La Feria del Libro de Madrid siempre se ha descrito como una lucha entre la cultura y los elementos. El calor de junio, las tormentas de primavera, el polvo del Retiro y el olor de los magnolios forman parte de una liturgia que los libreros conocen bien. En 2026, sin embargo, la 85ª edición sumó un factor inesperado a sus tensiones habituales: la visita del Papa León XIV a la capital.
El paso del pontífice por Madrid, unido a las recomendaciones oficiales para evitar desplazamientos al centro de la ciudad, condicionó el balance provisional de una feria que cerró con buenos datos, aunque por debajo de los del año anterior. Según las cifras avanzadas por la organización, esta edición terminó con una facturación de 7,26 millones de euros y cerca de 600.000 visitantes.
Para cualquier otro evento cultural, el dato sería más que notable. Para la Feria del Libro de Madrid, acostumbrada a medir su éxito en multitudes, ventas y colas de firmas, supone un ligero retroceso respecto a 2025. La facturación provisional queda unos 430.000 euros por debajo de la registrada el año pasado. Además, en la tarde del 11 de junio se habían vendido 430.845 libros, frente a los 450.226 ejemplares contabilizados en el mismo periodo de la edición anterior.
La remontada que no pudo ser
La directora de la Feria del Libro de Madrid, Eva Orúe, señaló que el fin de semana central resultó especialmente complicado. Muchos madrileños evitaron acercarse al centro por las restricciones y el movimiento previsto en torno a la visita papal y otros actos multitudinarios. Aun así, la feria llegó al último fin de semana con margen para mejorar sus cifras.
El sábado fue, según la organización, una jornada de afluencia “masiva”. Libreros y editores empezaron a hablar de una posible remontada. El impulso continuó durante la mañana del domingo, pero la meteorología tuvo la última palabra.
La Aemet emitió una alerta naranja para la tarde del domingo, lo que obligó a suspender la actividad de la feria a las 18:00, tres horas antes del cierre previsto. Ese final anticipado “abortó la remontada” que el sector esperaba para equilibrar el balance. Pese a ello, Orúe destacó la buena respuesta del público en el tramo final y confió en que los datos definitivos, que se publicarán el 17 de junio, mejoren la fotografía provisional.

El humor como refugio
La edición de 2026 estuvo dedicada al humor, un tema elegido para aportar alivio en tiempos poco ligeros. Por la feria pasaron cómicos, escritores y autores como Eva Hache, Joaquín Reyes, Ignatius Farray o Jonathan Coe, que abordaron el humor desde distintos registros.
Pero, como suele ocurrir en El Retiro, buena parte de la comedia apareció también fuera de la programación oficial. Durante los 17 días de feria, libreros y visitantes dejaron escenas propias de una antología involuntaria. Un visitante preguntó a un librero si “todo estaba en venta” y llegó a interesarse por el precio de una estantería de madera, más que por los libros que contenía. Una joven lectora pidió un libro de poemas de Charles Bukowski, pero con una condición muy clara: “¡que sea gordo!”.
También hubo adolescentes buscando manuales de “criptozoología en español” y parejas que resumían, casi sin querer, la amplitud ideológica del evento. “Hay que leer de todo”, dijo un hombre mientras señalaba un ejemplar del Manifiesto comunista. La feria volvió a funcionar como un pequeño muestrario humano: lectores expertos, curiosos despistados, fans, paseantes, coleccionistas, familias, turistas y compradores que llegan con una lista cerrada y salen con tres libros inesperados.
La feria también tuvo su cuota de celebridades. La Reina Letizia acudió en dos ocasiones: primero en la visita oficial de inauguración y después en una aparición más discreta, vestida con vaqueros y gafas de sol, en la que pasó casi inadvertida entre el público.
Muy distinta fue la llegada del creador de contenido Iker Unzu, que reunió a un gran número de seguidores y provocó momentos de saturación en el tránsito de la feria. La escena sirvió para confirmar algo que el sector editorial ya conoce bien: la fama se ha fragmentado y las nuevas comunidades de lectores no siempre se organizan en torno a los mismos nombres que la industria tradicional.
Entre las grandes firmas, el Retiro volvió a mezclar autores consagrados, fenómenos juveniles, escritores mediáticos y voces literarias de largo recorrido. Esa convivencia sigue siendo una de las claves del evento: en pocos metros pueden coincidir un premio literario, una estrella de redes, una poeta de culto y una familia que solo ha entrado al parque para pasear.

Nuevos hábitos de compra
Una tendencia detectada por los expositores es la consolidación del peso creciente de los días laborables. Los fines de semana siguen concentrando las grandes multitudes, sobre todo por las firmas más esperadas, pero los días entre semana se han convertido en un momento importante para la compra más pausada.
Muchos lectores prefieren acercarse de lunes a viernes para recorrer las casetas con calma, hablar con libreros y evitar las aglomeraciones. La feria mantiene así dos ritmos distintos. Uno más masivo, ligado a las firmas y al paseo colectivo; y otro más silencioso, centrado en la búsqueda de libros y en la conversación con los expositores.
Accesibilidad y sostenibilidad
La 85ª edición también quiso reforzar su perfil institucional. La feria recibió el sello “Dis-Friendly” de Envera, que reconoce su compromiso con la accesibilidad universal y la inclusión. Entre las medidas destacadas figuran la interpretación en lengua de signos en actividades, materiales accesibles para personas con discapacidad visual y mejoras en el acceso físico al recinto.
Además, la organización completó con éxito la auditoría externa para la certificación ISO 20121 de gestión sostenible de eventos. En colaboración con Repsol, la feria amplió su instalación de energía solar hasta los 212 paneles fotovoltaicos, un paso más hacia la autosuficiencia energética.
Estos avances muestran que la feria ya no se mide solo por ventas y visitantes. También por su capacidad para adaptarse a exigencias contemporáneas: sostenibilidad, accesibilidad, inclusión y gestión responsable de un evento que cada año ocupa durante más de dos semanas uno de los espacios públicos más simbólicos de Madrid.

2027: el horizonte de las memorias
Mientras se desmontan las casetas del Retiro, la organización ya mira hacia 2027. La 86ª edición estará dedicada a las “Memorias”, en plural. Eva Orúe explicó que el tema permitirá reflexionar sobre cómo las personas, las comunidades y los libros construyen y transmiten sus historias.
La elección coincide con varios aniversarios importantes. En 2027 se cumplirán 60 años de la instalación de la feria en el Parque del Retiro, 50 años de la Asociación de Libreros de Madrid y de la Asociación de Editores de Madrid, el centenario de la Generación del 27 y el centenario del nacimiento de Gabriel García Márquez.
La próxima edición abordará la memoria desde varias perspectivas: la personal, la familiar, la territorial, la histórica y la colectiva. Las librerías tendrán un papel central en ese recorrido, no solo como puntos de venta, sino como espacios de transmisión cultural y conversación.
Autoras como Rosa Montero, que lleva 46 años firmando libros en El Retiro, ya han empezado a recordar la importancia sentimental del recinto. Para Orúe, la memoria no servirá únicamente para mirar hacia atrás, sino también para pensar el futuro de una feria que forma parte de la vida cultural de Madrid.
Pese al descenso provisional de 2026, el sector mantiene la confianza en un evento que sigue funcionando como una gran cita popular del libro. Durante 17 días, el Retiro volvió a llenarse de lectores, libreros, editores, autores y curiosos. Hubo visitas papales, tormentas, cierres anticipados, humor, colas, anécdotas y ventas suficientes para confirmar que la Feria del Libro de Madrid conserva su lugar en la ciudad.
Los resultados definitivos se conocerán el miércoles. Pero la memoria de esta edición ya tiene forma propia: una feria que intentó remontar hasta que el cielo dijo basta.

