada vez es mayor el número de inmigrantes que cocinan en la calle y consumen productos y salsas que están a la intemperie. No hay cámaras de periodistas suficientes para captar lo que estamos viviendo los ceutíes”.
Julián Domínguez, jefe de Medicina Preventiva, confirmaba el martes a mediodía los nueve casos de varicela y advertía de que todavía era pronto para dar el brote por controlado. Ninguno de los afectados estaba vacunado. Tampoco presentan, según el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, criterios clínicos que por sí mismos obliguen a hospitalizarlos. Permanecen en el hospital porque los dispositivos en los que se aloja parte de la población migrante no disponen de condiciones adecuadas para mantenerlos aislados. Sanidad está rastreando contactos y aplica vacunación en anillo alrededor de los casos.

“El problema sanitario no es únicamente la gravedad de las enfermedades diagnosticadas. También la dificultad de hacer prevención, seguimiento y aislamiento entre personas que están viviendo desde hace un mes y medio en asentamientos improvisados o en condiciones de hacinamiento”, indica Muñoz. El balance da una idea del volumen de trabajo. Entre las nueve de la mañana del lunes y la misma hora del martes, INGESA contabilizó 375 asistencias a población migrante: 237 en Atención Primaria y 138 en Atención Especializada. En la misma jornada fueron vacunadas 420 personas y se administraron 1.680 dosis.
El pretexto de las camas vacías
El Hospital Universitario dispone de 212 camas. 112 estaban ocupadas y 100 permanecían libres. No había pacientes migrantes en la UCI. Es el argumento que aprovecha el Ministerio de Sanidad para dejar el Plan de Catástrofes Externas del Hospital en Nivel 1 desde el 31 de julio, el grado que corresponde a una situación que el centro puede atender con sus propios recursos. INGESA asegura que las consultas, operaciones y urgencias de la población de Ceuta continúan funcionando y rechaza que pueda hablarse de un hospital colapsado. No coincide con los testimonios que recoge Muñoz de los profesionales. “La acumulación de asistencias es imparable”. Durante el primer mes del dispositivo, del 31 de julio al 31 de agosto, la sanidad ceutí realizó 10.725 atenciones a migrantes, una media de 335 diarias. El 60% se resolvieron en Atención Primaria y el 40% en las Urgencias del hospital. Algunas jornadas han superado las mil asistencias.
La situación llevó a reforzar la vigilancia de salud pública y a acelerar la inmunización de una población de la que en numerosos casos se desconocía el historial vacunal. El riesgo de contagio al margen de la población migrante es un hecho. Defensa confirmó en agosto 24 militares afectados por sarna, dos de ellos anteriores al 30 de julio. La Unión de Militares de Tropa había denunciado previamente las condiciones de hacinamiento y falta de higiene de algunas instalaciones utilizadas para alojar a los efectivos desplazados.
El colapso pasa factura
“Estamos viendo heridas e infecciones en la población inmigrante que nunca habíamos visto ni en tal cantidad ni en sus características”, añade Muñoz. Mientras el Ministerio sigue rechazando que Ceuta se encuentra ante una emergencia de salud pública, el personal sanitario está al límite. “Además del riesgo biológico, esta situación está pasando factura en todos los niveles. Esto no hay cuerpo que lo aguante. El desgaste en este momento es absoluto”.

Hace cinco días, el presidente de la Organización Médica Colegial, Tomás Cobo, viajó a Ceuta, se reunió con los médicos del Hospital Universitario y salió reclamando que se duplique al menos la dotación facultativa de Urgencias. Pudo ver profesionales “extenuados” que, según aseguró, están atendiendo “el doble o más del doble” de urgencias habituales. Según los testimonios que recogió durante su visita, a la cantidad de pacientes se añade la complejidad de una parte de las asistencias: heridas por peleas, lesiones de arma blanca, agresiones sexuales y pacientes de los que se desconoce tanto la historia clínica como el estado de vacunación. La OMC teme que el cansancio termine produciendo una cadena de bajas laborales. “Y el otoño está a la vuelta de la esquina. Al panorama actual se sumarán las gripes y otras enfermedades estacionales”.
Ceuta figura desde hace años entre los territorios con más dificultades para cubrir determinadas plazas. La propia OMC llevó el problema de Ceuta y Melilla al Parlamento Europeo en abril de 2025. Reclama incentivos económicos, facilidades de vivienda, estabilidad laboral y mejores condiciones de formación para atraer médicos y conseguir que permanezcan en la ciudad.
Los sindicatos describen dificultades similares en enfermería y fisioterapia. CEMSATSE asegura que hay bolsas de contratación vacías y plazas que no consiguen cubrirse. También denuncia el recurso continuado a médicos residentes, el aumento de turnos y la falta de descanso. Entre sus reivindicaciones figuran contratos de mayor duración y compensaciones económicas y en días libres por las jornadas extraordinarias realizadas desde finales de julio.
A finales de agosto SATSE presentó además una denuncia ante la Inspección de Trabajo por las condiciones laborales en Atención Primaria. El sindicato asegura que se estaban imponiendo jornadas adicionales y reclamó refuerzos. En septiembre ha exigido también que el personal que realiza visitas domiciliarias disponga de protección de seguridad en todos los centros de salud. INGESA ya había contratado un vigilante para acompañar a los trabajadores del Tarajal, pero SATSE pide extender la medida al resto de la ciudad.
Del malestar a la huelga
Los sindicatos ya habían convocado movilizaciones durante la primavera por la aplicación de la jornada de 35 horas, las plantillas y las condiciones laborales. En julio anunciaron un “septiembre caliente”. La crisis migratoria encontró, por tanto, una negociación laboral deteriorada y un sistema con dificultades previas para contratar profesionales.
Ahora las protestas tienen fecha. CEMSATSE, la organización con mayor representación en la Mesa Sectorial del INGESA, ha convocado una concentración el jueves 17 de septiembre a las once de la mañana ante el Hospital Universitario y otra el viernes 18 ante la Dirección Territorial del INGESA, en Otero. La huelga está prevista para el 24 de septiembre.
El desacuerdo alcanza incluso a la forma de medir la presión asistencial. INGESA publica diariamente los datos extraídos de su sistema hospitalario que, en su opinión, demuestran que la sanidad mantiene capacidad de respuesta. CEMSATSE cuestiona ese cómputo y asegura que determinadas asistencias realizadas en circuitos rápidos de Urgencias no quedan recogidas en las estadísticas oficiales. El sindicato pidió el 8 de septiembre la dimisión de los responsables del organismo tanto en Ceuta como en Madrid.

