Gimnasios, mujeres que “provocan” y cultura de la violación: el chiste de Saturday Night Live

Shane Gillis llamó "putas" a las mujeres por su forma de vestir en el gimnasio y presentó a los hombres como víctimas de una provocación sexual en pleno estallido social por el caso Cornell

Shane Gillis llamó "putas" a las mujeres por su forma de vestir en el gimnasio y presentó a los hombres como víctimas de una provocación sexual
Shane Gillis llamó "putas" a las mujeres por su forma de vestir en el gimnasio y presentó a los hombres como víctimas de una provocación sexual
KiloyCuarto

“I am Jane Doe”. El grito se extiende por Estados Unidos. Mujeres que nunca han pisado la Universidad de Cornell se reconocen en la historia de una joven que denuncia que siete hombres la drogaron y violaron durante siete horas. Su caso ha provocado protestas en las calles, una oleada de indignación en las redes sociales y ha reabierto el debate sobre la violencia sexual y la impunidad.

Y en medio de esa sacudida, cuando tantas mujeres intentan hacerse escuchar, Shane Gillis sube al escenario de Saturday Night Live y llama “putas” a las mujeres que van al gimnasio con pantalones cortos.

Mientras unas hablan de agresiones sexuales, miedo e impunidad, él habla de lo mucho que le provocan los shorts de las mujeres. Es difícil imaginar una distancia mayor entre lo que las ellas están intentando contar y lo que algunos hombres siguen dispuestos a escuchar.

“Llevaba tanto tiempo sin ir al gimnasio que no sabía que ahora las mujeres se visten como putas”, dice Shane Gillis. “Lo siento, pero no hay otra manera de describirlo”. Pregunta al público si ha visto los pantalones cortos que llevan y empieza a detallarlos: son de colores neón, como los cebos artificiales que se utilizan para atraer a los peces. Habla de las arrugas de la tela, de cómo rodean los glúteos y de cómo todas las costuras terminan juntándose en el ano. Entonces llega la advertencia: “¡Y no mires! No te está permitido mirar”. Insiste en que los hombres no deben hacerlo porque las mujeres están grabando sus entrenamientos. “Ahora mismo salgo de fondo en unos diez TikToks”, remata.

La cultura que permite justificar la violencia sexual

Lo que provoca las risas no es solo la descripción de unos pantalones cortos. El chiste se construye sobre una idea mucho más arraigada: que las mujeres provocan a los hombres con sus cuerpos y después pretenden responsabilizarlos de sus reacciones. Ellas aparecen como responsables de despertar el deseo; ellos, como víctimas de una situación que supuestamente no pueden controlar. Y esa forma de entender las relaciones entre hombres y mujeres no es inocua. Forma parte de las creencias que sostienen la cultura de la violación, un fenómeno estudiado durante décadas por su relación con la culpabilización de las víctimas y la justificación de la violencia sexual.

La cultura de la violación describe un entorno social en el que determinadas creencias, normas y discursos contribuyen a normalizar la violencia sexual, minimizar su gravedad, justificar a quienes la ejercen o responsabilizar a quienes la sufren. Una sociedad puede condenar las violaciones y, al mismo tiempo, mantener prejuicios que dificultan reconocerlas y combatirlas.

 

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El bulo de que los hombres tienen impulsos sexuales difíciles de controlar

Son los mitos sobre la violación. Entre ellos, que una mujer puede provocar una agresión por su comportamiento, que los hombres tienen impulsos sexuales difíciles de controlar, que una víctima auténtica siempre se resiste físicamente o que una violación solo resulta creíble cuando la comete un desconocido mediante la fuerza.

Estas creencias tienen una consecuencia fundamental: cambian el lugar donde se busca la responsabilidad. La conducta del agresor deja de ocupar todo el centro de la discusión y comienza a examinarse qué hizo la mujer, qué decisiones tomó y cómo reaccionó. Su comportamiento puede convertirse en una explicación de la violencia que sufrió.

Y eso es precisamente lo que está ocurriendo alrededor del caso Cornell. La joven que denuncia haber sido drogada y violada por siete miembros de una fraternidad también se ha enfrentado a una campaña para revelar su identidad, ataques contra su credibilidad y mensajes de hostigamiento. Mientras se discute su denuncia, parte de la atención pública se dirige contra ella.

No se trata de equiparar el monólogo de Gillis con los hechos denunciados en Cornell, sino de reconocer que los prejuicios sobre la sexualidad femenina, la cultura de la violación y la responsabilidad masculina pueden aparecer tanto en discursos cotidianos como en las reacciones sociales ante una denuncia.

Las reacciones al monólogo

Las palabras de Gillis provocaron críticas entre figuras conocidas de la televisión, la música y el feminismo estadounidense. El actor Dan Levy, conocido por Schitt’s Creek, cuestionó que se llamara “putas” a las mujeres por su manera de vestir y reclamó que los hombres asumieran también la responsabilidad de combatir los discursos misóginos. La discusión, defendió, no debería recaer siempre sobre las mujeres que reciben esos ataques.

La humorista Ego Nwodim, antigua integrante de Saturday Night Live, respondió con ironía. Publicó una fotografía suya entrenando en el gimnasio acompañada de la frase “Whore reporting for duty” (“Puta presentándose al servicio”). También se pronunciaron la cantante Maren Morris y la escritora feminista Jessica Valenti.

El marido de Taylor Swift

La polémica también ha alcanzado a Travis Kelce, jugador de los Kansas City Chiefs y marido de Taylor Swift, después de que diera un “me gusta” en Instagram al vídeo del monólogo de Gillis publicado por Saturday Night Live. El gesto ha provocado críticas entre las seguidoras de la cantante, que le reprochan haber respaldado una actuación que consideran misógina. Algunas han contrapuesto su actitud a la de Dan Levy con un mensaje: “En un mundo de Travis Kelce, sé un Dan Levy”.

La polémica ha girado en torno a si Gillis hizo una broma desafortunada o si se están exagerando sus palabras. El humor no convierte automáticamente a quien se ríe en cómplice de una agresión sexual. Pero tampoco hace desaparecer los prejuicios sobre los que se construye un chiste. Que algo se diga para provocar una carcajada no significa que las ideas que transmite carezcan de consecuencias

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.