Gafas violetas

‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ y la misoginia detrás del monstruo de la enfermera Ratched

La obra maestra de Miloš Forman regresa al Festival de San Sebastián medio siglo después de su estreno: su denuncia del autoritarismo conserva toda la fuerza, aunque convierte a una mujer con poder en una pesadilla masculina

'Alguien voló sobre el nido del cuco' y la misoginia detrás del monstruo de la enfermera Ratched
'Alguien voló sobre el nido del cuco' y la misoginia detrás del monstruo de la enfermera Ratched
Montaje: kiloycuarto

Cuando Randle McMurphy entra en el hospital psiquiátrico de Oregón, la película ya ha decidido a quién debemos querer y a quién debemos temer. Él es ruidoso, imprevisible, divertido y desafiante. La enfermera Mildred Ratched habla en voz baja, lleva el uniforme perfectamente planchado y dirige la sala con una cortesía que apenas disimula su crueldad. Entre ambos se establece el conflicto central de Alguien voló sobre el nido del cuco, la película de Miloš Forman (basada en la novela de Ken Kesey) que el Festival de San Sebastián recupera este año dentro de Klasikoak. Estrenada en 1975 y ganadora de los cinco grandes Oscar —película, dirección, actor, actriz y guion—, continúa siendo una poderosa denuncia del abuso psiquiátrico y de las instituciones que doblegan a quienes se apartan de la norma. Vista con gafas violetas, también revela hasta qué punto aquella rebelión masculina necesitaba fabricar una mujer monstruosa.

McMurphy, interpretado por Jack Nicholson, llega al centro después de fingir una enfermedad mental para evitar los trabajos forzados de la prisión. Su historial incluye varias detenciones por agresión y una condena por mantener relaciones sexuales con una adolescente de 15 años, un dato que la película menciona sin permitir que altere demasiado nuestra simpatía hacia él. La menor desaparece inmediatamente del relato. El hombre condenado por abusar sexualmente de una chica se convierte en una encarnación de la libertad, mientras la mujer que establece horarios, limita los cigarrillos y dirige las sesiones terapéuticas queda fijada como una de las grandes villanas del cine.

Fotograma de la película 'Alguien voló sobre el nido del cuco'
Fotograma de la película ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’

Ratched merece buena parte del rechazo que provoca. Humilla a los pacientes, utiliza sus confidencias para controlarlos y disfraza sus represalias de decisiones clínicas. Su violencia alcanza su expresión más devastadora en Billy Bibbit, un joven vulnerable al que amenaza con contarle a su madre que ha pasado la noche con una mujer. Ratched conoce su miedo, sabe qué palabras pueden destruirlo y las emplea deliberadamente. Billy se suicida poco después. Una lectura feminista de la película no exige absolverla ni transformar el autoritarismo en virtud porque lo ejerza una mujer. Obliga, en cambio, a observar cómo está construida su maldad y por qué el relato necesita asignarle un sexo.

La enfermera representa una institución administrada en gran parte por hombres. Los médicos deciden mantener ingresado a McMurphy y autorizan los electrochoques y la lobotomía, pero el rostro que concentra el odio del espectador pertenece a una mujer. Ella ejerce el poder cotidiano, vigila los cuerpos, regula el placer y exige obediencia. Su autoridad adquiere así una dimensión sexual: Ratched encarna el temor a la mujer que puede decirles a los hombres cuándo deben hablar, cuánto pueden fumar, qué música escucharán y hasta dónde llegará su libertad.

Ken Kesey había llevado esta asociación mucho más lejos en la novela publicada en 1962. El narrador describe a Ratched mediante imágenes que mezclan la autoridad profesional con el miedo al cuerpo femenino. Su pecho, oculto bajo el uniforme, aparece como algo que debe contener para conservar el control. Forman y Louise Fletcher eliminaron parte de esa caricatura y construyeron una mujer menos estridente, cuya amenaza procede precisamente de su aparente serenidad. Fletcher afirmó que nunca interpretó a Ratched como una criatura malvada, sino como alguien convencido de que su forma de dirigir la sala era la correcta. Esa contención hizo al personaje más complejo, pero también contribuyó a convertirlo en una figura universal de la mujer fría, castradora y desprovista de instinto maternal.

Alguien voló sobre el nido del cuco - Cultura
Portada de la novela ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, de Ken Kesey
Anagrama

Las otras mujeres apenas ofrecen una alternativa. Candy y Rose entran en el hospital como acompañantes sexuales de McMurphy y su función consiste en proporcionar alcohol, diversión y acceso al sexo. Candy se convierte en una suerte de tratamiento improvisado para Billy: acostarse con ella es presentado como el rito que puede curar su timidez y hacerlo hombre. La madre de Billy nunca aparece, aunque su influencia se utiliza como amenaza. Entre la enfermera que reprime y las jóvenes que complacen, la película distribuye a las mujeres según una oposición muy antigua: quienes permiten el deseo masculino son luminosas; quien lo restringe se convierte en enemiga.

Alguien voló sobre el nido del cuco tampoco supera el test de Bechdel en su aplicación habitual. No presenta una conversación sustancial entre dos mujeres identificadas que trate sobre un asunto ajeno a los hombres. La ausencia resulta comprensible dentro de una historia ambientada en una sala psiquiátrica masculina, pero confirma que las mujeres solo existen en relación con los internos: para vigilarlos, avergonzarlos, acostarse con ellos o permanecer como una presencia materna que condiciona sus vidas.

El desenlace concentra la misoginia que recorre la lucha entre McMurphy y Ratched. Después del suicidio de Billy, él se abalanza sobre la enfermera, le arranca la parte superior del uniforme y trata de estrangularla. El ataque expone su cuerpo antes de arrebatarle la voz. Louise Fletcher contó que, durante el estreno, el público celebró aquella agresión. Ratched sobrevive con un collarín y ya no puede hablar con la misma autoridad; McMurphy ha sido lobotomizado y termina convertido en mártir. La libertad de los hombres queda simbólicamente restaurada cuando la mujer que los controlaba pierde la voz.

La enfermera Ratched sujeta a un paciente en la película 'Alguien voló sobre el nido del cuco'
La enfermera Ratched sujeta a un paciente en la película ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’

La interpretación de Fletcher impide que el personaje se reduzca por completo al estereotipo. Su trabajo le valió el Oscar y convirtió a Ratched en la quinta mayor villana de la historia del cine según el American Film Institute. La actriz, que había interrumpido su carrera durante una década para criar a sus hijos, agradeció el premio a sus padres sordos mediante lengua de signos, uno de los discursos más recordados de la Academia. Su propia biografía remite a las renuncias exigidas a tantas intérpretes mientras sus compañeros podían mantener carreras continuadas.

Cincuenta años después, la película conserva su capacidad para mostrar cómo una institución destruye la identidad bajo el lenguaje de la protección y la medicina. Su punto ciego aparece en la manera de representar esa autoridad: los hombres que diseñan y sostienen el sistema quedan en segundo plano, mientras una enfermera concentra toda su perversidad. Ratched es responsable de sus actos, pero el monstruo que ha permanecido en la memoria colectiva también fue construido a partir de un miedo reconocible: el miedo a una mujer que manda y no ha sido escrita para cuidar, seducir ni obedecer.

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