La revisión de la Directiva Europea del Tabaco sitúa a Europa ante una decisión clave en los próximos meses hacia los productos alternativos al cigarrillo, que han demostrado ser una vía de cesación de tabaquismo tanto por estudios científicos como por casos aplicados en varios países punteros del mundo. Prohibiciones de sabores, restricciones a productos alternativos y vetos nacionales a determinadas categorías de nicotina entran en el debate comunitario con el objetivo declarado de proteger la salud pública. Sin embargo, la experiencia de muestra que el enfoque prohibicionista puede generar exactamente el efecto contrario al deseado, tal y como se aprecia en un reportaje publicado por The New York Times en estos últimos días.
Australia es actualmente el país con el tabaco más caro del mundo. Tras años de subidas fiscales continuadas, una cajetilla puede costar entre 24 y 33 euros. El prestigioso medio estadounidense describe cómo esta política, lejos de erradicar el tabaquismo, ha empujado a millones de consumidores fuera del mercado legal.
En Bruselas parecen tener claro que Europa debe ir hacia la limitación de los nuevos productos sin humo para apagar el cigarrillo tradicional. Esta lógica, de primeras, parece sencilla: menos opciones legales, menos consumo. Pero Australia lleva años recorriendo ese mismo camino con consecuencias inesperadas.
El resultado ha sido un desplome de la recaudación fiscal. En apenas cinco años, los ingresos procedentes del tabaco han pasado de cerca de 9.800 millones de euros a unos 4.400 millones. Para el diario estadounidense, la explicación es inequívoca: el consumo no ha desaparecido, se ha desplazado al mercado negro.
Este es uno de los riesgos que varios analistas señalan en el debate europeo: cuando la regulación elimina productos demandados por adultos, la demanda no se extingue, cambia de canal.
La TPD se presenta como una herramienta sanitaria, pero The New York Times advierte de un impacto que va mucho más allá. En Australia, el tabaco ilegal mueve hoy entre 1.800 y 3.600 millones de euros al año, convirtiéndose en un negocio prioritario para redes criminales organizadas.
El reportaje describe cómo el tabaco ha pasado a ser un producto con alto margen y bajo riesgo penal, una combinación explosiva que ha derivado en extorsiones, incendios provocados y ataques violentos. En solo 18 meses, se han registrado más de 125 ataques incendiarios relacionados con este mercado ilícito.
El paralelismo es aún más claro en el caso del vapeo. Europa discute prohibiciones de sabores y limitaciones severas a estos productos. Australia ya las aplica. Laprohibición del vapeo recreativo y su restricción a un sistema de prescripción médica no ha eliminado su uso, sino que ha provocado que la mayoría de los dispositivos circulen hoy fuera del mercado legal, sin controles de calidad ni trazabilidad, tal y como ha podido demostrar NYT.
Expertos australianos citados en el reportaje califican esta situación como un fracaso regulatorio: el consumo persiste, pero el Estado pierde cualquier capacidad de supervisión.
El medio más leído en EEUU es claro y lanza una advertencia directa: si la TPD se aplica sin equilibrio, con más prohibiciones y menos alternativas legales, el riesgo es reproducir el escenario australiano.
