El cambio climático sigue siendo un gran problema para el mundo. Ante el avance de la hostilidad medioambiental, muchas personas se preguntan si la tecnología del EV, emblema de la resistencia sostenible, sería capaz de aguantar el calor extremo (o el frío congelante).
Las investigaciones recientes apuntan a que la vida útil del coche eléctrico no sólo está garantizada en el presente, sino que en el futuro, podrá lidiar con las condiciones más exigentes. Y todo es gracias a las tecnologías de las baterías, las actuales y las que están por llegar.
No tienen nada que ver con la degradación que sufren los vehículos de combustión.
Vida útil del coche eléctrico ante el cambio climático: la respuesta está en la gestión térmica

Las baterías de celda de iones de litio, las más comunes actualmente en la movilidad eléctrica, pueden padecer problemas en la temperatura interna. No obstante, para combatirla, los fabricantes han perfeccionado sus Sistemas de Gestión Térmica (TMS).
Los coches eléctricos tienen sistemas de refrigeración con tecnología líquida activa, la cual mantiene las celdas de la batería en un rango óptimo en todo momento. En general, se logra esta temperatura ideal tanto en parajes congelados como en desiertos calurosos.
De este modo, el sistema extrae el calor excedente durante la carga rápida o la conducción exigente. Y no sólo eso, pues también aprovecha la energía mientras están enchufados para enfriar o calentar la batería antes de iniciar la marcha.
Por ello, la tasa de degradación de la batería de un vehículo es actualmente muy baja. Apenas un 2% de pérdida de autonomía anual, según señalan los investigadores de la Universidad de Michigan.
Además, según otro estudio de Nature Climate Change, las baterías más modernas pueden tener una vida útil de 17 años, siendo la degradación de estas de apenas un 10%. Los componentes analizados anteriores a 2018, apenas alcanzaban los 12-15 años, con una caída en su resistencia de hasta el 30%.
Todo esto en los modelos a partir de 2019, por lo que se puede suponer que las constantes mejoras de los fabricantes podrían extender aún más esta vida útil. O bien, facilitar la reparación y/o sustitución de las baterías del sector del coche eléctrico conforme avance la tecnología.
Baterías aún más preparadas en el futuro

Siguiendo las conclusiones de los recientes estudios científicos, la vida útil del coche eléctrico no debería preocupar a los consumidores y las consumidoras.
En todo caso, preocupa más la resiliencia del vehículo de combustión frente a las probables futuras olas de calor en países como España. Las altas temperaturas aumentan las emisiones de los tanques de combustible, y reducen la densidad del aire, afectando a la mezcla de combustible y reduciendo la eficiente de los motores térmicos.
Además, la degradación es mucho más brusca ante el estrés térmico, especialmente por parte de los lubricantes y los fluidos. El motor eléctrico posee muchas menas piezas móviles sujetas a un posible deterioro.
En esa línea, la industria de la movilidad eléctrica sigue buscando maneras de mejorar aún más la resiliencia de sus baterías. Las pruebas con las baterías químicas, como las de LFP (Litio-Ferrofosfato), presentan una estabilidad térmica superior. Incluso son más baratas, presentan un riesgo casi nulo de fuga térmica (los temidos incendios) y soportan mejor los ciclos de carga.
Además, las mejoras en inteligencia artificial y otras incorporaciones informáticas prometen mejorar la gestión de la energía. La intención es predecir picos de calor, optimizar los ciclos de carga y responder eficientemente al frío o a cualquier otra condición extrema.
La ciencia prevé que el cambio climático no sea un impedimento para la movilidad eléctrica. Esta tecnología nació con el fin de contribuir con el respeto al medioambiente, y todo apunta a que podrá operar con eficiencia incluso en los peores escenarios de calentamiento global.
