En las primeras horas del 26 de julio, el distrito histórico de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, vivirá una transformación poco habitual en sus siglos de historia. Spencer Tunick, el artista neoyorquino que lleva más de tres décadas explorando la relación entre el cuerpo humano y el espacio público, vuelve a España para llevar a cabo un proyecto que describe como un “sueño”. Su nueva intervención, titulada Gran Spectrum, reunirá a cientos de participantes en una instalación viviente inspirada en los colores de las banderas LGTBIQA+.
Tunick, nacido en 1967 y residente en Brooklyn, ha dedicado su carrera a trabajar en el límite entre el arte, la desnudez colectiva y el orden público. En los noventa empezó a tomar retratos individuales de desnudos en las calles de Nueva York, casi siempre a primera hora de la mañana, cuando la ciudad aún dormía. Aquellas primeras acciones no estuvieron libres de riesgo: fue detenido varias veces durante sus intervenciones. Con el tiempo, al ver crecer la lista de personas dispuestas a participar —desde camareros hasta empleados de videoclubes—, entendió que fotografiarlas una a una le llevaría una vida entera. Esa intuición lo condujo a su primer retrato de grupo frente a la sede de Naciones Unidas, donde posaron 28 personas. Desde entonces, Tunick se ha convertido en un fenómeno global, con instalaciones multitudinarias que han reunido a cerca de 20.000 participantes en Ciudad de México y a miles más en ciudades como Barcelona, Sídney o Londres.
Ahora, su objetivo es Gran Canaria. La intervención no es una simple parada en una gira, sino una elección deliberada. Tunick se refiere a la isla como “la mejor del mundo” para este proyecto, por su energía volcánica y por su larga reputación como refugio para la comunidad LGTBIQA+. Para el artista, Gran Canaria es un espacio vivo donde naturaleza, cultura y cuerpo pueden encontrarse en una misma imagen.
Un espectro de visibilidad
Gran Spectrum forma parte del festival Culture & Business Pride 2026, con el apoyo del Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias. Por primera vez en su carrera, Tunick utilizará los colores asociados a las distintas banderas LGTBIQA+, aplicados sobre los cuerpos de los voluntarios para crear un arcoíris humano. La intención es transformar los cuerpos individuales en una imagen colectiva de visibilidad, diversidad y presencia compartida.
La elección tiene una dimensión política evidente. Aunque Tunick recuerda que no todos sus proyectos nacen vinculados a una causa concreta, considera que el clima actual, especialmente en Estados Unidos, exige una respuesta. “En Estados Unidos hay una gran desinformación sobre el colectivo LGTBIQA+, mucho odio y mentiras”, explicó en una entrevista con Canarias Ahora. Gran Spectrum aparece así como una forma de responder a ese relato desde una imagen positiva, pública y comunitaria.
El artista define su obra como un híbrido de fotografía, escultura y performance. Al reunir cuerpos desnudos en un espacio público, la desnudez individual pierde parte de su carga erótica y se integra en una composición más abstracta. “Diría que lo que hago son pinturas abstractas con cuerpos en el espacio público”, explica Tunick. Aun así, reconoce que “el desnudo es político, y en la masa se multiplica ese efecto”.

El alma del trabajo: los voluntarios
El éxito de Gran Spectrum dependerá de la participación de vecinos y visitantes. La organización ha lanzado una convocatoria abierta a voluntarios de todos los géneros, lugares de origen y complexiones, bajo una idea sencilla: cada persona cuenta. Para Tunick, los participantes no son solo modelos, sino “la pintura y el alma” de la obra. A diferencia de un músico que puede ensayar una canción antes de salir al escenario, el artista debe llegar a un lugar nuevo, ganarse la confianza de la comunidad y construir la imagen desde cero.
Quienes participen deberán acudir a primera hora de la mañana, desnudarse por completo y cubrirse el cuerpo de pintura. Es un proceso que exige confianza, disponibilidad y una cierta entrega colectiva. Como gesto de agradecimiento, cada voluntario recibirá una fotografía de edición limitada de la intervención, una forma de conservar una pieza de la obra que ayudó a crear.
Aunque Tunick prefiere reservar las cifras exactas hasta el día de la sesión, se espera la participación de unas 450 o 500 personas. El centro histórico de Las Palmas, con el barrio de Vegueta y el entorno de la Catedral de Santa Ana como escenarios principales, servirá de fondo para la intervención.
Una vida dedicada al arte
Pese a su fama internacional, Tunick mantiene una forma de trabajo modesta en Nueva York, desde un estudio sin empleados. Atribuye buena parte de su trayectoria a su esposa y compañera, Kristin, pintora y diseñadora gráfica, a quien describe como su “comisaria”. Juntos forman un equipo pequeño que produce obras de gran escala. Tunick parece menos interesado en la fama personal que en la continuidad de una visión artística que ha defendido durante décadas.
También se ha convertido en un defensor de los derechos de los artistas en la era digital. Cofundó la plataforma Don’tDelete.Art para denunciar la censura del cuerpo humano en redes sociales como Instagram. “Hay demasiado odio hacia la gente de mente abierta”, sostiene. Para Tunick, el desnudo colectivo sirve para empujar los límites de lo visible y reafirmar el derecho a existir en el espacio público sin vergüenza.

Impacto económico y cultural
Para Canarias, acoger una intervención de Spencer Tunick supone algo más que un acontecimiento artístico. También forma parte de una estrategia para diversificar su modelo turístico. Frente a la imagen tradicional de destino de sol y playa, las islas buscan reforzar su perfil cultural e inclusivo. Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria, ha destacado que la obra proyecta al exterior valores como la igualdad, la diversidad, la justicia social y la dignidad humana.
Las implicaciones económicas también forman parte del cálculo institucional. El Gobierno de Canarias estima que acontecimientos culturales de este tipo generan un retorno de 157 euros por cada 100 euros de fondos públicos invertidos. Al atraer atención internacional e involucrar tanto a vecinos como a turistas, Gran Spectrum funciona también como escaparate de una identidad insular abierta y acogedora.
Un momento efímero de euforia colectiva
Cuando la cámara dispare en la mañana del 26 de julio, los participantes vivirán lo que Tunick describe como un “relámpago de energía”: un instante breve de euforia colectiva que quedará fijado en la fotografía. Para quienes posen en la plaza, desnudos y pintados con los colores del arcoíris, la experiencia tendrá algo de rito compartido: las jerarquías sociales se suspenden por un momento y el cuerpo aparece como materia común.
Cuando se publique la imagen final, surgirán preguntas inevitables: quiénes son esas personas, de dónde vienen, qué las llevó hasta allí. Para Spencer Tunick, la respuesta está en el propio título de la obra. Son el espectro. Representan la belleza de una sociedad que permite la diferencia y la valentía de quienes deciden hacerse visibles en un mundo que todavía empuja a muchos a esconderse. En el corazón de Gran Canaria, Gran Spectrum aspira a ser un monumento fugaz a esa libertad.

