La visita del Papa ha servido de bálsamo para que los españoles olvidáramos por una semana la España de la corrupción y la polarización, pero, con la marcha de León XIV, se ha impuesto ya la vuelta a la dura realidad, la de la podredumbre que rodea a un Gobierno que sigue sin dar una explicación convincente a todos los escándalos que le afectan.
Ayer volvimos a conocer un nuevo informe de la UCO que confirma que Santos Cerdán conocía y dirigía presuntamente toda esa trama ejecutada por Leire Díez, Jacobo Teijelo y otros, para intentar acabar con los jueces, fiscales y guardias civiles que investigaban los casos contra el Gobierno, el PSOE y el entorno de Sánchez. Este informe deja claro que, lejos de colaborar con la justicia, como repiten una y otra vez desde Ferraz y Moncloa, los socialistas se dedicaron a socavar los cimientos del estado con una trama pagada, además, por el propio PSOE por orden de su secretario de Organización. El cerco contra el partido se estrecha cada vez más, y es lógico pensar que, más pronto que tarde, acabará imputado.
Este nuevo informe desmiente, además, que los encuentros entre Leire Díez y la directora general de la guardia Civil, Mercedes González, fueran inocentes o ajenos a la trama criminal que ha descrito el juez Pedraz. La fontanera hasta se jugó una comida con ella a que las filtraciones contra Ábalos venían de la UCO, y ambas intercambiaron mensajes (pertinentemente borrados) justo antes de que la Guardia Civil abriera una investigación interna contra tres agentes de esa Unidad. Con este informe no se entiende como González puede seguir presidiendo un día más el cuerpo, o sí, si asumimos que, su dimisión supondría reconocer la participación de la cúpula de la Benemérita en las cloacas del estado. Estos días es llamativo, además, el papelón que está jugando el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que se enmienda a sí mismo la plana día sí, día no, con desmentidos constantes y balbuceos. Lo que hacen algunos por seguir en el Gobierno…
Y qué decir también del papel de la Fiscalía General del Estado, y de sus dos últimos máximos exponentes, Álvaro Garcia Ortiz y Teresa Peramato, que están demostrando que la famosa frase de Sánchez de: “¿de quién depende la Fiscalía?, es con ellos, más realidad que nunca.
Mención aparte merece también la defensa a ultranza que algunos están haciendo de Rodríguez Zapatero y de sus joyas valoradas en 1,3 millones de euros. Su portavoz, Luis Arroyo, ha tenido que reconocer que se equivocó al creer que, como dijo el expresidente, esos collares estaban valorados en un máximo de 50.000 euros. Vamos, había añadido, de cosecha propia, “que no eran las joyas de Sissi”. El exministro Miguel Sebastián ha ido más lejos al considerar normal que un presidente del Gobierno recibiera ese tipo de regalos en sus viajes. ¿También era normal que no los declarara? O sea, ¿que Hacienda puede perseguir al contribuyente por los regalos de boda no declarados, o por lo recaudado en Wallapop o en Vinted si supera los 2000 euros, pero con esto no pasa nada? Recordemos además la que se montó en España con los trajes de Paco Camps, que costaron poco más de 7.000 euros.
Con el paso del tiempo se demostrará la indignidad de todos los que han defendido la corrupción y a los corruptos. Como dijo en cierta ocasión la ex congresista republicana, Liz Cheney, al pedir a sus compañeros que no defendieran los comportamientos indefendibles del presidente norteamericano: “Trump se irá, pero vuestro deshonor permanecerá”.

