La Feria del Libro de Madrid tiene cada año una protagonista inesperada. No suele ser el escritor más vendido, ni el autor internacional invitado, ni siquiera el político que inaugura el certamen. Suele ser la Reina Letizia. Y no por su condición institucional, sino por algo mucho más difícil de construir: la credibilidad de una lectora.
La mañana del viernes, durante la inauguración oficial de la 85ª edición de la Feria del Libro de Madrid, el Paseo de Coches del Retiro volvió a convertirse en una especie de pasillo humano. Entre casetas, libreros, escolares, curiosos y lectores, la Reina recorrió buena parte del recinto acompañada por la directora de la Feria, Eva Orúe; el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, entre otros representantes del sector editorial, librero y distribuidor. En la caseta del Ministerio de Cultura la Reina recibió dos títulos, ambos editados por el ministerio: La Carta del Capitán Cuéllar y Ecos de la moda romántica. Además, en el espacio del Ayuntamiento de Madrid le regalaron un catálogo de la exposición Madrid, ¡Viva la Bohemia!: Los bajos fondos de la vida literaria.
La comitiva avanzaba lentamente entre saludos, fotografías y constantes interrupciones. Los asistentes la recibían con gritos de “¡guapa!” y “¡viva la Reina!”, mientras ella respondía sonriendo, saludando y haciéndose fotografías con todos los que podía. En varias ocasiones animó a los visitantes a leer y comprar libros. Pero hubo un detalle que se repitió durante toda la mañana: cada vez que veía un grupo de escolares, se detenía.
También charló con unas educadoras de escuelas infantiles y se hizo un selfie con un grupo de jóvenes, además de conversar con el diseñador e ilustrador Miguel Pang, de madre camboyana y padre chino, autor del cartel de este año y que se caracteriza por un universo gráfico propio, marcado por la narración visual, el uso expresivo del color y la creación de personajes singulares, una actividad que compagina con la docencia.

Lo hizo en varias ocasiones a lo largo del recorrido. Preguntó qué estaban leyendo, conversó con profesores y alumnos y les recordó la importancia de mantener el hábito lector. En el Pabellón Infantil habló con varios niños que participaban en actividades organizadas por la Feria y se interesó por un proyecto de radio escolar. También participó en la elaboración de ex libris con algunos estudiantes y escuchó las explicaciones de los responsables del espacio. La lectura infantil y juvenil sigue siendo una de las preocupaciones recurrentes de la Reina y volvió a aparecer constantemente durante la visita.
“Como periodista, ¿qué consejos nos das para nuestra radio escolar, Almudena Radio?”, le preguntaron los alumnos de primaria que llevan a cabo este rico proyecto escolar. “Leer mucho. El mejor consejo es leer mucho. Porque cuanto más lees, más información tienes, más conocimientos tienes, mejor te vas a expresar, mejor vas a comprender todo lo que sucede a nuestro alrededor… y así te puedes comprender también a ti misma”, respondió la Reina Letizia. “¿Hay algo mejor que la radio y los libros? Para mí, no”, sentenció.
De Maruja Mallo a Dostoievski, pasando por poemarios feministas
La Feria celebra este año su 85ª edición con más de 360 casetas, cientos de firmas y miles de títulos distribuidos a lo largo del Retiro. Pero para Artículo14, que acompañó a la comitiva durante buena parte del recorrido, el interés estuvo también en seguir la pista de los libros que la Reina fue recogiendo, comprando o recibiendo como obsequio.
Porque si algo caracteriza estas visitas es que Letizia no se limita a posar con ejemplares. Pregunta por ellos, recuerda lecturas anteriores, menciona autores y sorprende con referencias que muchos libreros no esperan. Uno de los primeros momentos significativos tuvo lugar en la caseta de la librería Cervantes y Compañía. Allí la recibieron Marina Sanmartín y María Felices. “Nos ha contado que nos sigue en redes sociales, que nos ha visto en los vídeos y que por supuesto nos conocía”, explicaron después a Artículo14.

La conversación derivó rápidamente hacia la literatura. Las libreras le recomendaron tres títulos que la Reina decidió llevarse: La doble desaparición de Abril del Pino, de Marina Sanmartín; La grieta, de Rodrigo Gervasi; y Las cartas, de la pintora y escritora Maruja Mallo.
La presencia de Maruja Mallo no fue casual. A lo largo del recorrido aparecieron una y otra vez mujeres creadoras, escritoras olvidadas, poetas contemporáneas y autoras que forman parte de esa recuperación cultural que la propia Feria ha impulsado durante los últimos años. Algo parecido ocurrió en la librería Girasol, de Algete. Su propietaria, Laura Rodríguez Sayd, protagonizó una de las conversaciones más personales de toda la jornada.
“Yo antes era secretaria, además de hacer muchas otras cosas. Pero decidí dejarlo todo para abrir esta librería. Y no me he arrepentido jamás”, contó a Artículo14. La Reina quiso saber cómo había sido aquel cambio de vida, cuáles eran los retos de una librería independiente y qué papel desempeñan estos espacios en la construcción de comunidad. “Me ha preguntado por qué abrí la librería, qué hacía antes y ha querido saber cuáles son los retos del trabajo de las librerías, qué estamos haciendo y nuestra capacidad de unir personas y crear comunidades”. Como regalo, Laura Rodríguez Sayd le entregó dos poemarios propios: Mujeres fuertes y Ama de casa.

“A la Reina parecen importarle mucho las cuestiones de mujeres, sus problemas psicosociales. Hemos hablado de maternidad, de crianza y del duelo. Uno de los libros aborda precisamente esa fortaleza que nos exigimos muchas veces las mujeres y que quizá no siempre es necesaria”.
Las cuestiones relacionadas con la experiencia femenina aparecieron también en otras paradas del recorrido. En Huerga y Fierro, editorial que celebra este año su cincuenta aniversario, la Reina recibió Poetas catalanas del siglo XXI, una antología bilingüe que reúne algunas de las voces más relevantes de la poesía contemporánea escrita por mujeres. También recibió Sonido de otras lenguas, de Jaime Siles, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
“Sobre todo le ha gustado mucho la representación y la variedad de los autores y de los temas que trabajamos”, explicó Charo Fierro. “Pero es evidente que es una gran amante de la poesía”. En esa misma caseta recibió además Las razones del hombre delgado, de Rafael Soler, y Los últimos madroños, de Milagros Salvador. “Le he dado las gracias por ser la Reina de todos. Y una Reina muy cultural”, afirmaba después Óscar Huerga en conversación con Artículo14.
Milagros Salvador, por su parte, compartió con ella una coincidencia simbólica: ambas celebraban aniversarios ligados a la historia de la Feria. “Tengo los mismos años que la Feria del Libro”, le comentó la escritora, que se definió con humor como “la decana” del certamen.
Uno de los momentos más reveladores de la mañana tuvo lugar en la caseta de Editorial Nórdica. Diego Moreno había preparado varios títulos para la visita, entre ellos Hambre, de Knut Hamsun. Lo que no esperaba era la reacción de la Reina: “El primer libro que le he regalado ha sido Hambre, de Hamsun, que es uno de los autores por los que decidí montar la editorial”, explicó después a Artículo14. “Y lo que me ha sorprendido es que ya lo había leído. Lo leyó con 17 años y me dijo que le había encantado”.

La conversación derivó entonces hacia el autor noruego, la experiencia de descubrir una obra sin conocer aún la biografía de quien la escribió (Hamsun defendió la ideología nazi) y la capacidad de ciertos libros para marcar una vida lectora: “Me ha dicho que cuando lo leyó no sabía de las ideas del escritor. Y creo que iba por ahí, que puedes leer a un autor de ideas terribles, pero que te encante. Hay que separar la obra del autor”. También recibió una edición ilustrada de Noches blancas, de Dostoievski, que observó con especial interés y, en Ediciones De la Torre, 40 miradas sobre el libro y su futuro.
Pero el episodio más comentado ocurrió apenas unos minutos después: la Reina abandonó repentinamente el recorrido oficial, y lo hizo para acercarse a Periférica, una editorial que figura entre sus favoritas. La maniobra obligó a reorganizar a toda la comitiva y provocó más de un quebradero de cabeza entre los responsables de protocolo. Allí la recibió Paca Flores: “La Reina nos dijo que le encanta Katharina Winkler”, explicó después. “Había leído la novela anterior y le recomendé Corazón de siete leguas”.
La conversación se trasladó después a otros títulos de la editorial. “Me comentó que le habían impresionado muchísimo Tú no eres como otras madres: historia de una mujer apasionada, de Angelika Schrobsdorff, y La cruz torcida, de Sally Carson”, porque ambas novelas muestran cómo el ascenso del nazismo se produjo dentro de familias aparentemente normales. “Me dijo que esos libros impresionan porque permiten entender cómo sucedieron las cosas en una familia corriente”.
Finalmente no se llevó ningún libro de la caseta. Pero la visita confirmó algo que ya saben muchos libreros madrileños: la Reina suele tener muy localizadas las editoriales independientes que sigue habitualmente.

La literatura convivió también con pequeños homenajes territoriales. En la librería riojana Santos Ochoa, que participa por primera vez en la Feria madrileña, la recibieron con una selección de regalos profundamente vinculados a La Rioja. Se llevó un ejemplar de Cocina práctica riojana, de Adela Garrido; una colección de postales de Logroño de 1915; un facsímil de las Glosas Emilianenses; una lámina con el texto íntegro de El Lazarillo de Tormes; un marcapáginas conmemorativo y un pequeño botellín de vino riojano.
“Aquí estamos conmemorando nuestro centenario en un lugar tan bonito como la Feria del Libro”, explicó Diego Ochoa a Artículo14. “La Reina estaba muy emocionada. Le hemos dado obsequios con pequeños tintes riojanos y logroñeses. Y nos ha sorprendido porque conocía parte de nuestra historia, nuestras ubicaciones y nuestra trayectoria”.

En Vino a por Letras la conversación giró alrededor de algo muy femenino, como es leer en comunidad, y de la importancia de las librerías como espacios culturales de proximidad. “Hemos hablado de los clubes de lectura y de la importancia de las librerías”, explicaron Silvia y Cristina López Pavón. Le regalaron Marcelino, de Bibiana Collado Cabrera, y la conversación derivó inesperadamente hacia la Princesa Leonor. “Nos dijo que, como estamos en Getafe, tendrá que venir su hija a visitarnos, porque va a estudiar en la Universidad Carlos III”. Las libreras sonrieron. “También es una gran lectora”, añadió la Reina.
Uno de los espacios que más interés despertó fue el Espacio Indómitas, dedicado al libro de artista, los fanzines y las publicaciones experimentales. Allí, la Reina Letizia volvió a desviarse del recorrido oficial para hablar con Pepe Olona, un veterano de la cultura madrileña que ya en 2004 fundó la librería Arrebato Libros, en la calle de La Palma, con una idea fija: “No ir dentro del círculo habitual, sino jugar un poquito con lo ajeno”. “Siempre viene a vernos”, explicó Olona a Artículo14. “Siempre nos saluda y siempre nos da apoyo para que este espacio siga existiendo dentro de la Feria”.
La conversación giró en torno a los procesos de edición artesanal y a la selección de editoriales presentes en el proyecto. También le recomendaron una edición singular de Poeta en Nueva York que reproduce el manuscrito original entregado por Federico García Lorca a José Bergamín en las oficinas de Cruz y Raya. De hecho, Lorca apareció varias veces durante la mañana. También llegó a sus manos algún volumen relacionado con el poeta granadino y diversos títulos vinculados al universo literario de la Generación del 27.

Entre los libros y recomendaciones que fueron apareciendo durante la inauguración también quedó reflejado el mapa lector de algunas de las responsables políticas que acompañaban a la Reina. La delegada de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, confesó su entusiasmo por la obra de la escritora estadounidense Siri Hustvedt, de quien aseguró que quiere leerlo todo. Durante el recorrido comentó su interés por hacerse con su última novela, reivindicando a una autora que ha convertido la memoria, la identidad, el arte, la enfermedad y la condición femenina en algunos de los grandes temas de la literatura contemporánea.
Unos metros más adelante, la concejala presidenta de la Junta Municipal de Retiro, Andrea Levy, protagonizó una de las escenas más espontáneas de la jornada. Aprovechando un momento de respiro dentro de la comitiva, se dirigió a la caseta de Libros del Asteroide para adquirir Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, una de las novelas revelación de la temporada. Poco después regresó mostrando orgullosa su ejemplar, como cualquier lectora satisfecha tras una compra largamente deseada. El gesto, aparentemente menor, resumía bien el espíritu de una Feria del Libro que, más allá de las autoridades, los protocolos y las cifras de asistencia, sigue siendo un lugar donde los libros circulan de mano en mano y donde incluso quienes ocupan responsabilidades institucionales se permiten el placer íntimo y personal de buscar una lectura concreta entre cientos de casetas.

A la Reina Letizia también se le acercaron escritoras como la directora Natalia Moreno, que le dio un fuerte abrazo y su libro Madonna no nació en Wisconsin (Galaxia Gutenberg) sobre los veranos en un pueblo en los noventa de una chica que ahora tiene 46 años.
La mañana avanzó entre libros, conversaciones y constantes interrupciones de los lectores. Cuando la comitiva abandonó el Retiro, la sensación era la misma que cada año. Más allá de la representación institucional, la Feria del Libro ha encontrado en Letizia una embajadora singular. Una figura pública que sigue siendo capaz de sorprender a libreros y editores porque recuerda autores, cita novelas, recomienda lecturas y se sale del protocolo cuando una caseta le interesa especialmente.
Entre Maruja Mallo, Natalia Moreno, Katharina Winkler, Dostoievski, Knut Hamsun, Jaime Siles, Bibiana Collado o las poetas catalanas del siglo XXI, la Reina volvió a recorrer la Feria exactamente igual que cualquier lector apasionado: dejándose llevar por los libros.

