Hubo un momento en el que Ernest Hemingway intentó resumir el carácter de todo un país mediante apenas unas palabras. Había recorrido sus carreteras, observado sus fiestas, asistido a corridas de toros, bebido en sus cafés y conocido una España que acabaría entrando de manera casi obsesiva en su literatura. De aquella experiencia surgió una de sus reflexiones más conocidas sobre los españoles.
“Si el pueblo español tiene algún rasgo común es el orgullo, y si tiene otro es el sentido común”, escribió Ernest Hemingway en Muerte en la tarde, la obra publicada en 1932 en la que convirtió su fascinación por la tauromaquia en algo mucho más amplio: una mirada personal sobre España, la muerte, el valor y las personas que había conocido durante sus viajes.
La cita suele terminar ahí. Sin embargo, la formulación original de Ernest Hemingway añadía todavía una tercera característica: la impracticality, que podría traducirse como falta de sentido práctico. Orgullo, sentido común y una cierta tendencia a actuar contra aquello que aparentemente resultaría más conveniente. Tres ideas con las que el escritor estadounidense intentó condensar una sociedad infinitamente más compleja.
Ernest Hemingway encontró en España algo que no encontraba en otros lugares
La reflexión no nació de una visita fugaz. Ernest Hemingway estableció durante décadas una relación intensa con España y convirtió diferentes lugares del país en escenarios fundamentales de su vida y su obra.
Pamplona ocupa probablemente el lugar más reconocible. Hemingway llegó a los Sanfermines por primera vez en julio de 1923 junto a su primera esposa, Hadley Richardson. Tenía 23 años y trabajaba como corresponsal del Toronto Star. Aquella experiencia terminó fascinándolo hasta el punto de regresar repetidamente a Navarra durante los años siguientes.
Ernest Hemingway encontró en los Sanfermines un mundo que encajaba extraordinariamente bien con algunas de sus obsesiones literarias: el riesgo, el miedo, la celebración, el alcohol, la amistad, la violencia y la proximidad de la muerte.
Todo ello acabaría transformándose en literatura.
De Pamplona nació una de las novelas que cambiaron su carrera
Las experiencias de Ernest Hemingway durante los Sanfermines terminaron formando parte de The Sun Also Rises, publicada en 1926 y conocida tradicionalmente en España como Fiesta. La novela retrata a un grupo de expatriados marcados por la Primera Guerra Mundial que viaja desde París hasta Pamplona.
La fiesta aparece allí como algo más que un decorado. Frente al desencanto de unos personajes que parecen incapaces de encontrar un sentido estable a sus vidas, Ernest Hemingway presenta una España física, ruidosa y peligrosa, donde comer, beber, pescar, bailar o enfrentarse a un toro adquieren una materialidad difícil de encontrar en el París de la llamada generación perdida.
Aquella visión contribuyó además a proyectar internacionalmente los Sanfermines. Hemingway no creó naturalmente la fiesta ni descubrió Pamplona, pero sus páginas ayudaron a convertir aquel acontecimiento navarro en una referencia reconocible para lectores de todo el mundo.
El orgullo y el sentido común que Hemingway veía en los españoles
Unos años después, Ernest Hemingway intentó profundizar en aquello que creía haber aprendido de España. En Muerte en la tarde no se limitó a describir cómo se desarrollaba una corrida de toros. Escribió también sobre paisajes, costumbres y las actitudes que atribuía a las personas con las que había convivido.
Es ahí donde aparece su conocida reflexión sobre el orgullo y el sentido común.
Para Ernest Hemingway, esas cualidades estaban especialmente vinculadas con Castilla. En su descripción existe una asociación constante entre las personas y el territorio: un paisaje seco, duro y extenso acaba funcionando como metáfora de un carácter igualmente austero.
El sentido común español que imaginaba Hemingway no era amable ni sentimental. Lo consideraba directo, resistente y poco proclive a ocultar algunas de las realidades más desagradables de la existencia.
Ahí aparece otra de sus grandes obsesiones: la muerte.
España y una forma distinta de mirar a la muerte
Ernest Hemingway quedó especialmente impresionado por la forma en que interpretaba la relación de los españoles con la muerte. Su visión estuvo muy condicionada por el mundo taurino que frecuentaba, por supuesto, y no puede confundirse con una descripción objetiva de toda la sociedad española.
Pero dentro de su universo literario la idea resultaba fundamental. Hemingway creía encontrar en España una aceptación de la muerte menos escondida que en otros lugares. La corrida la situaba físicamente delante del espectador, mientras que determinadas tradiciones y formas de hablar parecían recordarle constantemente que morir era una parte inevitable de vivir.
Ese contacto con la muerte terminó convirtiéndose en una de las claves de la España de Ernest Hemingway. No necesariamente la España real en toda su diversidad, sino aquella que él seleccionó, observó y posteriormente transformó en literatura.
Ese matiz resulta importante. Hemingway conoció profundamente algunos ambientes españoles, pero especialmente los relacionados con la tauromaquia, determinados círculos masculinos y regiones concretas. Su imagen de los españoles debe leerse como la mirada de un escritor extranjero, no como un estudio sociológico.
La Guerra Civil cambió para siempre su relación con España
La España que conoció Ernest Hemingway durante los años veinte tampoco fue la misma que encontró una década después.
El escritor regresó durante la Guerra Civil como corresponsal y vivió de cerca algunos de los acontecimientos del conflicto. Madrid se convirtió entonces en uno de los lugares centrales de su experiencia española, mientras los bombardeos, el frente y la división política sustituían parte de aquella fascinación festiva de los primeros viajes.
La Guerra Civil permitió a Hemingway observar hasta sus últimas consecuencias algunos de los elementos que ya le habían interesado anteriormente: el coraje frente al miedo, la lealtad, la muerte y las decisiones que una persona toma cuando sabe que puede perderlo todo.
De esa experiencia surgiría finalmente Por quién doblan las campanas, publicada en 1940. La novela sigue al estadounidense Robert Jordan, integrado entre combatientes republicanos y encargado de volar un puente durante una operación militar.
España había dejado de ser únicamente el país de los toros y los Sanfermines. Se había convertido también en el escenario de una tragedia que Ernest Hemingway había observado personalmente.
España permaneció en su literatura durante décadas
Pocas geografías extranjeras ocuparon tanto espacio en la imaginación de Ernest Hemingway. Pamplona, Madrid, Navarra y Castilla reaparecen una y otra vez en sus libros, artículos, cartas y recuerdos.
Su vínculo con España sobrevivió incluso a la Guerra Civil. Volvió posteriormente al país y retomó su contacto con el mundo taurino, una relación que acabaría dando origen también a El verano peligroso, el relato de la rivalidad entre Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín durante la temporada taurina de 1959.
Para entonces, Ernest Hemingway ya era uno de los escritores más importantes del siglo XX. Había recibido el Pulitzer por El viejo y el mar y en 1954 la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de Literatura por su dominio del arte narrativo y la influencia de su estilo sobre la literatura contemporánea.
España permaneció dentro de esa trayectoria desde mucho antes de los grandes premios.

