A Eva Orúe le gusta repetir que la Feria del Libro de Madrid es, durante diecisiete días, un pueblo. Un pueblo de casi cuatrocientas casetas, cientos de actividades, miles de autores y decenas de miles de lectores que atraviesan el parque del Retiro con un libro bajo el brazo o la esperanza de encontrar uno. En ese territorio efímero, ella ejerce de alcaldesa. Una alcaldesa que se mueve deprisa, pendiente de los horarios, de las firmas, de los escenarios y también del cielo. Porque si algo ha aprendido en estos años es que la literatura depende muchas veces de factores tan poco literarios como una tormenta, una racha de viento o un protocolo de seguridad.
La directora de la Feria del Libro de Madrid afronta este año su quinta edición al frente del certamen y lo hace con una transformación prácticamente culminada. Las nuevas casetas, la renovación estética del recinto y una programación cultural que supera las cuatrocientas actividades son algunas de las señas de identidad de una etapa que ha ampliado el alcance de la Feria sin alterar su esencia.
“Lo cambiamos todo para que todo siga igual”, resume con una sonrisa. La referencia a Lampedusa no es casual. “Hemos completado la renovación total de las estructuras. Primero hicimos transparentes los pabellones para que quienes estuvieran dentro vieran lo que ocurría fuera y viceversa. Este año las casetas también son distintas. La renovación estética es total, pero lo esencial sigue siendo exactamente lo mismo: acercar los libros a los ciudadanos, sacarlos a la calle y venderlos”.

La transformación no se limita a lo visual. Durante los últimos cinco años la Feria ha abandonado el modelo de país invitado para construir una programación propia alrededor de un gran tema anual. En 2026 ese tema es el humor. “Leer y reír: dos formas de resistir”, el lema elegido para esta edición, funciona casi como una declaración de principios. “El humor es imprescindible en la vida y en el trabajo. Además, vivimos tiempos de mucha crispación y las ferias del libro son de los pocos lugares donde todavía te cruzas con personas que no piensan como tú, lees a autores que no te dan la razón y te expones a ideas distintas. Hacemos una pequeña y modesta aportación a la descrispación”.
Orúe habla del humor con la misma seriedad con la que otros hablan de filosofía. De hecho, reivindica precisamente esa dimensión intelectual de la risa. “Muchos humoristas españoles han publicado ensayos, novelas o libros muy serios. El humor puede ser extraordinariamente profundo. Queríamos que esta Feria fuera un lugar donde uno pudiera encontrarse con una sonrisa, pero también con ideas”.
La propia directora reconoce que una de las mayores satisfacciones de estos años ha sido el equipo que sostiene la maquinaria de la Feria. “Somos pocos, pero bien avenidos. Nos reímos mucho, sobre todo de nosotras mismas”, afirma. No es una observación menor. La organización de la Feria sigue siendo una estructura relativamente reducida para un acontecimiento de semejante magnitud.

La jornada comienza mucho antes de que los visitantes entren por las puertas del Retiro. A las seis y cuarto de la mañana ya acceden los camiones con reposiciones de libros y suministros. A las nueve se celebra la primera reunión de coordinación. Después llegan las visitas institucionales, las actividades, las presentaciones y los imprevistos. Eva Orúe enumera una larga lista de situaciones vividas durante sus años de gestión. “Hemos tenido enfermedades, enamoramientos, pequeños accidentes y grandes alegrías. Quién sabe qué más nos espera”.
La Feria moviliza a miles de personas cada día y cuenta incluso con ambulancia medicalizada permanente y equipo sanitario propio. Una infraestructura que muchas veces permanece invisible para el público. Si hay algo que quita el sueño a Orúe, sin embargo, no son los autores ni las firmas multitudinarias. Es el tiempo. “Lo más difícil de gestionar son cosas que tienen poco que ver con los libros”, reconoce. “Los protocolos meteorológicos han cambiado completamente nuestra manera de trabajar”.
La experiencia del año pasado sigue muy presente. Dos cierres obligados por alertas meteorológicas alteraron la programación y obligaron a cancelar decenas de actividades. “Nosotros llegamos con todo preparado, pero hay cosas que escapan completamente a nuestro control. Una tarde cerrada puede suponer la suspensión de más de treinta actividades”.

Con el tiempo ha aprendido a convivir con una realidad que no admite discusión. “Me lo explicaron muy bien desde la Agencia Estatal de Meteorología. Hay una máquina que combina temperatura, viento y humedad del suelo y te dice alerta naranja o roja. A partir de ahí todos trabajamos con lo que diga esa máquina. Me puedo lamentar, pero debo obedecer”.
La meteorología no es la única variable extraordinaria de esta edición. La visita de León XIV a Madrid coincidirá con el segundo fin de semana de la Feria y supondrá importantes alteraciones en la movilidad de la ciudad. Orúe observa la situación con una mezcla de realismo y optimismo. “Es evidente que nos va a afectar. Tener a un millón y medio de personas en las inmediaciones tiene que afectar forzosamente”. Aun así, la programación se mantiene intacta. “No hemos cambiado nada. Lo único que pedimos a expositores, participantes y público es que salgan un poco antes de casa”.
La directora incluso encuentra motivos para la esperanza. “Además, si vienen todos, encontrarán lectura apropiada en todas las casetas. Habrá una representación adecuada de editoriales y librerías especializadas en ámbito religioso”.
La inauguración oficial volvió a contar con la presencia de la Reina Letizia, una visitante habitual cuya relación con la Feria va mucho más allá del protocolo institucional. “Siempre le hablo del equipo de la Feria”, explica Orúe. “Y este año me pidió que les transmitiera su agradecimiento y les diera la enhorabuena por el trabajo realizado”.
La directora destaca especialmente la curiosidad intelectual de la Reina. “Las conversaciones que mantiene con libreros y editores demuestran no solo que es una gran lectora. También que se informa muchísimo. Busca en redes sociales, investiga, se interesa por cada proyecto. Como buena periodista que es, hace los deberes”.

Durante el recorrido, Letizia sorprendió a numerosos libreros recordando libros ya leídos o autores que conocía bien. “Es una lectora muy avezada”, resume Orúe. “Y a todos los niños les dijo lo mismo: que leer es una de las mejores cosas de la vida”.
Esa defensa de la lectura aparece una y otra vez a lo largo de la conversación. Para Eva Orúe, la Feria sigue siendo un lugar privilegiado porque permite algo cada vez menos frecuente: encontrarse con la diversidad. “La literatura te obliga a salir de ti mismo”, sostiene. “Puedes leer un libro que confirme tus ideas o uno que las contradiga por completo. Lo importante es que sigas teniendo la oportunidad de encontrarte con ambas cosas”. Lo mismo dice del certamen que dirige: “La Feria tiene que servir para abrir la mente, los ojos y los brazos”.
Detrás de los debates intelectuales, las grandes firmas, los encuentros literarios y las visitas institucionales sigue latiendo la razón de ser de la Feria del Libro de Madrid: conseguir que un lector encuentre un libro y que un libro encuentre un lector.

