El 12 de agosto, cuando el Sol desaparezca durante unos minutos tras la Luna en uno de los grandes eclipses del siglo, miles de personas romperán el silencio con exclamaciones de asombro. Heike Mai callará, escuchará y comprobará si los pájaros dejan de cantar, si los insectos nocturnos adelantan su salida o si el bosque contiene la respiración. Lleva años imaginando ese instante y, por fin, durante unos minutos el mundo funcionará exactamente como ella lleva intentando explicar desde hace tiempo. “Cuando la luz desaparece, la naturaleza habla de otra manera. Por eso, el gran espectáculo no ocurrirá únicamente en el cielo. El día se convertirá en noche y el paisaje revelará secretos que normalmente pasan desapercibidos”.

Nacida en Alemania y afincada en Andalucía, donde veraneaba de pequeña con sus padres, esta divulgadora y consultora nos cuenta que encontró en la sierra gaditana uno de los pocos lugares donde aún era posible contemplar la Vía Láctea con toda su intensidad. Aquella experiencia cambió su trayectoria profesional y la llevó a especializarse en contaminación lumínica, biodiversidad y turismo de estrellas. Su propuesta combina astronomía, ecología, turismo sostenible y educación ambiental en una disciplina todavía poco conocida en España que ella define como Nightscape Management, la gestión del paisaje nocturno.
Su cruzada contra la contaminación lumínica
Ha dedicado su vida a convencer a administraciones, científicos, viajeros y a todo aquel que quiera escucharla de que la noche también necesita protección. Hoy asesora destinos turísticos, colabora con parques naturales, participa en congresos científicos y dirige iniciativas que buscan demostrar que iluminar mejor no significa iluminar más. Lo repite en conferencias, rutas y talleres. “Es urgente reducir las luces, levantar la vista y aprender a convivir con la oscuridad. La mayoría de la gente asocia erróneamente el progreso con iluminar cada vez más calles, monumentos y urbanizaciones. La oscuridad no es la ausencia de vida, sino una de sus condiciones indispensables. El eclipse de agosto será una oportunidad excepcional para comprobar cómo puede cambiar un ecosistema entero cuando desaparece la luz”.

Su forma de observar el mundo ha ido tomando forma en Llévame a las Estrellas, un proyecto con el que organiza rutas, experiencias de turismo astronómico y científico y actividades de divulgación. “El 12 de agosto es una oportunidad para escuchar el entorno y comprender por qué los murciélagos necesitan corredores oscuros para desplazarse o cómo una iluminación excesiva puede alterar el equilibrio de un ecosistema”.
Las mejores vistas
Será el primero de los tres grandes eclipses solares que España vivirá de forma consecutiva entre 2026 y 2028, el llamado Trío Ibérico. Los dos primeros serán totales y atravesarán buena parte del país por franjas muy distintas. El de este verano recorrerá el norte peninsular, desde Galicia hasta Baleares, mientras que el de 2027 cruzará el sur, con especial protagonismo del entorno del Estrecho. El fenómeno ha atraído a miles de aficionados y científicos, y muchos pequeños municipios situados en la franja de totalidad han recibido un inusual aluvión de visitantes. Por unos días, la llamada España vaciada puede considerarse el mejor observatorio del mundo. Heike ya ha elegido el suyo, un enclave situado entre Valladolid y Palencia.
Para ella este espectáculo astronómico es un gran experimento científico. Aprovechará esos minutos para recoger observaciones simultáneas desde numerosos puntos de la franja de totalidad. Todos los datos sobre el comportamiento de la naturaleza alimentarán Umbra.Lab, un proyecto que ha impulsado en colaboración con la Sociedad Gaditana de Historia Natural con el que aspira a convertir este fenómeno en uno de los mayores ejercicios de ciencia ciudadana desarrollados en España.

Una lección magistral sobre la naturaleza
La herramienta central será una aplicación específica que permitirá registrar datos siguiendo un mismo protocolo científico. “Además de enviar fotografías o contar experiencias personales, los participantes anotarán aspectos concretos del comportamiento animal para que después puedan compararse entre territorios, hábitats y especies. El objetivo es convertir miles de observaciones individuales en una base de datos útil para la investigación”.
Su red de colaboradores incluye biólogos, ecólogos, guías de naturaleza, gestores de espacios protegidos, apicultores, ganaderos y observadores especialmente familiarizados con la fauna. “Todos reciben un manual de observación que permitirá unificar la recogida de información. De este modo, el eclipse dejará un legado científico que irá mucho más allá de las imágenes espectaculares del cielo oscurecido. Este apagón natural permitirá observar cómo responden especies diurnas, nocturnas y crepusculares en condiciones prácticamente experimentales”, detalla emocionada.
El eclipse del 12 de agosto tendrá además una particularidad. El Sol estará muy bajo sobre el horizonte occidental, por lo que elegir un lugar con una vista completamente despejada hacia el oeste será determinante para disfrutar del fenómeno. Si el proyecto de Mai alcanza sus objetivos, cuando el Sol vuelva a brillar quedará una base de conocimiento sobre el comportamiento de la naturaleza cuando el día desaparece de repente y también una nueva forma de implicar a la ciudadanía en la investigación ambiental.

