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Diez años después, ‘Vaiana’ vuelve al cine: ¿qué queda de la princesa feminista de Disney?

El estreno de la nueva versión en acción real devuelve a los cines a la heroína con la que Disney quiso romper su propio modelo de princesa

Diez años después, 'Vaiana' vuelve al cine: ¿qué queda de la princesa feminista de Disney?
Diez años después, 'Vaiana' vuelve al cine: ¿qué queda de la princesa feminista de Disney?
Montaje: kiloycuarto

Vaiana vuelve al cine este miércoles 8 de julio. Diez años después del estreno de la película de animación, Disney recupera en acción real a una de las protagonistas que marcaron el cambio de rumbo de su fábrica de princesas: una adolescente polinesia destinada a gobernar su pueblo, sin interés amoroso, sin vestido de gala y sin un hombre al que encontrar al final del viaje. Catherine Laga’aia toma ahora el relevo de la heroína animada y Dwayne Johnson vuelve a interpretar a Maui, el semidiós que la acompaña en su travesía.

En 2016, buena parte de la conversación alrededor de Vaiana se concentró en una idea: Disney había creado, por fin, una princesa que no necesitaba un príncipe. La propia película se ríe de la etiqueta. Cuando Maui descubre que la joven es hija del jefe de Motunui, concluye que debe de ser una princesa. Vaiana protesta, y él señala entonces a Heihei, el gallo que la acompaña, y dicta sentencia: si llevas vestido y tienes un compañero animal, eres una princesa.

La broma funcionaba porque Disney conocía perfectamente el molde que estaba desmontando. Vaiana no espera que nadie llegue a su isla para cambiar su vida, es ella quien cruza el arrecife prohibido, aprende a navegar, se enfrenta a monstruos y devuelve el corazón de Te Fiti para salvar a su comunidad. Su destino tampoco termina en el matrimonio, sino al frente de su pueblo.

'Vaiana' se estrena en 'real action' el 8 de julio
‘Vaiana’ se estrena en ‘real action’ el 8 de julio

Vista diez años después, la película conserva buena parte de la fuerza que la convirtió en una referencia para una generación de niñas. También obliga a formular una pregunta: ¿basta con quitar al príncipe para convertir a una princesa en feminista?

La respuesta empieza en el propio cuerpo de Vaiana. Frente a las cinturas imposibles, los zapatos de cristal y la feminidad ornamental de buena parte del canon clásico de Disney, la protagonista tiene piernas fuertes, pies anchos y un cuerpo preparado para moverse. Corre, rema, escala, cae, se moja y gobierna un barco. Su ropa no espera una transformación que la convierta en una versión más deseable de sí misma. Tampoco hay una escena en la que deba descubrir su belleza para completar su crecimiento.

La película evita, además, uno de los mecanismos más persistentes del cine dirigido a las niñas: hacer del amor romántico el horizonte natural de la protagonista. Vaiana no tiene novio, no busca uno y nadie parece preocupado por ello. Su relación principal con un hombre es la que mantiene con Maui, y el relato no introduce tensión sexual entre ambos. Él es adulto, enorme, vanidoso y poderoso. Ella es adolescente. La película permite que viajen juntos, discutan, se necesiten y se transformen mutuamente sin convertir esa proximidad en romance.

Imagen de la película ‘Vaiana 2’.

Ese detalle sigue siendo más excepcional de lo que debería. Durante décadas, las heroínas infantiles aprendieron que cualquier hombre que ocupara suficiente espacio en una historia podía terminar convertido en pareja. Vaiana rompe esa expectativa y concede a su protagonista un viaje cuyo centro es la identidad.

También importa que la película no construya su rebeldía a costa de despreciar a otras mujeres. Vaiana no es fuerte porque sea “distinta de las demás”. Su principal vínculo afectivo es con su abuela Tala, la persona que reconoce antes que nadie el deseo que la joven intenta reprimir. Es ella quien guarda la memoria del pueblo, conoce la historia de los navegantes y empuja a su nieta hacia el mar.

Tala ocupa un lugar poco habitual en el cine de princesas. Es una mujer anciana con conocimiento, humor, libertad y autoridad espiritual. No necesita desaparecer del relato para que una figura masculina entregue a la heroína la clave de su destino. Incluso después de su muerte, su presencia acompaña a Vaiana cuando esta está a punto de abandonar.

La genealogía femenina continúa con Te Fiti y Te Kā. El gran enemigo de la película resulta ser una diosa a la que le han arrancado el corazón. La monstruosidad no era su naturaleza, era la consecuencia de una violencia. Vaiana vence cuando comprende esa historia, camina hacia Te Kā y le devuelve aquello que Maui le había robado.

Tala es la abuela de Vaiana
Tala es la abuela de Vaiana

La escena invierte el desenlace habitual de la aventura épica. La heroína no destruye al monstruo, sino que, oh sorpresa, lo reconoce: “Sé quién eres”, le dice antes de acercarse. El gesto contiene una idea poderosa sobre la ira femenina: detrás de la criatura temida existe alguien despojado de una parte de sí misma.

Pero esa misma metáfora merece una lectura crítica. Te Fiti es una figura femenina asociada a la fertilidad, la creación, la naturaleza y la capacidad de dar vida. Cuando pierde el corazón se convierte en furia; cuando lo recupera vuelve a ser una presencia verde, fértil y maternal. La película rompe algunos estereotipos mientras conserva otros muy antiguos: la mujer como tierra, madre y fuente de vida; la ira femenina como estado que debe ser reparado para recuperar la armonía.

Maui introduce otra contradicción. Vaiana es la protagonista, aunque él ocupa una cantidad enorme de espacio físico y narrativo. Habla más alto, presume, interrumpe, se atribuye méritos y empieza tratando a la joven como una admiradora. Su canción de presentación, De nada, convierte su ego en espectáculo. Durante parte del viaje, Vaiana necesita además que él le enseñe a navegar.

La película sabe que Maui representa una forma de masculinidad construida alrededor de la fuerza y el reconocimiento. Su cuerpo está cubierto por los logros que ha realizado para los seres humanos y su autoestima depende de un anzuelo mágico que le permite transformarse. Cuando lo pierde, se siente inútil. Bajo el personaje más musculoso de la historia aparece un hombre abandonado por sus padres que ha dedicado su existencia a conseguir la aprobación de los demás.

Vaiana y Maui en la película 'Vaiana'
Vaiana y Maui en la película ‘Vaiana’

Vaiana no lo cura con amor romántico ni se convierte en su recompensa, pero le obliga a revisar su comportamiento, se enfrenta a él y continúa sola cuando Maui la abandona. El momento decisivo de la película llega precisamente entonces. Sin semidiós, sin abuela y sin nadie que le diga qué hacer, Vaiana recupera el corazón del océano y pronuncia su propio nombre.

Su autonomía, sin embargo, tiene límites. La estructura que sostiene la película sigue siendo la del viaje del héroe codificado durante décadas alrededor de protagonistas masculinos: llamada a la aventura, rechazo inicial, mentor, pruebas, caída y regreso transformado. Disney cambió el sexo de quien ocupa el centro, aunque mantuvo buena parte del mapa.

También queda una ausencia importante. La película ofrece varios personajes femeninos relevantes, pero la mayor parte del viaje transcurre entre Vaiana y Maui. Su madre, Sina, tiene una presencia secundaria. Las mujeres de Motunui aparecen como parte de la comunidad, sin apenas individualidad. La amistad entre chicas, uno de los grandes espacios de construcción de la identidad femenina, queda fuera de la historia.

El test de Bechdel permite observar esa limitación. Vaiana supera con claridad el primer requisito: hay varias mujeres con nombre, entre ellas Vaiana, Tala y Sina. También mantiene conversaciones entre ellas. Y hablan de asuntos que no son hombres: el mar, el liderazgo, la historia de su pueblo, el miedo, la identidad y el futuro. La película pasa, por tanto, los tres criterios. El resultado, como siempre, no certifica que una obra sea feminista, aunque ayuda a medir cuánto espacio concede a las mujeres fuera de su relación con los hombres.

La segunda parte de 'Vaiana' reformula la clásica mitología de las princesas disney en relatos de emancipación y autoafirmación femenina
La segunda parte de ‘Vaiana’ reformula la clásica mitología de las princesas disney en relatos de emancipación y autoafirmación femenina

Diez años después, Vaiana sigue siendo una película importante en la historia reciente de Disney. Su protagonista tiene poder sin masculinizarse, lidera sin casarse y termina su aventura sin recibir un beso. El relato coloca además a una niña racializada en el centro de una superproducción y vincula su identidad a una cultura y a una genealogía que habían tenido muy poco espacio en el canon de la compañía.

Llamarla “la princesa que no necesita un príncipe”, sin embargo, se queda corto. La ausencia de novio fue la ruptura más visible, aunque no la única ni necesariamente la más profunda. Vaiana hereda el conocimiento de su abuela, descubre una historia que había sido silenciada, se enfrenta a un hombre que intenta decidir por ella y aprende a gobernar sin renunciar al deseo que la empuja fuera de los límites impuestos.

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