El libro que todo el mundo compra y casi nadie termina

Un índice matemático reveló cuántas páginas lee realmente la gente de este bestseller: las cifras son demoledoras

Libro que nadie termina - Cultura
Una imagen simbólica del libro que nadie termina.
Artículo14/Grok

Hay libros que se compran por miles, se regalan en Navidad, ocupan un lugar de honor en la estantería del salón… y jamás se terminan. El caso más citado por críticos, matemáticos y editores de todo el mundo es Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking, considerada por muchos “la obra más abandonada de todos los tiempos”.

El bestseller que nadie termina

Publicado en 1988, Breve historia del tiempo se convirtió en un fenómeno editorial casi inmediato. Vendió millones de copias en todo el mundo y permaneció durante años en las listas de más vendidos, un logro insólito para un libro de divulgación científica sobre cosmología, agujeros negros y la naturaleza del universo. El problema es que comprarlo y leerlo resultaron ser dos cosas completamente distintas.

Pese a que Hawking lo escribió con la intención explícita de acercar la física a un público sin formación técnica, el contenido terminó siendo demasiado denso para el lector medio. Tanto fue así que, diecisiete años después de su publicación, el propio Hawking sacó una versión “aligerada” del libro, titulada Brevísima historia del tiempo, elaborada junto a un colega con el objetivo declarado de hacerla realmente accesible.

Cómo se mide que un libro se abandona

La prueba de que este fenómeno no es solo una percepción llegó en 2014, cuando el matemático Jordan Ellenberg, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, ideó lo que bautizó como el Índice Hawking, un homenaje (con cierta ironía) al propio físico. Ellenberg partió de una hipótesis sencilla: si los lectores de Kindle marcan pasajes destacados a lo largo de todo un libro, es señal de que llegan hasta el final; si esas marcas se concentran solo en las primeras páginas, es señal de que la mayoría abandona antes de completarlo.

El cálculo tomaba la ubicación media de los cinco pasajes más subrayados de un libro y la dividía entre el número total de páginas. Cuanto menor era el resultado, más lectores habían tirado la toalla a mitad de camino. El propio Ellenberg reconocía que se trataba de un método “seudocientífico” y hecho por diversión, pero sus resultados resultaron reveladores.

Los números que lo confirman

Breve historia del tiempo - Cultura
Portada de la obra de Stephen Hawking.
Alianza

Según distintas estimaciones basadas en este índice, la mayoría de los lectores de Breve historia del tiempo no supera el 6,6% del libro antes de abandonarlo. Es decir: se leen apenas las primeras páginas de introducción antes de que la complejidad del contenido —agujeros negros, teoría de cuerdas, relatividad— haga que el libro termine criando polvo en la mesilla de noche.

El propio Ellenberg situó a Hawking en buena compañía a la hora de publicar su ranking original en el Wall Street Journal. Entre los ejemplos que citó estaban Hard Choices, de Hillary Clinton, abandonado en apenas el 1,9% de su contenido, o El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, uno de los ensayos económicos más vendidos de la década, del que la mayoría de lectores solo llegaba a leer un 2,4%. La conclusión de Ellenberg fue clara: los grandes bestsellers de no ficción tienden a registrar las tasas de abandono más altas, precisamente porque mucha gente los compra por su relevancia cultural, no porque tenga intención real de leerlos de cabo a rabo.

¿Por qué compramos libros que no vamos a terminar?

La explicación no tiene tanto que ver con la pereza lectora como con el valor simbólico de ciertos libros. Poseer Breve historia del tiempo comunica algo: interés por la ciencia, curiosidad intelectual, cierto estatus cultural. Ellenberg lo resumía con una idea que se ha repetido mucho desde entonces: los libros pueden triunfar comercialmente sin ser realmente leídos, gracias en parte a su capacidad de funcionar como objeto de prestigio.

A esto se suma un problema estructural del propio libro: divulgar sobre física teórica sin fórmulas ni conocimientos previos es extraordinariamente difícil, y aunque la intención de Hawking era noble, el resultado exigía del lector una concentración y una base que no todo el mundo tenía. La consecuencia es un patrón que se repite: compra motivada por prestigio, abandono motivado por dificultad.

No es un caso aislado (pero sí el más simbólico)

El fenómeno del “libro comprado y no leído” tiene más protagonistas. Plataformas como Kobo, que a diferencia de Amazon mide el progreso real de lectura del archivo EPUB —un dato directo, no inferido a partir de subrayados—, han confirmado que este patrón se repite en obras como Los Miserables de Victor Hugo o ciertos ensayos de gran tirada. Pero ninguno ha quedado tan asociado culturalmente al concepto de “libro que todos tienen pero nadie termina” como el de Hawking, hasta el punto de dar nombre al propio índice que mide este fenómeno.

Investigaciones posteriores, como la de Jellybooks, han añadido matices interesantes: la tasa de abandono varía según el género —los lectores hombres suelen desertar antes, entre las páginas 20 y 50, mientras que las mujeres aguantan de media hasta la página 100— y también según el propósito con el que se compra el libro. Nadie compra una novela romántica para dejarla en un estante como símbolo de estatus; con la divulgación científica, en cambio, ese componente aspiracional pesa mucho más.

El derecho a no terminar un libro

Stephen Hawking - Cultura
Una fotografía de archivo del astrofísco.
EFE

Quizás la lección más interesante de todo este fenómeno no sea estadística, sino literaria. El escritor argentino Jorge Luis Borges aconsejaba a sus alumnos algo que hoy suena casi terapéutico: “Si un libro les aburre, déjenlo”. En la misma línea, el francés Daniel Pennac incluyó en su célebre decálogo de derechos del lector el derecho explícito a no terminar un libro.

Y sin embargo, muchos lectores sienten culpa al abandonar una lectura, un efecto psicológico relacionado con el llamado efecto Zeigarnik, la tendencia de la mente a recordar con más intensidad las tareas inacabadas que las completadas. Así que la próxima vez que Breve historia del tiempo te mire con reproche desde la estantería, quizá valga la pena recordar que estás en muy buena compañía: la de millones de personas que también se quedaron atascadas en el mismo agujero negro.

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