Las mujeres se han quedado con la literatura y la paz. Los hombres, con los laboratorios, el universo, el cerebro humano y los secretos de las moléculas. También con la economía. Los Premios Nobel de 2026 han vuelto a repartir la gloria con una mayoría masculina: ocho hombres y dos mujeres. Un siglo y cuarto desde la primera ceremonia, la imagen de los galardonados es la de un club de caballeros.
Las excepciones son la canadiense Anne Carson, de 76 años, que ha recibido el Nobel de Literatura por una obra que juega con los clásicos y desafía los géneros literarios; y Navi Pillay, jurista sudafricana de 85 años, que ha obtenido el de la Paz por su defensa del derecho internacional. En las tres grandes disciplinas científicas, ninguna mujer ha sido distinguida este año.
El Nobel de Medicina ha reconocido a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por sus investigaciones sobre la optogenética, una técnica que permite controlar algunas neuronas mediante la luz. El de Física ha sido para Francis Halzen, impulsor de un observatorio enterrado bajo el hielo de la Antártida para estudiar los neutrinos llegados del universo. En Química, Henri Kagan y Kenso Soai han sido distinguidos por sus hallazgos sobre las moléculas que pueden presentar dos formas especulares.

Son avances de gran trascendencia científica, pero el reconocimiento de la excelencia vuelve a ser desigual. Una de las dos galardonadas de 2026 es Navi Pillay. Nació en Durban, en una familia modesta de origen indio, cuando el apartheid establecía el destino de las personas según su color de piel. Pertenecía a una minoría discriminada y quería ejercer el derecho.
En 1967 se convirtió en la primera mujer que abría un despacho de abogados en la provincia de Natal. Defendió a activistas contra el apartheid y los derechos de los presos políticos, incluido Nelson Mandela. Décadas después, como jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, participó en la construcción de una jurisprudencia histórica. Por primera vez, la violencia sexual podía constituir genocidio cuando se utilizaba con la intención de destruir a un grupo protegido.
Fue una conquista jurídica fundamental. Las violaciones cometidas en las guerras habían sido tratadas como daños colaterales, una fatalidad añadida a la barbarie. La justicia internacional comenzó a reconocerlas como instrumentos de persecución y exterminio. Pillay llegaría después al Tribunal Penal Internacional y a la Alta Comisionaría de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Su trabajo reciente sobre Gaza ha provocado también fuertes controversias políticas. El Nobel reconoce su contribución a modificar el derecho internacional con las víctimas, incluidas las mujeres sometidas a violencia sexual en los conflictos armados.
Anne Carson, la mujer que disecciona los clásicos
La segunda protagonista representa otra forma de ruptura. Poeta, ensayista, traductora y especialista en la Grecia clásica, Anne Carson desmonta los límites entre poesía, novela, ensayo y teatro. En sus libros disecciona el deseo, el duelo, los mitos y las contradicciones de las relaciones humanas. En Autobiografía de Rojo transforma un mito griego en una historia actual de amor y desamparo. En La belleza del marido explora las ruinas de un matrimonio.

Carson, que recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2020, es la decimonovena mujer distinguida con el Nobel de Literatura desde su creación en 1901. Su premio es el reconocimiento de una de las voces más originales de nuestro tiempo, pero revela cómo el canon literario ha consagrado mayoritariamente a los hombres.
El Nobel de Economía, la asignatura pendiente
El Nobel de Economía ha recaído finalmente en dos economistas estadounidenses, Michael Woodford, profesor de la Universidad de Columbia, y Robert E. Hall, de Stanford. La Real Academia Sueca de Ciencias ha distinguido sus investigaciones sobre los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica. Sus tesis ayudan a entender cómo las decisiones y expectativas de familias y empresas condicionan la capacidad de los bancos centrales y los gobiernos para suavizar las crisis y los altibajos de la economía.
Woodford, nacido en Chicopee (Massachusetts) en 1955, es una figura central de la teoría monetaria moderna y de los modelos neokeynesianos empleados para analizar cómo influyen los tipos de interés en los precios y la actividad. Hall, nacido en Palo Alto (California) en 1943, ha estudiado, entre otras cuestiones, cómo cambia el consumo ante las expectativas de ingresos futuros. Sus trabajos han ayudado a conectar el comportamiento de las personas con el diseño de políticas para estabilizar la economía.
Qué es el efecto Matilda
Su reconocimiento completa una edición en la que las mujeres han quedado fuera, de nuevo, de los premios científicos y del de Economía. Desde que se concedió por primera vez en 1969, solo tres mujeres han recibido el Nobel de Economía: Elinor Ostrom, en 2009; Esther Duflo, en 2019, y Claudia Goldin, en 2023. Tres entre 101 galardonados. Un 3 %.
Goldin recibió el premio por sus investigaciones sobre la participación de las mujeres en el mercado laboral y las causas históricas de las diferencias salariales entre hombres y mujeres. La economista pasó a formar parte de ese techo de cristal en Estocolmo. Entre 1901 y 2025, los Nobel distinguieron a mujeres en 68 ocasiones. En realidad, fueron 67 mujeres diferentes, porque Marie Curie lo recibió dos veces. En Física, en 1903, y en Química, en 1911. Con los reconocimientos a Carson y Pillay, alcanza las 70 concesiones a 69 mujeres distintas.
El origen del problema está en las universidades, los laboratorios, las oportunidades de investigación y los puestos de responsabilidad. Según los datos recogidos por la InterAcademy Partnership, solo el 19 % de las plazas de las academias nacionales de ciencias son ocupadas por mujeres. Su dificultad para llegar a las posiciones científicas más influyentes se conoce como el efecto Matilda, que refleja cómo las contribuciones de las científicas han sido históricamente infravaloradas o atribuidas a colegas masculinos.

El término fue acuñado en 1993 por la historiadora estadounidense Margaret W. Rossiter, que quiso rendir homenaje a Matilda Joslyn Gage (1826-1898), sufragista, abolicionista y pionera del feminismo que ya en 1870 había denunciado, en su ensayo Woman as Inventor, cómo los logros científicos y tecnológicos de las mujeres eran sistemáticamente ignorados o adjudicados a sus colegas masculinos. La propia Gage sufrió ese olvido histórico.
El 5 de octubre, una investigación sobre Rosalind Franklin rescató uno de los episodios más célebres de la historia de la ciencia. Un análisis de sus cuadernos de laboratorio muestra que la investigadora británica había comprendido aspectos decisivos de la estructura helicoidal del ADN al estudiar la fotografía 49, anterior a la célebre fotografía 51. Su aportación quedó ensombrecida por el relato de aquellos descubrimientos. Franklin murió en 1958, cuatro años antes de que Watson, Crick y Maurice Wilkins recibieran el Nobel.
Los Nobel de 2026 celebran a dos mujeres excepcionales que han transformado, cada una a su manera, la literatura y la justicia internacional. Pero también recuerdan que, 125 años después, el efecto Matilda proyecta su sombra sobre una ciencia y una economía en las que el reconocimiento y el prestigio tienen nombre de hombre.

