Teresa (nombre ficticio) lleva doce años intentando proteger a su hija. Durante este tiempo ha recorrido hospitales, consultas médicas y juzgados buscando una respuesta a unas sospechas de abuso sexual que comenzaron cuando la niña tenía apenas 16 meses. En ese camino se han activado protocolos, se han emitido partes judiciales y se han acumulado informes médicos y psicológicos. Sin embargo, doce años después, la principal novedad del caso no es que la Justicia haya logrado esclarecer qué ocurrió, sino que ha asumido que la adolescente está demasiado traumatizada para poder contarlo.
Las primeras alertas aparecieron cuando la niña apenas había aprendido a caminar. Desde entonces, la documentación incorporada al procedimiento refleja un recorrido marcado por exploraciones médicas, valoraciones psicológicas, derivaciones entre hospitales y sucesivas activaciones de protocolos ante la sospecha de un posible abuso sexual. A lo largo de estos años, distintos profesionales dejaron constancia de lesiones, conductas que consideraban impropias para su edad y manifestaciones de la propia niña que motivaron nuevos partes judiciales. Sin embargo, ninguna de esas actuaciones logró esclarecer definitivamente qué había ocurrido.

“Se documentan síntomas severos como el mutismo selectivo, actitud hierática y bloqueo emocional”
Los documentos incorporados al procedimiento describen también una evolución marcada por el bloqueo emocional. Desde noviembre de 2021, la adolescente es atendida en el servicio de Pediatría Social del Hospital La Paz, donde, según la cronología del caso, “se documentan síntomas severos como el mutismo selectivo, actitud hierática y bloqueo emocional”. El mismo documento añade que “en varias ocasiones, la menor entra en estado de rigidez o desconexión emocional (situación hierática) al hablar de su padre, y omite referirse a él directamente”. También recoge que llegó a manifestar que “su padre es malo”, que “le hace cosas malas” y que “no quiere estar con él”.
Ese mismo patrón aparece una y otra vez. Tras recibir el alta en Pediatría Social en enero de 2025, la cronología refleja literalmente: “La razón esgrimida por el Doctor es que como presenta mutismo selectivo (trastorno comúnmente asociado a abusos sexuales) mi hija no verbaliza explícitamente los hechos”.
Cuando el trauma impide declarar
El último informe psicológico supone un punto de inflexión. Sus conclusiones llevaron al médico forense a determinar que la adolescente no está en condiciones de declarar, que presenta trastorno de mutismo selectivo, que necesita tratamiento y que, en esas circunstancias, resulta imposible practicar su declaración. A partir de esa valoración, la jueza suspendió la exploración prevista y acordó que un psicólogo experto en trauma infantil vuelva a evaluarla dentro de seis meses para determinar si ha adquirido “la competencia y estabilidad necesarias para prestar declaración testifical”.
La decisión judicial llega después de años de diligencias e informes y cambia el rumbo de la causa. Buena parte de la investigación queda ahora en suspenso hasta que la adolescente pueda ser explorada en Cámara Gesell. El juzgado ha pospuesto, por ahora, otras diligencias solicitadas por la acusación, entre ellas las declaraciones de la madre y de varios profesionales sanitarios, a la espera de determinar si la adolescente llega a estar en condiciones de prestar declaración.
Mientras tanto, la situación de la adolescente no cambia. Continúa cumpliendo el régimen de estancias fijado judicialmente con su padre, incluidas las vacaciones escolares.

Un historial que se repite
Mientras tanto, la documentación médica siguió incorporando nuevos episodios. En noviembre de 2024, tras regresar de una estancia con su padre, la adolescente llegó al hospital “muy nerviosa y llorando de forma inconsolable, algo completamente atípico en ella”. Al día siguiente volvió a ser atendida y se emitió un nuevo parte judicial. Meses después, durante una consulta de Ginecología, el informe recoge que “a la pregunta de si ha tenido situaciones que no le gustan con el padre contesta que sí y que le gustaría que parasen”, lo que motivó la activación de un nuevo protocolo de agresión sexual.
No era la primera vez. La cronología recuerda que, años antes, cuando apenas podía expresarse verbalmente, escribió durante una exploración médica: “Havia un amigo de mi padre y me tocaron la bulva” [sic] . Aquella frase manuscrita fue incorporada al procedimiento junto al diagnóstico de “Sospecha de abuso sexual”. A lo largo de los años, las sospechas dieron lugar a nuevas exploraciones, nuevos informes y nuevas actuaciones, mientras la documentación seguía creciendo sin que la investigación lograra ofrecer una respuesta definitiva.
Doce años de indicios
Doce años después de las primeras sospechas, la investigación sigue sin responder qué ocurrió. Durante todo este tiempo, hospitales, psicólogos, médicos forenses y distintos especialistas fueron incorporando nuevas valoraciones sobre el estado de la adolescente. Hoy, la principal paradoja del caso es que buena parte de la causa depende precisamente del testimonio de quien, según los propios especialistas que la han evaluado, todavía no puede contar lo que vivió.
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