Prueban con éxito en ratones unas lentes de contacto que tratan la depresión

Un estudio de la Universidad de Yonsei prueba unas lentes capaces de estimular la retina y reducir signos asociados a la depresión

Lentes de contacto - Salud
Una fotografía de archivo de unas lentillas.
Pexels

Un equipo de científicos de la Universidad de Yonsei, en Corea del Sur, ha probado en ratones unas lentes de contacto capaces de estimular el cerebro a través de la retina y reducir signos asociados a la depresión. El avance, publicado en Cell Reports Physical Science, no significa que el tratamiento esté listo para pacientes. Pero sí abre una vía inesperada: utilizar el ojo como puerta de entrada no invasiva hacia circuitos cerebrales relacionados con el estado de ánimo.

Las lentes de contacto desarrolladas por los investigadores son blandas, transparentes y flexibles. Incorporan electrodos ultrafinos que envían señales eléctricas leves hacia la retina. A partir de ahí, la estimulación aprovecha las conexiones naturales entre el ojo y el cerebro para llegar a regiones implicadas en la depresión. La idea, en apariencia casi futurista, parte de un principio anatómico sencillo: la retina no es un elemento aislado, sino una prolongación del sistema nervioso central.

El autor principal del trabajo, Jang-Ung Park, científico de materiales de la Universidad de Yonsei, resume el alcance del hallazgo con una frase ambiciosa. “Nuestro trabajo abre una frontera completamente nueva en el tratamiento de trastornos cerebrales a través del ojo”, afirma. La promesa es grande, aunque los propios investigadores insisten en que todavía queda un largo camino antes de pensar en ensayos clínicos con pacientes.

Cómo funcionan estas lentes de contacto

La clave de estas lentes de contacto está en una técnica llamada interferencia temporal. El sistema envía dos señales eléctricas hacia la retina. Por separado, esas señales no activan las neuronas de forma significativa. Sin embargo, cuando se cruzan en un punto concreto, generan una estimulación localizada. Esa precisión permite dirigir el efecto hacia circuitos específicos sin necesidad de implantes cerebrales ni procedimientos invasivos.

Park lo explica con una imagen muy visual: “Imaginen dos linternas: cada haz de luz por sí solo es tenue, pero donde se superponen, aparece un punto brillante”. En este caso, las linternas serían las dos señales eléctricas y el punto brillante sería la zona donde se produce la estimulación. Aunque los electrodos se sitúan sobre la superficie del ojo, el efecto se activa en el interior, en la retina, y desde ahí se transmite hacia áreas cerebrales vinculadas al estado de ánimo.

Hasta ahora, las lentillas inteligentes se habían explorado sobre todo para medir parámetros oculares o metabólicos, como la presión intraocular o los niveles de glucosa. La novedad de este estudio es que las lentes de contacto no se emplean para monitorizar una enfermedad, sino para tratar un trastorno cerebral en un modelo animal.

Resultados comparables a la fluoxetina

Para comprobar el efecto del dispositivo, los investigadores utilizaron ratones con depresión inducida y los compararon con varios grupos: animales sanos, ratones deprimidos sin tratamiento, ratones tratados con las lentes de contacto y ratones tratados con fluoxetina, el principio activo de fármacos como Prozac. El tratamiento con las lentillas consistió en sesiones de 30 minutos al día durante tres semanas.

Los resultados fueron llamativos. Los ratones tratados con estimulación a través de las lentes de contacto mostraron mejoras conductuales, neuronales y fisiológicas. Según el estudio, esas mejoras fueron comparables a las observadas en los animales que recibieron fluoxetina durante el mismo periodo. También se detectó una restauración de la conectividad entre el hipocampo y la corteza prefrontal, dos regiones vinculadas a la regulación del estado de ánimo.

Los investigadores observaron además cambios en biomarcadores asociados a la depresión. Entre ellos, una reducción de moléculas inflamatorias en el cerebro, una bajada del 48% en corticosterona sanguínea y un aumento del 47% en los niveles de serotonina frente a los ratones deprimidos que no recibieron tratamiento. Esos datos refuerzan la idea de que el efecto no fue solo conductual, sino también biológico.

Una tecnología prometedora, pero todavía experimental

El entusiasmo científico no debe confundirse con una aplicación inmediata. Estas lentes de contacto se han probado en ratones, no en personas. Eso significa que todavía deben superar muchas fases antes de poder considerarse una alternativa real para tratar la depresión humana. La seguridad a largo plazo, la comodidad, la precisión de la estimulación, la adaptación a cada paciente y la posible aparición de efectos secundarios son cuestiones que aún deben estudiarse.

El propio Park lo reconoce con claridad: “Como cualquier nueva tecnología médica, nuestras lentes de contacto deberán someterse a una rigurosa evaluación clínica en pacientes antes de salir al mercado”. El siguiente paso será fabricar una versión totalmente inalámbrica, probar su seguridad en animales de mayor tamaño y personalizar la estimulación antes de plantear ensayos clínicos en humanos.

Este matiz es importante. La depresión es una enfermedad compleja, con causas biológicas, psicológicas y sociales. Ningún avance experimental puede presentarse como una solución universal. Aun así, el estudio sí apunta hacia un campo de enorme interés: tratamientos no farmacológicos, portátiles y menos invasivos para modular circuitos cerebrales alterados.

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