El universo de Bridgerton vuelve a desplegar su fastuosidad romántica en la segunda parte de la cuarta temporada, que se estrena el 26 de febrero. Esta vez, el foco se posa sobre Benedict Bridgerton y Sophie Baek, interpretados por Luke Thompson y Yerin Ha, quienes asumen el relevo sentimental de la saga creada por Julia Quinn. En una conversación con nosotras ambos actores desgranan las claves de una entrega que, según sus propias palabras, transita entre “máscaras”, “profundidad” y “amor”.
Desde su estreno en Netflix, Bridgerton se ha convertido en un fenómeno global capaz de transformar el drama de época en un espectáculo contemporáneo, inclusivo y emocionalmente sin complejos. Thompson y Ha son conscientes del alcance cultural de la serie. “Lo que la gente ve cuando te reconoce por la calle es la serie, el personaje que interpretas”, reflexiona él. “Y en sus ojos hay algo luminoso”. Para la actriz, ese reflejo tiene que ver con la identificación. “Hace que las personas se sientan vistas. Pueden proyectarse en el personaje. Eso es un regalo”.
La primera historia de amor entre clases
Si cada temporada la serie ha explorado de una forma distinta de romance: del matrimonio por conveniencia al deseo prohibido o la pasión secreta, esta es la primera vez que la serie aborda de manera frontal una historia de amor marcada por la diferencia de clases. Benedict pertenece a una de las familias más influyentes de la alta sociedad londinense; Sophie, en cambio, vive bajo el peso de una posición subordinada que condiciona cada uno de sus movimientos.
Cuando recibimos la tensión entre ambos, nos llegan sus emociones, pero también su la diferencia estructural de la sociedad. El amor enfrenta los clásicos malentendidos o “máscaras simbólicas” como dice Ha, y también la jerarquía social que delimita lo posible y lo impensable. Esa desigualdad introduce un conflicto nuevo en el universo de la serie que siempre busca desafiar el orden establecido.
Yerin Ha subraya hasta qué punto esa conciencia atraviesa la construcción del personaje. “El delantal me ayudaba mucho”, explica sobre el vestuario. “Me recordaba mi lugar, mi lema constante de saber cuál es tu sitio”. La actriz señala que los cambios en el color, la rigidez de los cuellos o la suavidad del peinado funcionaban como una cartografía visual de la evolución de Sophie. “Del marrón apagado a tonos más luminosos, de la contención a una tímida expansión” revela.

La química como punto de partida
La historia de Benedict y Sophie ocupa el centro emocional de la temporada. Ha, recién llegada al universo de la serie, destaca la importancia del trabajo colectivo. “Estuvimos muy respaldados por los guionistas y los directores. Rodando la serie descubrí que es un esfuerzo colaborativo”.
Thompson coincide y apunta que ese respaldo permite una interpretación más orgánica. “Cuando estás rodeado de un equipo en la cima de su oficio, puedes permitirte ser simple, auténtico. Vivirlo. Te dejas llevar porque confías en ellos”, afirma.
La química, añaden, no fue el resultado de una estrategia previa. “Confiamos el uno en el otro”, dice Ha. “Nos gustaba sorprendernos en el set”. En ese intercambio espontáneo se forja el lenguaje particular de la pareja que es un juego constante entre lo que se muestra y lo que se oculta. “Desde el primer encuentro todo gira en torno a lo que compartes y lo que escondes”, explica Thompson. “No creo que se trate de ser auténticos todo el tiempo. Eso sería agotador. Es un vaivén humano entre la conexión y el deseo de esconderse”.
El turno de Benedict
Durante tres temporadas, Benedict había sido un secundario de lujo dentro de un reparto coral. Thompson niega haber vivido la espera con impaciencia. “Siempre he tenido cosas que hacer en la serie”, señala. Sin embargo, reconoce que la nueva posición central le ha permitido explorar otros aspectos del personaje.
“Benedict tiene una fachada construida para evadirse de su vulnerabilidad, es un tipo muy fácil de cara al público”, dice. “Lo interesante es subir la temperatura hasta que esa superficie empieza a agrietarse y le vemos las aristas”. La segunda parte de la temporada lleva esa dinámica al límite, enfrentándolo a decisiones cuestionables y a un dolor que lo transforma. “Como actor, no puedes ser vanidoso”, sostiene. “Los personajes hacen cosas con las que no estamos de acuerdo, y ese es el punto del drama”. El equilibrio entre pasión y posición social, entre el deseo y mantener la jerarquía, corresponde en buena medida a los guionistas, pero exige una entrega sin red por parte del intérprete. “En esta segunda parte vamos a ver caer a mi personaje hasta un lugar muy muy oscuro”. Si algo define a Benedict es su defensa de la libertad. Thompson responde sin esquivar la paradoja. “Pueden ser ambas cosas”, afirma. La libertad prolongada puede convertirse en una jaula, sugiere, en una rueda que gira sin avanzar. “Tal vez el compromiso sea una forma de libertad, porque te libera de esa repetición”.
En la segunda parte, la irrupción de la muerte en la trama intensifica esa reflexión. “El amor es libertad frente a la muerte”, sostiene el actor. “Tiene algo que está fuera del tiempo. Para llegar ahí, Benedict tiene que atravesar ese túnel”. Ha, por su parte, subraya la dimensión transformadora del vínculo. “Me parece muy romántico cuando alguien saca de ti partes que no sabías que estaban ahí. Pero la gente no quiere cambiar si no quiere hacerlo. Que otro lo provoque es complejo y fascinante”.

Entrar en el baile
Para Ha, la incorporación a una producción de semejante maquinaria, donde todos ya se conocían, supuso un reto particular. Se sumó tarde al proceso y recurrió de forma intensa a la novela original para construir a Sophie. “La traté como mi Biblia”, confiesa. “Cuando llegaron los guiones, el trabajo me pareció sencillo. Solo tenia que estar presente. He hecho ciencia ficción antes, con pantalla verde, y eso puede ser difícil porque tienes que imaginar lo que no está”, explica la actriz. “Pero, en esencia, siempre se trata de jugar la verdad del personaje. Eso no cambia con el género”.
La intérprete destaca la comunicación constante con el equipo creativo para comprender el arco de Sophie, especialmente al no haber tenido años para habitar en el papel como otros miembros del reparto. “Era importante entender por qué una escena estaba escrita de determinada manera y cómo se imaginaba su evolución, para que el desenlace tuviera coherencia emocional”.
Al final de la conversación, ambos actores condensan la esencia de la temporada en tres términos. “Máscaras”, propone Thompson, en alusión tanto a las literales como a las emocionales. “Profundidad”, añade Ha, evocando la sensación de internarse en sentimientos confusos. Y, al final, “el amor”.
