La imagen de los neandertales como una especie tosca, limitada y muy alejada de cualquier forma compleja de conocimiento vuelve a resquebrajarse. Un nuevo estudio publicado en PLOS One plantea que estos homínidos pudieron utilizar alquitrán de abedul no solo como adhesivo para fabricar herramientas, sino también por sus propiedades antibacterianas, quizá incluso como parte del cuidado de heridas.
La hipótesis ha llamado mucho la atención porque sugiere que los neandertales ya manejaban algo parecido a un antibiótico miles de años antes de la penicilina. Pero ahí empieza también la polémica. Una cosa es hablar de una sustancia con efecto antimicrobiano y otra, bastante distinta, afirmar que desarrollaron antibióticos en el sentido moderno del término.
El trabajo, liderado por Tjaark Siemssen y publicado el 18 de marzo de 2026, analizó las propiedades antibacterianas de alquitrán de abedul producido experimentalmente con métodos plausibles para el Paleolítico medio. Los investigadores reprodujeron varias técnicas de fabricación accesibles para grupos neandertales y sometieron las muestras a ensayos microbiológicos. El resultado más llamativo fue que casi todas mostraron capacidad para inhibir el crecimiento de Staphylococcus aureus, una bacteria habitual en la piel humana y vinculada a distintas infecciones cutáneas, mientras que no se observó el mismo efecto frente a Escherichia coli.
Del pegamento prehistórico a posible remedio para heridas
El alquitrán de abedul no es una novedad en la arqueología de los neandertales. Desde hace años se sabe que estas poblaciones europeas lo producían y utilizaban como adhesivo, sobre todo para fijar piezas líticas en mangos o estructuras de herramientas. Lo relevante del nuevo estudio es que propone ampliar esa lectura: el material no habría servido solo como pegamento, sino también como sustancia multifuncional con aplicaciones medicinales.
Los propios autores sostienen que sus resultados encajan con la posibilidad de que se usara como apósito o ungüento para heridas. Una interpretación reforzada por usos etnográficos posteriores del alquitrán de abedul en otras comunidades humanas.

Ese giro importa porque obliga a mirar a los neandertales desde otro lugar. Si realmente identificaron que cierta sustancia producida artificialmente ayudaba a frenar infecciones cutáneas, eso implicaría algo más que habilidad técnica: supondría observación, transmisión de conocimiento y una comprensión empírica de que determinados materiales podían aliviar daños físicos. No sería medicina en el sentido académico actual, claro, pero sí una forma de conocimiento práctico sobre el cuerpo y sus cuidados.
¿Por qué el estudio genera tanto debate?
El problema está en el salto interpretativo. El estudio demuestra que el alquitrán de abedul fabricado hoy con técnicas compatibles con las de entonces tiene propiedades antibacterianas selectivas. Lo que no puede demostrar de manera directa es que todos los neandertales lo produjeran deliberadamente por ese motivo ni que entendieran su mecanismo de acción.
La prudencia aquí no es un detalle menor. En ciencia prehistórica, una hipótesis plausible y sugerente no equivale a una certeza cerrada. De hecho, publicaciones de divulgación científica que han recogido el estudio insisten en esa cautela y recuerdan que el hallazgo apunta a un posible uso tópico para heridas, no a un equivalente exacto de los antibióticos modernos.
Encaja con otras pistas sobre medicina neandertal
La nueva hipótesis no aparece en el vacío. Desde hace tiempo existen indicios de que los neandertales pudieron utilizar plantas sin valor nutritivo claro por sus posibles propiedades medicinales. Un estudio de 2012 halló en cálculo dental restos compatibles con milenrama y manzanilla en un individuo de El Sidrón, en Asturias, y sus autores interpretaron que esas plantas, amargas y poco apetecibles como alimento, pudieron consumirse con intención terapéutica.
Años después, otros trabajos y revisiones siguieron alimentando esa idea de una posible automedicación o uso paliativo de recursos naturales.
Vista en conjunto, la nueva investigación sobre el alquitrán de abedul refuerza una tendencia de fondo: la de abandonar la caricatura de los neandertales como seres brutalmente simples. Su desaparición no impide que cada cierto tiempo aparezcan hallazgos que obligan a revisar prejuicios sobre su inteligencia técnica, su capacidad simbólica y su manera de cuidar de los miembros del grupo. El estudio no demuestra que fueran químicos ni médicos en sentido estricto, pero sí vuelve a sugerir que manejaban conocimientos materiales y corporales bastante más sofisticados de lo que durante décadas se quiso creer.
