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¿Qué hacen Public Enemy y Ana Curra tocando gratis en Alcorcón? Cómo las fiestas patronales se han convertido en festivales de culto

La presencia creciente de artistas de culto y figuras internacionales en escenarios municipales gratuitos está transformando las fiestas patronales

¿Qué hacen Public Enemy y Ana Curra tocando gratis en Alcorcón?
¿Qué hacen Public Enemy y Ana Curra tocando gratis en Alcorcón?
Montaje: kiloycuarto

Esta noche, el Auditorio Paco de Lucía de Alcorcón acogerá uno de los carteles musicales más imprevisibles del año. A partir de las 19:00 horas compartirán escenario los pioneros del rap neoyorquino Public Enemy, la sacerdotisa oscura del post-punk español Ana Curra, los veteranos del punk El Último Ke Zierre (EUKZ) y grupos como Soul Solid y Rebrote.

Pero no se trata de un festival especializado con entrada. Es parte del programa oficial de las Fiestas Patronales de Alcorcón y todos los conciertos del Auditorio Paco de Lucía son gratuitos, con acceso libre hasta completar aforo.

A lo largo de los diez días de fiestas, el mismo escenario recibe también a Kiko Veneno, La Cabra Mecánica, La Pegatina, Natalia Lacunza, Veintiuno, Rufus T. Firefly y Zahara Rave. Alcorcón lleva ya un tiempo perfeccionando esta peculiar fórmula: Public Enemy, de hecho, repite después de haber actuado gratuitamente en las fiestas de 2025 junto a Boikot y Biznaga.

La verbena municipal se ha convertido así en uno de los circuitos musicales más imprevisibles del país. Y aunque pueda parecer un fenómeno reciente, su genealogía viene de bastante atrás.

En Madrid basta retroceder hasta San Isidro de 1985. El 18 de mayo, los Smiths se subieron al escenario del Paseo de Camoens para ofrecer gratuitamente uno de los conciertos más recordados de su historia. TVE lo retransmitió dentro de La edad de oro y algunas crónicas hablan de hasta 300.000 asistentes. Aquel San Isidro reunió además nombres como Radio Futura, Luz Casal, Loquillo, Joaquín Sabina, Burning o Danza Invisible: un cartel que, visto cuatro décadas después, se parece más al de un gran festival de música española que al programa convencional de unas fiestas patronales.

Siete años después, Oviedo llevó esa lógica a una escala todavía más extraordinaria. El 21 de septiembre de 1992, en plenas fiestas de San Mateo, el Dangerous World Tour de Michael Jackson aterrizó en el antiguo estadio Carlos Tartiere.

Las entradas, fuertemente subvencionadas, costaron a muchos asistentes 500 pesetas, poco más de tres euros al cambio nominal, y unas 25.000 personas llenaron el estadio. La noche pasó directamente a la mitología pop asturiana. Cuando Jackson pareció emocionarse sobre el escenario, parte del público comenzó a corear «Canta y no llores». Y todavía quedaba otra sorpresa.

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Los Smiths actuando en San Isidro en 1985.
RTVE

Slash, guitarrista de Guns N’ Roses, apareció para interpretar “Black or White” junto a Jackson. Después del concierto salió por el casco antiguo y terminó en el chiringuito Pinón Folixa, donde unos adolescentes llamados Stormy Mondays estaban tocando. Slash se subió con ellos al escenario y protagonizó una improvisada sesión de unos veinte minutos. Los integrantes del grupo tenían entonces 17 años.

Aquel San Mateo demostró hasta dónde podía llegar la ambición cultural de unas fiestas municipales. En 1998, Oviedo volvió a alterar incluso su calendario festivo para acomodar una actuación de Julio Iglesias.

Ese gusto por colocar nombres internacionales en medio de unas fiestas populares continúa especialmente vivo en Asturias. La Semana Grande de Gijón ha convertido el escenario gratuito de Poniente, con el Cantábrico al fondo, en una parada recurrente para artistas que normalmente asociaríamos a festivales especializados: la Human League actuó en 2023; Orbital y Bonnie Tyler pasaron por allí en 2025; y este verano el encargado de inaugurar los conciertos fue Echo & The Bunnymen.

Y Gijón está lejos de ser una excepción.

La joya de la corona de este modelo quizá sea el auditorio al aire libre de Castrelos, en Vigo. Con una enorme zona de acceso gratuito y una pista con entradas a precios subvencionados, su programación parece a veces el sueño febril de cualquier promotor privado. En 2025 pasaron por allí The Black Keys, Jason Derulo y UB40 feat. Ali Campbell; este verano lo han hecho nombres como Deep Purple, Chayanne y The Corrs.

Más al norte, As Noites de María Pita han convertido la histórica plaza coruñesa en otro gran escenario gratuito. James Blunt y Texas llegaron a reunir a decenas de miles de personas en 2022, mientras que la programación de 2025 combinó a Bonnie Tyler con propuestas gallegas contemporáneas como Baiuca.

Más al norte, As Noites de María Pita en La Coruña ha convertido su histórica plaza central en una arena gratuita. En 2022, James Blunt y Texas atrayeron 28.000 cada uno a la Plaza María Pita, y el ciclo continuó en 2025 con Bonnie Tyler y actos alternativos gallegos modernos como Baiuca.

La misma lógica alcanza incluso municipios alejados del circuito habitual de grandes giras. Fuenlabrada programó en 2025 una noche gratuita de heavy metal con los alemanes Rage e Iron Savior junto a Leo Jiménez. Y las Fiestas del Pilar de Zaragoza han mezclado en sus plazas a nombres como Boney M. Xperience, OBK o el sacerdote y DJ portugués Padre Guilherme.

Valladolid es otro caso especialmente revelador. Durante los últimos años, las Fiestas de la Virgen de San Lorenzo han apostado por grandes nombres nacionales e internacionales: Mika, James Blunt, María Becerra, Dani Fernández o Vanesa Martín han pasado por la Plaza Mayor, mediante contratos municipales de decenas e incluso cientos de miles de euros.

El modelo ha llegado incluso a convertirse en munición política. Este verano, Óscar Puente, exalcalde de Valladolid, publicó en X los carteles de conciertos de 2022 y 2026 bajo el escueto mensaje «Conciertos Fiestas Valladolid 2022 VS Conciertos Fiestas Valladolid 2026», sin añadir una sola valoración. La comparación bastó para encender una pequeña polémica municipal; Carolina Durante, uno de los grupos de la programación actual, respondió al ministro con un lacónico: «Estás tú para hablar».

Cuando lo gratis deja de ser gratis

Esta aparente edad dorada del acceso gratuito tiene, sin embargo, una cara menos festiva. El periodista musical Nando Cruz la ha analizado en Macrofestivales. El agujero negro de la música (2023). Cruz ha contado que un programador público le explicó cómo el auge del circuito festivalero había llevado determinados cachés de 15.000 a 45.000 euros, hasta consumir buena parte de los presupuestos culturales locales. Su diagnóstico apunta además a una paradoja: las propias administraciones contribuyen a esa inflación cuando subvencionan un mercado con el que después tienen que competir.

El problema comienza con una paradoja evidente: el concierto es gratis para quien entra, pero nunca es gratuito. Lo paga la Administración.

Los ayuntamientos no dependen directamente de la venta de entradas para recuperar la inversión y pueden asumir cachés que resultarían muy difíciles de sostener para un promotor privado. Esa capacidad de gasto alimenta periódicamente el debate sobre cuánto deben invertir las instituciones en unos pocos grandes conciertos y cuánto debería destinarse, en cambio, a estructuras culturales permanentes.

Los contratos de la Virgen de San Lorenzo de Valladolid ilustran hasta dónde pueden llegar esas cifras: 242.000 euros por James Blunt, 181.500 por María Becerra, 121.000 por Dani Fernández y 105.270 por Vanesa Martín. Un año antes, Mika había costado 187.550 euros.

La discusión se vuelve especialmente delicada cuando se compara ese músculo municipal con la situación de las salas pequeñas y medianas, que mantienen programación durante todo el año, pagan alquileres, personal y suministros y sí dependen de que alguien compre una entrada.

Afirmar que los conciertos municipales gratuitos están «acabando» con las salas sería demasiado sencillo: la crisis de estos espacios responde a factores mucho más amplios, desde el precio de los alquileres hasta los hábitos de consumo o la concentración del negocio musical. Pero sí existe una tensión evidente cuando un público puede ver gratuitamente en una plaza a artistas por los que, en otro contexto, tendría que pagar una entrada.

La verbena imposible

Pese a todo, estas fiestas conservan una dimensión sociológica difícil de replicar en un festival convencional. En la plaza pública, la tradición y la contracultura pueden terminar compartiendo programa.

En Alcorcón, el mismo calendario que incluye procesiones, orquestas, actividades infantiles y fuegos artificiales reserva una noche al rap político de Public Enemy, al post-punk de Ana Curra y al punk de EUKZ.

Y ahí quizá esté la verdadera particularidad del modelo. Como el objetivo de una fiesta municipal no es únicamente generar beneficio, sus programadores pueden permitirse buscar públicos distintos, combinar generaciones e introducir artistas cuya presencia resultaría mucho más arriesgada dentro de un festival puramente comercial.

El resultado tiene algo de democrático y algo de absurdo: Michael Jackson en San Mateo, los Smiths por San Isidro, Echo & The Bunnymen frente al mar de Gijón o Public Enemy y Ana Curra en Alcorcón.

La verbena no ha sustituido al festival. Pero, de vez en cuando, ha aprendido a comportarse como el más imprevisible de todos.

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