Qué va a pasar cuando el cohete de SpaceX se estrelle contra la Luna

Una etapa impactará cerca del cráter Einstein y permitirá estudiar la formación de cráteres y los riesgos de la basura espacial

Cohete de SpaceX contra la Luna - Sociedad
Imagen que imagina el impacto el cohete contra la Luna.
Artículo14/Grok

Una enorme pieza de un cohete de SpaceX se dirige sin control hacia la superficie lunar. Se trata de la segunda etapa de un Falcon 9 lanzado en enero de 2025, una estructura de unas cuatro toneladas que quedó vagando por el espacio después de completar su función durante una misión comercial.

El impacto estaba previsto alrededor de las 08:35 de este miércoles 5 de agosto, hora peninsular española, cerca del cráter Einstein. La etapa alcanzaría la Luna a unos 8.700 kilómetros por hora, una velocidad suficiente para destruir por completo la estructura metálica, excavar un nuevo cráter y lanzar una gran cantidad de polvo y fragmentos sobre la superficie.

No existe ningún peligro para la Tierra. La trayectoria termina en la Luna y los materiales expulsados no tendrán energía suficiente para escapar de su gravedad y alcanzar nuestro planeta. El acontecimiento interesa, sobre todo, por la oportunidad científica que ofrece y por las preguntas que plantea sobre la creciente acumulación de basura espacial.

Una etapa abandonada después de llevar dos naves a la Luna

El cohete de SpaceX despegó el 15 de enero de 2025 con dos módulos lunares: Blue Ghost, construido por la empresa estadounidense Firefly Aerospace, y Resilience, desarrollado por la japonesa Ispace.

La primera etapa del Falcon 9 regresó a la Tierra para ser reutilizada, como sucede habitualmente en los lanzamientos de la compañía. La segunda continuó funcionando en el espacio para proporcionar a los módulos la energía necesaria y situarlos en dirección a la Luna.

Blue Ghost consiguió alunizar en marzo de 2025, mientras que Resilience fracasó durante su intento de aterrizaje varios meses después. La etapa superior, entretanto, quedó en una trayectoria amplia y difícil de controlar.

La combinación de la gravedad de la Tierra, la Luna y el Sol, junto con la presión de la radiación solar, fue modificando lentamente su recorrido. Tras más de un año a la deriva, esas fuerzas terminaron conduciéndola hacia una colisión inevitable.

El golpe abrirá un nuevo cráter

Cuando la estructura choque contra el terreno, gran parte del metal se fragmentará, fundirá o vaporizará de forma casi instantánea. La energía liberada será comparable a la explosión de varias toneladas de TNT.

Los modelos científicos calculan que el impacto del cohete de SpaceX puede abrir un cráter de entre 20 y 40 metros de diámetro. La medida exacta dependerá de la consistencia del suelo, del ángulo de entrada y de la orientación de la larga estructura cilíndrica en el momento de la colisión.

El destello inicial podría durar menos de un segundo. Detectarlo desde la Tierra será complicado porque el lugar se encuentra iluminado por el Sol y el brillo de la superficie lunar puede ocultar una señal tan breve.

La nube de material expulsado podría resultar más visible. El choque levantará regolito, el polvo y las rocas trituradas que cubren la Luna, formando una cortina de partículas iluminada por la luz solar.

Una nube de polvo que alcanzará decenas de kilómetros

Algunas simulaciones indican que la parte más densa de la nube podría elevarse entre 15 y 20 kilómetros, mientras una columna central de partículas más ligeras alcanzaría alturas de entre 75 y 100 kilómetros.

La mayor parte del material volverá a caer alrededor del cráter. Los fragmentos más rápidos podrán recorrer decenas o incluso cientos de kilómetros antes de regresar a la superficie, debido a la débil gravedad lunar y a la ausencia de una atmósfera que los frene.

Esa ausencia de aire explica por qué el fenómeno resulta relevante para futuras misiones tripuladas. En la Tierra, una pequeña roca lanzada por una explosión pierde velocidad debido a la resistencia atmosférica. En la Luna puede avanzar durante mucho más tiempo como un proyectil.

Una piedra diminuta moviéndose a gran velocidad podría dañar un traje espacial, un vehículo, un panel solar o un módulo habitado. El impacto permitirá mejorar los cálculos sobre la distancia que pueden recorrer esos fragmentos.

Los científicos intentarán observarlo desde el espacio

La NASA y varios observatorios han preparado instrumentos para registrar el acontecimiento. El orbitador surcoreano Danuri tratará de fotografiar la etapa antes y después de la colisión, mientras que el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA buscará posteriormente el nuevo cráter.

Comparar imágenes anteriores y posteriores permitirá determinar el punto exacto del impacto, medir el diámetro de la excavación y estudiar cómo se ha distribuido el material expulsado.

Para los investigadores, el valor de este accidente reside en que conocen con bastante precisión la masa, la velocidad y la procedencia del objeto. Es como observar un experimento de laboratorio a escala gigantesca, pero realizado sobre la superficie lunar.

Los meteoritos chocan continuamente contra la Luna, pero casi nunca se conoce de antemano su tamaño, composición o trayectoria. En este caso, esos datos permitirán comprobar hasta qué punto los modelos teóricos describen correctamente la formación de un cráter.

La basura espacial también empieza a llegar a la Luna

El choque no ha sido provocado intencionadamente. Para las misiones en órbita baja, las etapas superiores suelen dirigirse hacia la atmósfera terrestre, donde se destruyen durante la reentrada. Las misiones lunares necesitan mucha más energía y dejan los restos en trayectorias más difíciles de gestionar.

El caso del cohete de SpaceX muestra que el problema de los residuos espaciales ya no se limita a las inmediaciones de la Tierra. A medida que aumenten los viajes hacia la Luna, también crecerá el número de etapas, sondas averiadas y vehículos abandonados en el espacio situado entre ambos cuerpos.

La NASA quiere establecer una presencia más duradera mediante el programa Artemis. Si en el futuro existen bases, equipos científicos o astronautas trabajando sobre la superficie, un impacto no controlado podría representar un peligro real.

La colisión no cambiará la órbita de la Luna ni tendrá consecuencias visibles para la Tierra. Dejará, eso sí, una nueva cicatriz sobre el terreno y una advertencia para la próxima etapa de la exploración espacial: llegar a la Luna también obliga a decidir qué hacer con todo aquello que dejamos atrás.

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