Así es ‘Taiwan Travelogue’, la novela dentro de la novela que ha ganado el Booker Prize

La novela taiwanesa 'Taiwan Travelogue' combina deseo, memoria colonial y traducción para construir una de las obras literarias del año

Yang Shuang-zi - Cultura
Yang Shuang-zi (i), autora de 'Taiwan Travelogue', y la traductora Lin King (d) durante los premios.
EFE/David Cliff

Hay novelas que cuentan una historia y novelas que esconden otra debajo, como si el lector tuviera que ir levantando capas hasta descubrir que nada era exactamente lo que parecía. Taiwan Travelogue, de Yang Shuang-zi, pertenece a esa segunda familia. La obra, traducida al inglés por Lin King, acaba de ganar el International Booker Prize 2026 y ha convertido a su autora en la primera escritora taiwanesa en conseguir este reconocimiento. También es la primera novela traducida del chino mandarín que obtiene el premio.

Publicada originalmente en Taiwán en 2020, Taiwan Travelogue ya había hecho historia en 2024 al ganar el National Book Award estadounidense en la categoría de Literatura Traducida. Aquel premio la situó en el mapa internacional. El Booker la ha terminado de consagrar como una de las novelas asiáticas más importantes del momento.

La premisa parece sencilla. Aoyama Chizuko, una novelista japonesa, viaja a Taiwán en 1938 para impartir conferencias y escribir artículos de viaje para publicaciones de su país. La acompaña O Chizuru, una traductora taiwanesa brillante, culta y profundamente consciente de las tensiones que atraviesan la isla. Lo que empieza como una crónica de desplazamiento se convierte pronto en algo más incómodo: una historia sobre cómo mira quien viaja, cómo traduce quien vive bajo dominación y qué queda oculto cuando una cultura convierte a otra en paisaje.

Una novela de viajes atravesada por el colonialismo

La gran fuerza de Taiwan Travelogue está en el momento histórico que elige. La acción se sitúa en 1938, cuando Taiwán era colonia japonesa. Chizuko no llega a una isla neutral, sino a un territorio sometido por el imperio de su propio país. Su mirada de visitante culta, curiosa y aparentemente sensible está marcada por una relación de poder que no siempre comprende.

Yang Shuang-zi juega con esa tensión desde el principio. Chizuko quiere conocer Taiwán, probar su comida, recorrer sus ciudades, escribir sobre sus paisajes y dejarse acompañar por alguien que pueda explicarle la complejidad cultural de la isla. Pero su viaje no se puede separar de la estructura colonial que lo hace posible. Ha sido invitada oficialmente, se mueve dentro de una red institucional japonesa y observa el territorio desde una posición privilegiada.

Ahí aparece Chizuru, la traductora. Es ella quien entiende los matices, los códigos y las contradicciones. También es quien debe decidir hasta qué punto traduce, suaviza, corrige o resiste la mirada de la escritora japonesa. En Taiwan Travelogue, traducir no es pasar palabras de un idioma a otro. Es negociar con el poder.

La traducción como forma de resistencia

Taiwan Travelogue - Cultura
Portada de la novela de Yang Shuang-zi.
Booker Prize

La novela convierte la traducción en su gran tema literario. Chizuru domina la lengua y la cultura del colonizador, pero ese dominio no la libera por completo. Al contrario: la coloca en una posición ambigua. Puede comunicarse con Chizuko, puede interpretar Taiwán para ella, puede manejar las herramientas culturales del imperio. Pero también corre el riesgo de convertirse en instrumento de esa misma dominación.

Yang Shuang-zi construye Taiwan Travelogue como una especie de muñeca rusa textual. El libro se presenta como si fuera la traducción de una novela japonesa escrita por Chizuko años después de su viaje. Según ese juego literario, la obra habría sido publicada en Japón en 1954 y traducida al mandarín en distintas ocasiones, primero por la propia Chizuru y más tarde por Yang. La novela incluye notas, posfacios y capas de traducción que mezclan lo ficticio y lo real hasta hacer que el lector dude de la estabilidad del texto.

La propia traductora al inglés, Lin King, ha señalado la ironía de trabajar con una novela taiwanesa que finge ser la traducción taiwanesa de una novela japonesa. Ese laberinto no es un mero truco formal. Es el corazón del libro. Taiwan Travelogue pregunta quién cuenta la historia, en qué lengua se conserva, qué se pierde al traducirla y qué puede recuperarse precisamente gracias a esa traducción.

Comida, deseo y poder en ‘Taiwan Travelogue’

Uno de los elementos más llamativos de Taiwan Travelogue es su manera de usar la comida. La novela está llena de conversaciones sobre platos, ingredientes, sabores y costumbres culinarias. A primera vista, podrían parecer detalles de color local, propios de una literatura de viajes muy sensorial. Pero en manos de Yang Shuang-zi funcionan como otra cosa.

La comida se convierte en un idioma paralelo. A través de ella, Chizuko y Chizuru se acercan, se observan y se desean. La tensión erótica entre ambas rara vez se formula de manera directa, pero atraviesa sus desplazamientos, sus comidas y sus silencios. El deseo aparece filtrado por la cortesía, por la traducción y por la desigualdad histórica entre las dos mujeres.

Ese es uno de los grandes hallazgos de la novela: nada es inocente. Ni un kimono regalado, ni una invitación a mirar los cerezos en flor, ni una recomendación sobre el futuro. Cada gesto puede ser leído como amistad, seducción, imposición cultural o paternalismo colonial. Taiwan Travelogue brilla precisamente porque se niega a cerrar esas ambigüedades.

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