La crítica ★★★☆☆

‘Proyecto salvación’: el fin del mundo no es para tanto

El último trabajo de Ryan Gosling es una película cuya insistencia en agradar llega a resultar exasperante

'Proyecto salvación', protagonizada por Ryan Gosling
'Proyecto salvación', protagonizada por Ryan Gosling
Montaje: kiloycuarto

En 2006, Ryan Gosling protagonizó Half Nelson, un drama independiente en el que daba vida a un maestro de secundaria sumido en la adicción al crack. Y años después, ya convertido en una estrella consolidada, se lanzó al espacio a bordo del biopic First Man (El primer hombre), cuyo clímax ofrecía una reconstrucción de la llegada a la luna. Con Proyecto Salvación el actor parece cerrar un círculo, en cuanto que interpreta a un profesor de instituto que viaja más allá de la atmósfera terrestre con el fin de aliviar el deprimente estado de ánimo colectivo que nos asola.

La nueva película, después de todo, no solo aleja al espectador de nuestro fracturado planeta durante dos horas y media sino que trata de insuflarnos esperanza en que nuestro mundo merece ser salvado, y en que hay personas capaces de asumir el liderazgo y cooperar de manera competente con ese fin si se les da la oportunidad.

Más concretamente, Gosling encarna al doctor Ryland Grace, un biólogo molecular reconvertido en docente para chavales que es elegido para enfrentarse a unas misteriosas partículas que amenazan con destruir el Sol y, por consiguiente, provocar un enfriamiento global masivo que resultará en la extinción de la mitad de la vida en la Tierra. Dotado de una inventiva inquebrantable, emprende una misión suicida a las estrellas, y allí se topa con una entidad alienígena igualmente ingeniosa a la que decide llamar Rocky, por su apariencia rocosa y porque llamarla E.T. habría sido demasiado obvio. Más pronto que tarde, estos dos seres de diferentes mundos no solo cooperan para salvar el universo, sino que entretanto bailotean e intercambian bromas. Descubrir cómo comunicarse entre sí les resulta relativamente fácil -la película apenas menciona lo que tuvo que ser un largo y arduo proceso de descifrado y traducción-; aprender a convivir en la nave, en cambio, da pie a toda una serie de gags que convierten buena parte de la película en una relectura de La extraña pareja (1968) aderezada de diálogos la tabla periódica y la relatividad.

Los directores de la película, Phil Lord y Chris Miller, son comediantes dotados de un talento innato para lo exagerado y lo extravagante, que pulieron a través de su trabajo recurrente en el campo de la animación; recordemos que dirigieron Lluvia de albóndigas (2009) y La LEGO película (2014), y coprodujeron la saga de Spider-man ambientada en el multiverso. Aquí, la pareja se muestra empeñada en dramatizar el reto más serio imaginable para la humanidad de la forma menos seria posible.

Proyecto Salvación es una película cuya insistencia en agradar llega a resultar exasperante. Pese a los riesgos que su misión encarna, Grace en todo momento parece consciente de que al otro lado de la pantalla hay un público que espera ser entretenido a base de frases agudas y comedia física, y por momentos tanto los chistes constantes como el testarudo desenfado general de la película sabotean el flujo del relato y su capacidad para generar tensión. Y lo mismo puede decirse de los sucesivos flashbacks que lo puntúan para explicarnos cómo Grace llegó a estar donde está. Durante largos pasajes -como la nave espacial homónima-, Proyecto Salvación parece deambular sin tumbo y, cuando finalmente llega a su destino, lo hace demasiadas veces.

Hasta entonces, la película exhibe inconfundibles semejanzas con Marte (The Martian): también está basada en una novela de Andy Weir y construida a partir de un guion escrito por Drew Goddard, y también cuenta la historia de un astronauta ingenioso y valiente respaldado por científicos que resuelven sucesivos problemas cruciales. Asimismo, se muestra evidentemente influenciada por títulos como La llegada (2016) o Gravity (2013), y hasta cierto punto podría definirse como una versión de Interstellar (2014) filtrada a través de la mirada sentimental de Steven Spielberg. Sin embargo, aquí uno no percibe la sensación de doloroso sacrificio personal que otorgaba a la película de Christopher Nolan su poder conmovedor. Grace supera cada obstáculo sin demasiada dificultad y, por lo tanto, sin mucho drama, al menos hasta el clímax de la película. No tiene a nadie esperándolo en la Tierra, y no parece angustiado por el hecho de que su misión sea suicida ni maravillado por su encuentro con un extraterrestre.

El relativo interés que su periplo personal logra suscitar se debe casi exclusivamente al carisma que Gosling derrocha mientras le da vida. El actor es el único rostro humano que aparece en pantalla durante buena parte de la película, y logra no solo mantener nuestra atención pese a estar rodeado de efectos especiales sino también que empaticemos con la creación digital que tiene por compañero de escena.

En última instancia, Proyecto Salvación es una película intermitentemente divertida y sin duda demasiado larga que simplifica de forma flagrante sus elementos científicos, y que prefiere tirar de nuestras fibras emocionales de formas previsible y reconfortante en lugar de enfrentarnos a sensaciones inesperadas o siquiera ligeramente incómodas, y eso resulta algo decepcionante viniendo de una pareja de directores que tienen en su haber obras irreverentes y rupturistas en la forma y el fondo. En realidad, parece haber sido concebida a la manera de una película infantil menos interesada en deslumbrarnos que en enternecernos y, para bien y para mal, cumple esa misión.

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