Arte

Navegando la niebla: ‘Directionless’ y el arte de estar presente en un mundo inestable

En una exposición de verano en Hauser & Wirth Menorca, el comisario Rashid Johnson y un conjunto polifónico de 28 artistas exploran la desorientación y el agotamiento como condiciones centrales de la existencia contemporánea

Vista de la exposición 'Directionless'.
Vista de la exposición 'Directionless'.
Hauser & Wirth

Aproximarse a la Isla del Rey, un pequeño islote enclavado en el puerto natural de Mahón, Menorca, se parece a un viaje por capas de tiempo. Allí, entre la maleza y el aire salado, se alza un antiguo hospital naval del siglo XVIII, cuyos muros de piedra, utilizados en otro tiempo para aislar a los enfermos, acogen ahora uno de los proyectos de arte contemporáneo más ambiciosos de la isla. Este verano, el espacio alberga Directionless, una exposición organizada por el artista estadounidense Rashid Johnson. El proyecto parte de una admisión directa e incómoda: vivimos un periodo de profunda desorientación y agotamiento colectivo.

Directionless no llega con un mapa ni con instrucciones para el futuro. Toma la sensación de ir a la deriva —un estado en el que las certezas políticas se han desgastado, la ansiedad ecológica se ha intensificado y los sistemas heredados ya no ofrecen puntos de orientación estables— y la convierte en materia de trabajo. Johnson, que mantiene un vínculo estrecho con Menorca tras su exposición individual Sodade en 2022, describe el estado de ánimo contemporáneo como una forma de “agotamiento”. Una acumulación de años de crisis, “la exigencia implacable de responder, de resistir, de dar explicaciones”.

A medida que los visitantes bajan del ferry en la Isla del Rey, la exposición los invita a moverse sin un camino prescrito. No hay una narrativa lineal. La muestra abraza la multiplicidad, la apertura y la fragmentación. Johnson señala que, aunque todos vivimos dentro de esa desorientación en curso, los artistas reunidos no se dejan paralizar por ella. Lo que ofrecen no es una solución, sino una serie de estrategias para permanecer presentes en la incertidumbre.

Uno de los gestos más radicales de Directionless está en su propia estructura. Johnson no comisaría desde una autoridad vertical, sino a partir de un marco polifónico. Ha invitado a tres artistas de renombre —Firelei Báez, Charles Gaines y Cristina Iglesias— a ejercer como co-comisarios, proponiendo sus propias constelaciones de artistas, muchos de ellos ajenos al circuito habitual de Hauser & Wirth. Esa metodología guiada por artistas refleja una de las ideas centrales de la muestra: la orientación no se hereda, se negocia a través de encuentros, afinidades y actos de imaginación.

El resultado reúne a 28 artistas de 10 países en un ensayo visual sobre un mundo en transformación. Nombres como Georg Baselitz, Julie Mehretu y Mona Hatoum comparten espacio con voces emergentes como Alteronce Gumby y Claire Chambless, en un diálogo que cruza generaciones y geografías.

Vista de la exposición ‘Directionless’.
Hauser & Wirth

Dentro de las antiguas alas hospitalarias de la galería, la exposición encuentra su ritmo al pasar de lo cósmico a lo profundamente personal. En las primeras salas, el foco se sitúa en el tiempo profundo y la representación. Charles Gaines presenta Night/Crimes 2 (2026), parte de una serie que yuxtapone retratos de asesinos y escenas de crimen con las constelaciones exactas visibles en el cielo nocturno cuando se cometieron esos asesinatos. La obra plantea una reflexión estremecedora sobre la moral humana frente a la indiferencia del universo.

Cerca de allí, Sky (Burial), de Teresita Fernández, utiliza decenas de teselas coloreadas para evocar estratos geológicos y memoria. Boil and Toil, Time Immoral (2026), de Todd Gray, superpone imágenes de caballos, selvas y galaxias para colapsar la distancia entre lo terrestre y lo celeste. Georg Baselitz, presente con una selección de ocho obras en papel, aporta una desorientación menos espectacular y más íntima. En lugar de imponerse desde la monumentalidad, sus piezas obligan a detenerse en el trazo, en la tensión de la figura y en la inestabilidad de una imagen que no termina de fijarse.

A medida que avanza el recorrido, las obras se acercan a realidades sociales y corporales. El collage monumental Obsessão II (2017), de Lyle Ashton Harris, funciona como un tapiz cosido de fotografías, notas y recortes de prensa, y recuerda la persistencia del racismo y la homofobia. Concatenations (1991-2026), de Michael Joo, apila bandejas de hospital y rocas, fusionando lo natural y lo artificial para reflexionar sobre la epidemia del sida y la ambivalencia de la tecnología médica. Shedding II (Los tres ojos) (2022), de Joiri Minaya, utiliza fotografía y performance para cuestionar los estereotipos exotizados del cuerpo caribeño y recordar que los legados coloniales siguen reverberando en el presente.

La urgencia ecológica aparece en Crescent (2026), de Meg Webster, que introduce un fragmento literal del jardín exterior de la galería dentro del cubo blanco. La obra fuerza una confrontación directa con la fragilidad del paisaje local y con la distancia, a menudo demasiado cómoda, entre arte y naturaleza.

La exposición se extiende también más allá de las paredes interiores y ocupa por primera vez el paisaje completo de la Isla del Rey. La presentación exterior, comisariada por Cristina Iglesias, dialoga de manera directa con el entorno mediterráneo. Iglesias entiende el mar no como frontera, sino como “foro líquido” y espacio de tránsito.

Elegy at Minūrqa (2026), de Rayyane Tabet, parte de un poema árabe pintado directamente sobre la fachada y evoca la compleja historia de la isla, así como la caída del último dirigente musulmán de Menorca en 1287. La obra dialoga con Tree of Life (2023), de Ali Cherri, una escultura que mira hacia tradiciones ancestrales y mitológicas, y con Littoral (Lunar Meteorite) IV (2025), de la propia Iglesias, una pieza que parece surgir de la geología de la costa.

Detalle de ‘Littoral (Lunar Meteorite) IV’, de Cristina Iglesias.
Hauser & Wirth

Un componente importante de Directionless es su compromiso con la participación pública a través del Education Lab “Bitácora”. Desarrollado en colaboración con la Universidad de las Islas Baleares y la Universidad de Barcelona, este programa dirigido por estudiantes explora el aprendizaje fuera de los entornos institucionales. El título, Bitácora, prolonga el imaginario marítimo de la exposición e invita a ciudadanos y estudiantes a encontrar sus propios caminos creativos mediante la práctica artística.

Esa dimensión pedagógica hace que el proyecto no sea solo una muestra de objetos, sino también un intercambio con la comunidad local. Para Johnson, esta participación colectiva resulta esencial. Si su obra anterior se concentraba en el “barco individual” del yo, ahora subraya la importancia de la construcción de coaliciones y del trabajo común en un tiempo de crisis compartidas.

Directionless es solo una parte del proyecto a largo plazo de Rashid Johnson en Menorca. Johnson y su pareja, Sheree Hovsepian, pondrán en marcha Casa Gràcia, un programa de residencias de artistas en Mahón que comenzará en 2027. El artista lo concibe como una oportunidad para ofrecer a otros creadores “tiempo y espacio para reflexionar, experimentar, conversar y renovarse”.

Este movimiento indica que Menorca ya no funciona únicamente como una sede estival para Hauser & Wirth, sino también como un espacio de trabajo intelectual y creativo con vocación de continuidad. Al arraigar la exposición en la historia de la isla —desde su pasado talayótico hasta su uso como hospital naval—, Johnson y sus colaboradores han creado una muestra que se siente global y, al mismo tiempo, intensamente local.

En última instancia, Directionless no se limita a diagnosticar el mundo contemporáneo. Propone una forma de estar en él sin exigir respuestas inmediatas. Johnson sugiere que, en épocas de turbulencia, el descanso y la reflexión tranquila pueden convertirse en gestos de resistencia frente a la presión constante de la vida moderna.

Las obras reunidas en la Isla del Rey no prometen un destino. Tampoco aseguran que la niebla vaya a levantarse pronto. Ofrecen, más bien, formas de habitarla: enfrentarse al agotamiento sin rendirse a él y descubrir nuevas posibilidades de conexión en un mundo abierto, inestable y todavía sin resolver. Puede que avancemos sin rumbo, pero en ese estado de suspensión la imaginación encuentra parte de su energía más fértil.

Directionless se puede ver en Hauser & Wirth Menorca, Isla del Rey, hasta el 25 de octubre de 2026.

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