Qué ocurrió finalmente con 3I/ATLAS, el cometa interestelar que intrigó al mundo y ahora se aleja para siempre

El James Webb descubre que 3I/ATLAS posee una composición química diferente a la de los cometas nacidos dentro del sistema solar

Cometa 3I/ATLAS - Sociedad
El misterio del cometa 3I/ATLAS.
International Gemini Observatory

Durante buena parte de 2025, el cometa 3I/ATLAS se convirtió en uno de esos fenómenos astronómicos capaces de atravesar las fronteras de la ciencia. Su llegada desde otro sistema estelar, su velocidad extraordinaria y las preguntas sobre su origen alimentaron una atención poco habitual alrededor de un cuerpo que nunca llegó a acercarse peligrosamente a la Tierra. Hubo observaciones continuas, especulaciones sobre su naturaleza y hasta teorías que intentaron relacionarlo con una posible tecnología extraterrestre.

Un año después de su descubrimiento, aquella expectación ha desaparecido de los titulares, pero el cometa 3I/ATLAS continúa ofreciendo información. El visitante interestelar ya se aleja del Sol en una órbita hiperbólica, no regresará nunca y terminará perdiéndose otra vez en el espacio que separa las estrellas. Sin embargo, los datos recogidos durante su paso han revelado algo todavía más sorprendente que muchas de las hipótesis que circularon inicialmente: podría haberse formado hace miles de millones de años en un entorno radicalmente distinto al del sistema solar.

El tercer visitante conocido de otro sistema estelar

3I/ATLAS fue detectado el 1 de julio de 2025 por el sistema ATLAS, una red de telescopios financiada por la NASA que rastrea el cielo en busca de asteroides y otros objetos potencialmente peligrosos. Las primeras mediciones de su trayectoria permitieron confirmar rápidamente que no orbitaba alrededor del Sol y que procedía del espacio interestelar.

Su denominación resumía su importancia. La letra “I” indicaba su origen interestelar, mientras que el número tres lo convertía en el tercer objeto de esta clase identificado, después de ʻOumuamua, descubierto en 2017, y el cometa Borisov, observado en 2019.

La diferencia era que el cometa 3I/ATLAS pudo estudiarse con una batería de instrumentos mucho más amplia. Más de una docena de misiones científicas de la NASA dirigieron sus cámaras y espectrómetros hacia el objeto. También fue observado desde telescopios terrestres, sondas situadas cerca de Marte y misiones que inicialmente no habían sido diseñadas para estudiar cometas.

En ningún momento existió riesgo de impacto. Su aproximación a la Tierra se produjo a una distancia enorme y su recorrido había quedado calculado con suficiente precisión. El verdadero interés no estaba en la amenaza, sino en la posibilidad de analizar directamente materia formada alrededor de otra estrella.

Una visita breve antes de desaparecer para siempre

Misterio del cometa 3I/ATLAS - Sociedad
Una imagen ampliada del misterioso cometa interestelar.
Archivo

Tras recorrer la zona interior del sistema solar y alcanzar su máxima aproximación al Sol durante el otoño de 2025, 3I/ATLAS comenzó a alejarse. El calor solar activó los hielos de su núcleo y generó una coma formada por gas y polvo, además de las características colas asociadas a los cometas.

Durante diciembre de 2025, el objeto experimentó un aumento considerable de actividad. Las observaciones de la misión SPHEREx mostraron que estaba liberando agua, dióxido de carbono, polvo y compuestos orgánicos. Parte de ese material había permanecido atrapado bajo su superficie desde su formación y quedó expuesto después de su paso cerca del Sol.

Ahora, el cometa 3I/ATLAS se aleja definitivamente. Su velocidad y su trayectoria indican que no está atrapado por la gravedad solar. Continuará atravesando el espacio hasta abandonar la región planetaria y volver al medio interestelar. A medida que aumenta su distancia, pierde brillo y deja de estar al alcance de los telescopios más modestos.

La visita ha terminado, pero su historia científica apenas ha comenzado. Los datos obtenidos permanecerán durante años en los archivos de agencias y observatorios, donde podrán ser examinados mediante nuevas técnicas y comparados con futuros visitantes interestelares.

El James Webb descubre una química nunca vista

La revelación más importante llegó gracias al telescopio espacial James Webb. Sus instrumentos analizaron la composición de la coma cuando el cometa ya se alejaba del Sol y encontraron proporciones isotópicas muy diferentes a las habituales en los cuerpos del sistema solar.

El agua de 3I/ATLAS presentaba una concentración extraordinariamente elevada de deuterio, una variante pesada del hidrógeno. También aparecieron proporciones inusuales entre el carbono-12 y el carbono-13. Estas huellas químicas actúan como una especie de documento de identidad: permiten reconstruir las condiciones existentes en el lugar donde se formó el cometa.

Los investigadores consideran que estos resultados apuntan a un nacimiento en un entorno extremadamente frío, posiblemente por debajo de los 30 grados sobre el cero absoluto, y con una presencia relativamente baja de elementos pesados. No se parece a los cometas que surgieron alrededor del Sol hace unos 4.600 millones de años.

Además, el James Webb detectó metano y confirmó que el cuerpo era especialmente rico en dióxido de carbono en comparación con el agua. El telescopio Subaru también comprobó que la composición de la coma fue cambiando después del perihelio, lo que sugiere que las capas internas y externas del núcleo no contenían exactamente los mismos materiales.

¿Podría tener 12.000 millones de años?

Cometa 3I/ATLAS - Sociedad
La última fotografía capturada del objeto interestelar.
NASA

A partir de estas señales químicas, los científicos han planteado que el cometa 3I/ATLAS podría haberse formado hace entre 10.000 y 12.000 millones de años. La cifra no corresponde a una datación directa, sino a una estimación basada en el tipo de entorno necesario para producir su composición.

De confirmarse, el cometa sería mucho más antiguo que el sistema solar y habría nacido cuando la Vía Láctea era todavía joven. Sería comparable a encontrar una pieza fabricada por una civilización desaparecida miles de años antes de la nuestra, pero trasladando esa diferencia a una escala cósmica.

El objeto podría proceder de una población de estrellas antiguas, formada cuando la galaxia contenía menos elementos pesados que en la actualidad. Tras ser expulsado de su sistema de origen por la gravedad de algún planeta o estrella cercana, habría viajado durante una cantidad de tiempo imposible de determinar antes de cruzarse con nuestro vecindario.

Qué quedó de las teorías sobre una nave extraterrestre

Las hipótesis que relacionaron 3I/ATLAS con una posible tecnología alienígena no han encontrado respaldo en las observaciones. El cuerpo mostró actividad cometaria, liberación de gases, polvo, agua, dióxido de carbono, metano y diferentes moléculas compatibles con un objeto natural.

Las búsquedas de señales artificiales tampoco aportaron pruebas de emisiones tecnológicas. El cometa 3I/ATLAS no era una nave extraterrestre, aunque su auténtica naturaleza ha resultado casi igual de fascinante: era un fragmento de otro sistema planetario, posiblemente formado miles de millones de años antes que la Tierra.

Mientras se aleja para siempre, deja detrás una oportunidad científica difícil de repetir. Durante unos meses, los astrónomos pudieron estudiar materia nacida alrededor de otra estrella sin necesidad de abandonar el sistema solar. El visitante desaparece, pero sus secretos seguirán siendo examinados mucho después de que su luz deje de ser visible.

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