La tristeza y frustración se hace con los afectados de los históricos incendios. El balance es demoledor, unas 35.000 personas evacuadas y 22.000 confinadas en Madrid, 25.000 hectáreas quemadas en esta comunidad y 50.000 en Ávila. Entre lágrimas, muchos de ellos admiten que están agotados. “Estuvimos abandonados”, lamentan.
Desde la zona cero, la alcaldesa de Casavieja (Ávila), Vanessa Muñoz, se rompió al hablar del incendio, ya el mayor de la historia de España. Su principal queja es la “falta de información” recibida “por parte de los mandos”.
Aunque la Guardia Civil, la subdelegación del Gobierno y los agentes medioambientales sí la mantuvieron al tanto, echó en falta más comunicación sobre la evolución y las perspectivas para su municipio. “Hay personas que no han estado a la altura institucionalmente hablando para conmigo”, afirmó, lamentando no tener respuestas para los vecinos desalojados. “Me preguntan y no tengo nada que decirles”, dijo.
Entre lágrimas en una entrevista en La Sexta, confesó sentir “mucha tristeza, indignación y frustración” por no poder hacer más, aunque quiso lanzar un mensaje de “tranquilidad”. “A pesar de que algunos hayan perdido muchas cosas, volveremos a levantar esto”, dijo. De sus vecinos, que han estado “al pie del cañón” día y noche, destacó que “han ayudado en lo que podían”.
Los afectados
Muy duro fue el relato de Juan Manuel González, vecino de Casavieja. “Vivimos un infierno, el peor que te puedas imaginar. En ningún momento nos ayudaron, estuvimos abandonados“, denunció, asegurando que los habitantes tuvieron que organizarse por su cuenta, “haciendo cortafuegos y todo”.
Según su relato, los medios de extinción no actuaron cuando aún era posible frenar las llamas: “Vimos medios y medios, dijeron que no podían actuar, se bajaron del camión y esperaban el fuego a la entrada del pueblo. No hicieron absolutamente nada. El viernes lo tenían todo controlado, si hubiera habido solo dos helicópteros, no hubiéramos llegado a esto”. Ahora, los vecinos vigilan los rebrotes con un grupo de WhatsApp “donde nos avisamos de dónde hay fuego y vamos”.

En Antena3, el experto forestal Paco Castañares pidió comprensión hacia los responsables de la extinción: “Entiendo el cabreo, pero cuando un incendio está fuera de capacidad de extinción es una irresponsabilidad enfrentarse a él”. El director de extinción, explicó, “se puede equivocar, pero tiene la información y el conocimiento suficiente para decidir lo que hay que hacer en cada momento”.
Los testimonios de quienes regresan a sus propiedades arrasadas son muy duros. José Antonio, que se negaba a abandonar su casa de 4.000 metros cuadrados construida por él mismo —su mujer llegó a marcharse sin él—, resumía así su pérdida: “Esta toda es mi vida de trabajo y de esfuerzo para poder conseguir esto, para comprarla, y ahora mirad este desastre”.
Emilio, desde El Tiemblo (Ávila), mostraba sus naves calcinadas, “coches, motos, todo”, incluido un Tesla de 180.000 euros: “Al menos para que sirva para que no vuelva a suceder”. Y Esteban, desde San Martín de Valdeiglesias, recorría su camping reducido a chapa y contenedores derretidos: “Vemos las imágenes de Ucrania, de Gaza y es como esto no se puede creer”.
Los daños rurales
Misma impotencia en la Comunidad Valenciana. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) advierte de daños graves -en Vall d’Uixó, Castellón- en campos de naranjos, aguacates, níspero, olivar, almendro y viña, además de invernaderos, granjas, maquinaria e infraestructuras de riego, y reclama una línea excepcional de ayudas y “un cambio en las políticas” de prevención. Su responsable comarcal en La Plana Baixa, Roberto Vicent Ferrandis, resume que “los huertos cultivados han vuelto a demostrar que son los mejores cortafuegos naturales”. Y añade: “Hay granjas que se han salvado por los pelos. Esto da miedo. No podemos seguir con estas políticas”.

