La última entrega de Top Chef estuvo marcada por los nervios, las lágrimas y una decisión inesperada de Belén Esteban que no dejó indiferente a nadie. Tras superar una de las pruebas más exigentes de la noche, la colaboradora televisiva obtuvo un privilegio. Este privilegio le permitió influir directamente en el desarrollo del siguiente reto. Además, aprovechó esta ventaja para aplicar una estrategia que generó sorpresa entre sus compañeros.
Una noche difícil tras la expulsión
El ambiente en las cocinas del programa no era el más relajado. La reciente salida del actor Mariano Peña había dejado tocados a varios participantes. Especialmente a Belén Esteban, que había estrechado una gran amistad con él durante el concurso.
Aun así, los aspirantes tuvieron que centrarse rápidamente en el nuevo desafío. Debían preparar una tartaleta que combinara técnicas de repostería francesa y china. Era una elaboración compleja que puso a prueba tanto la precisión como la creatividad de los concursantes.
Para facilitar el reto, los participantes debían identificar cuál de tres invitadas había creado la receta original que debían replicar. Sin embargo, la intuición del grupo —incluida la de Esteban y Luis Merlo— no fue la correcta. Esto les dejó sin la ayuda extra que esperaba el equipo.
Un privilegio que cambia el juego
Quien sí obtuvo una ventaja fue Samantha Ballentines, que logró contar durante unos minutos con el asesoramiento directo de la repostera invitada. Aun así, decidió compartir ese tiempo con otra compañera, un gesto que no convenció a todos los participantes.
La prueba resultó especialmente intensa. La presión hizo que algunos concursantes acabaran desbordados. Luis Merlo incluso rompió a llorar tras la elaboración, reconociendo que le había sorprendido su propia reacción ante un reto aparentemente sencillo.
Pero quien finalmente logró conquistar al jurado fue Belén Esteban. A pesar de los contratiempos —durante la prueba se le cayó parte de la preparación y el suelo llegó a quedar resbaladizo— consiguió sacar adelante su plato. Fue un momento delicado. Especialmente porque la colaboradora recordó que lleva tornillos en una pierna tras una antigua lesión.
El resultado, sin embargo, fue más que positivo: su tartaleta fue elegida como la mejor de la prueba. Esto le otorgó un importante poder en el siguiente desafío.
Una estrategia que desata el debate
Como recompensa, Esteban recibió la responsabilidad de formar las parejas para la siguiente prueba. Para equilibrar el número de participantes, el programa contó con la presencia como invitada de la cantante Toñi Salazar. Ella se incorporó temporalmente a la cocina.
Antes de anunciar su decisión, la concursante lanzó un aviso a sus compañeros: el reparto de equipos no sería sencillo. Finalmente, organizó las parejas de forma que algunos concursantes con más experiencia tuvieran que trabajar junto a quienes se manejaban peor en repostería.
Una de las decisiones más comentadas fue la de unir a Natalia con Toñi Salazar. Esto provocó cierta incomodidad en la cocina. La propia Belén Esteban reconoció ante las cámaras que había tomado esa decisión con una clara intención estratégica. Ella aseguró que la concursante tenía la capacidad suficiente para sacar adelante el reto incluso con una compañera menos experimentada.
La reacción no tardó en llegar y el ambiente se tensó momentáneamente entre los aspirantes.
Caos y presión en la siguiente prueba
El nuevo desafío consistía en elaborar dos tartas, una de ellas adaptada para dietas especiales, apta tanto para personas veganas como para celíacos. La dificultad del reto, sumada a la presión de trabajar en pareja, hizo que los nervios se dispararan.
Durante el proceso, Natalia volvió a emocionarse al sentirse desbordada por la situación, lo que generó preocupación entre sus compañeros.
Mientras tanto, Belén Esteban defendía su decisión. Según explicó, su intención no era perjudicar a nadie, sino equilibrar el nivel de los equipos. “Es un juego y estamos aquí para jugar”, comentó, dejando claro que su elección respondía a una estrategia dentro de la competición.
La escena dejó claro que, a medida que avanza la temporada, la presión en las cocinas de Top Chef no deja de aumentar. Cada decisión puede cambiar el rumbo del concurso. Con los concursantes cada vez más implicados, el programa entra en una fase donde talento, nervios y estrategia empiezan a pesar tanto como la propia cocina.
