Para Shane Gillis, las mujeres van vestidas “como putas” a los gimnasios. Ese fue el chiste de su monólogo en Saturday Night Live. Debe de conocer a pocas. La inmensa mayoría de las mujeres ha vivido acoso o intimidación en estos centros; muchas entrenan con miedo, pendientes de las miradas y los comentarios, esquivando ciertas zonas y cambiando cómo visten. Así lo muestran de forma sistemática diversos estudios.
El más reciente, de Sport England, preguntó a 1.345 mujeres de entre 16 y 34 años por sus experiencias en centros deportivos y de ocio. El 86 % dijo haber sufrido al menos una forma de acoso o intimidación en los tres años anteriores. La encuesta incluía conductas físicas, verbales, no verbales y online: desde las miradas lascivas y los gestos hasta los comentarios sobre el cuerpo, la invasión del espacio personal, los seguimientos o las fotografías sin consentimiento. Las categorías se solapan: una misma mujer puede haber vivido más de una.

La forma más extendida era el acoso no verbal, que había experimentado el 78 %; el 73 % había sufrido conductas verbales, el 64 % online y el 59 % físicas. Entre las usuarias de esos centros, el 37 % estaba muy o extremadamente preocupada por la posibilidad de sufrir acoso o intimidación allí. Casi una de cada cinco mujeres de ese grupo de edad decía sentirse incómoda o insegura por esa posibilidad.
Cambiar la forma de entrenar
El miedo no se queda en una sensación. El 62 % de las usuarias había cambiado su comportamiento después de sufrir o presenciar acoso: el 29 % evitaba cierta ropa, determinadas horas o las zonas donde suele haber más hombres; el 26 % evitaba ir sola. Una de cada diez dijo que había dejado de acudir a esos centros de forma permanente después de un incidente. Y, entre las mujeres que no habían ido a un centro deportivo en el último año, el 43 % afirmaba que el temor al acoso había influido en esa decisión.
Aunque el 79 % de las usuarias cree que todas las formas de acoso —también las que no implican contacto físico— deberían comunicarse al personal, alrededor de una de cada tres no confía en que esté claro cómo hacerlo, en que el equipo sepa responder o en que el centro actúe. Solo el 51 % de quienes habían sufrido un incidente dijo haberlo comunicado.
Una encuesta anterior de This Girl Can y ukactive, realizada a más de 900 mujeres, encontró que el 42 % había vivido acoso o intimidación en un gimnasio o centro deportivo. Entre las jóvenes de 16 a 24 años, la proporción subía al 83 %. De quienes lo habían sufrido, el 76 % cambió su comportamiento; el 39 % de los incidentes ocurrió en la zona de pesas y solo una de cada cuatro afectadas lo comunicó al centro. Las cifras de las dos encuestas no son directamente comparables: varían la muestra, el periodo preguntado y la definición de las conductas.
“No quiero que me miren”
El estudio de Cowley y Schneider, publicado en PLOS ONE en 2025, pone palabras a esa experiencia. Las investigadoras analizaron las respuestas de 279 mujeres, usuarias actuales o antiguas de gimnasios; el 84 % seguía acudiendo. No es una muestra representativa: se reclutó por redes sociales y la mayoría de las participantes eran blancas y vivían en países occidentales. Pero, además de los datos, el trabajo recoge respuestas abiertas de las mujeres.
El 39,2 % dijo sentirse más intimidada por los hombres cuando entrenaba y el 29,2 %, más juzgada por ellos. El 41,4 % respondió que sí —o que no estaba segura— al preguntarle si tenía en cuenta posibles miradas, comentarios o contactos no deseados al elegir qué ponerse. El 46,6 % había recibido cumplidos no solicitados sobre su aspecto en el gimnasio; el 71,9 % de esos comentarios procedía de hombres.

Una participante de entre 25 y 29 años escribió: “No quiero que me miren”. Otra, de entre 30 y 39, explicó que cuando llevaba pantalones cortos se sentía observada, sobre todo por los hombres: “A veces siento que no puedo ganar”.
Las autoras llaman a uno de los temas del estudio “siempre a la vista”. Las mujeres describen sentirse observadas, sexualizadas o fuera de lugar; algunas cuentan que hombres ocupaban el equipo que ellas estaban usando o les indicaban que se marcharan a la zona femenina. En otro estudio, Luke Turnock entrevistó a 18 mujeres y observó cuatro gimnasios comerciales del sur y suroeste de Inglaterra. Una de las entrevistadas lo resumió así: “Creo que a ninguna chica le gusta. Solo quiero ir al gimnasio y volver a casa”.
¿Quién tiene que cambiar?
En España, el informe Entrena Segura, sobre la percepción de seguridad de las mujeres en instalaciones deportivas, encontró que el 84,1 % no sabe si en su centro existen protocolos contra el acoso y los delitos sexuales; solo el 14,4 % tiene claro que existen y que están visibles. El dato no mide cuántas mujeres han sufrido acoso, pero muestra una brecha entre tener un protocolo y que las usuarias sepan cómo encontrarlo.
El chiste de Gillis pone el foco en la ropa de las mujeres. Ellas cuentan que las miran, les hacen comentarios y las acosan mientras intentan entrenar.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

