Cómo se protegen las mujeres que viajan solas

Cada vez más mujeres recurren a aplicaciones para compartir su ubicación, encontrar compañeras de viaje o pedir ayuda en caso de emergencia

Cuando una mujer decide viajar sola, rara vez prepara únicamente la maleta. Junto a la ropa, los documentos y la ilusión por descubrir nuevos lugares, suele cargar también con una lista mental de precauciones que muchos hombres ni siquiera contemplan. Compartir la ubicación en tiempo real con familiares o amigos, investigar los barrios más seguros para alojarse, evitar determinadas calles por la noche o memorizar rutas alternativas son gestos que forman parte de una rutina silenciosa que acompaña a millones de mujeres en todo el mundo.

A pesar de ello, cada vez son más las que deciden lanzarse a la aventura. El auge de los viajes en solitario entre mujeres ha impulsado la aparición de herramientas tecnológicas diseñadas específicamente para responder a una necesidad que durante años permaneció invisibilizada: viajar con mayor tranquilidad, sin renunciar a la libertad.

Seguridad y comunidad

En ese contexto han surgido aplicaciones como NomadHer, Travel Ladies, Tourlina, TripWoman, GeoSure o Bsafe, plataformas que combinan tecnología, comunidad y seguridad para ofrecer apoyo a las viajeras que recorren el mundo por su cuenta.

La historia suele comenzar de forma parecida. Una mujer aterriza en una ciudad desconocida. No conoce a nadie, apenas domina el idioma y se enfrenta a las incertidumbres propias de cualquier viaje. Sin embargo, ahora tiene la posibilidad de abrir una aplicación y encontrar a otras mujeres que están en la misma situación. Puede compartir un recorrido turístico, pedir recomendaciones, encontrar alojamiento seguro o incluso contactar con alguien que viva en el destino y esté dispuesta a ayudarla.

Travel Ladies, por ejemplo, funciona como una red social exclusiva para mujeres viajeras. Además de permitir el contacto entre usuarias, incorpora un mapa colaborativo con recomendaciones de seguridad, foros donde compartir experiencias y un sistema de alojamiento entre mujeres similar al conocido Couchsurfing. La propuesta es sencilla: transformar la experiencia individual del viaje en una red de apoyo mutuo.

Un botón de emergencia que envía la ubicación

Algo parecido ocurre con Tourlina, una aplicación que muchos describen como un “Tinder para viajeras”. Su objetivo no es encontrar pareja, sino compañeras de viaje. Las usuarias crean perfiles indicando fechas, destinos e intereses, y la plataforma las conecta con otras mujeres compatibles. El sistema de verificación manual y la necesidad de que ambas acepten el contacto buscan crear un entorno de confianza en el que compartir una aventura sin temor a interacciones invasivas.

La tecnología también ha encontrado formas de responder a situaciones de emergencia. TripWoman, creada por y para mujeres, incluye herramientas para compartir trayectos, encontrar alojamiento en casas de otras usuarias y acceder a una red global de recomendaciones. Entre sus funciones más destacadas figura un botón de emergencia que envía la ubicación y los datos de contacto de la usuaria a otras mujeres cercanas. Si no se obtiene respuesta, la aplicación puede contactar con las autoridades locales.

Por su parte, Bsafe pone el foco en la protección inmediata. Permite compartir la ubicación en tiempo real con personas de confianza y cuenta con un botón SOS que puede activarse incluso mediante comandos de voz. Además, tiene la capacidad de transmitir audio y vídeo en directo en caso de una situación de riesgo.

A estas herramientas se suma GeoSure, una aplicación que analiza datos actualizados para ofrecer información sobre los niveles de seguridad de distintos destinos. Gracias a sus sistemas de evaluación, las usuarias pueden tomar decisiones más informadas sobre dónde alojarse o qué zonas conviene evitar.

La solución a patrones de peligro

Pero detrás del éxito de estas plataformas hay una realidad que va mucho más allá de la tecnología. La psicóloga especialista en género y violencia Isidora Pasarin explica que la necesidad de estas herramientas responde a experiencias compartidas por millones de mujeres. “No es de extrañar que emerjan soluciones tecnológicas orientadas a construir comunidades entre mujeres con el propósito de resguardar la seguridad, autonomía y el derecho al libre movimiento. La primera pregunta que surge cuando queremos viajar solas es cómo hacerlo de la manera más prudente posible, es decir, disfrutar con tranquilidad, pero sin dejar de cuidarse”, señala.

Según la especialista, muchas de las conductas preventivas que las mujeres desarrollan en su vida cotidiana se intensifican durante los viajes. “Esto se refleja en los rituales cotidianos que las mujeres realizamos cada vez que nos movilizamos en solitario, ya sea en un taxi, caminando de vuelta a casa o en una primera cita. Avisamos a alguien de confianza y compartimos nuestra ubicación. En el contexto de los viajes, esta práctica se amplifica y se convierte en un ejercicio de planificación permanente”, explica.

El problema nunca ha sido viajar; el problema es ser mujer en una sociedad patriarcal

Pasarin insiste en que el problema no está en viajar, sino en las condiciones sociales que obligan a muchas mujeres a permanecer en estado de alerta. “Detrás de todo esto existe una explicación social de peso: las mujeres enfrentamos una mayor vulnerabilidad frente a delitos como el acoso, el robo y los abusos de carácter sexual cuando hacemos turismo. También es importante precisar que el problema nunca ha sido viajar; el problema es ser mujer en una sociedad patriarcal que reconocemos que nos violenta, pero que, aun así, decidimos hacerle frente y cumplir metas personales, como es viajar por el mundo”.

Aunque ninguna aplicación puede eliminar completamente los riesgos, la psicóloga considera que sí contribuyen a reducir la sensación de vulnerabilidad. “Es importante aclarar que ninguna herramienta puede garantizar nuestra seguridad al cien por ciento. El riesgo, lamentablemente, siempre existe. Sin embargo, contar con una plataforma que permita conectar con otras mujeres que comparten los mismos intereses reduce considerablemente esa exposición. Funciones como un botón de pánico vinculado a redes de apoyo o autoridades locales no solo disminuyen el riesgo objetivo, sino que generan una sensación de seguridad que nos habilita a disfrutar, vivir el momento y dejar de pensar en posibles peligros”.

Cuidado mutuo

Esa sensación de acompañamiento tiene además un impacto psicológico profundo. “Cuando se está en compañía de otras mujeres que se reúnen bajo un mismo propósito, algo más profundo ocurre. El sistema nervioso se regula y el vínculo con otras puede ser, en sí mismo, la garantía suficiente para que una experiencia de viaje deje de ser fuente de ansiedad y se convierta en lo que siempre debió ser: una experiencia invaluable”, afirma.

Porque, en el fondo, estas aplicaciones no solo hablan de seguridad. También hablan de libertad. Viajar sola supone enfrentarse a lo desconocido, descubrir nuevas culturas y ampliar horizontes personales. “Viajar sola suele abrir puertas inesperadas que benefician a nivel psicológico, tales como conexiones con personas de otras culturas, miradas distintas y experiencias que amplían el mundo interno de quien se atreve a moverse sin compañía. Cuando a eso se suma la posibilidad de conectar con otras mujeres a través de una aplicación diseñada para el cuidado mutuo, la experiencia se potencia”, sostiene Pasarin.

Quizá por eso el verdadero valor de estas plataformas no se encuentre únicamente en sus mapas, algoritmos o botones de emergencia. Su importancia radica en que permiten que más mujeres se animen a ocupar espacios que durante mucho tiempo les parecieron inaccesibles.

“Sería ideal no necesitar recurrir a ninguna tecnología para poder movernos tranquilas. Que estas aplicaciones existan y sean necesarias nos recuerda que el mundo sigue siendo profundamente violento con las mujeres. Mientras la sociedad no garantice condiciones reales de igualdad y seguridad para nosotras, estas herramientas son mucho más que aplicaciones, son una forma de resistencia. Viajar sola, moverse sin pedir permiso, ocupar el mundo con autonomía, sigue siendo un acto político y de empoderamiento”.