Adriana Ugarte (41) es una de las actrices más reconocidas del panorama español reciente. Nominada al Goya a mejor actriz revelación por Cabeza de perro en 2006, la madrileña ha encadenado éxitos televisivos como La Señora y El tiempo entre costuras, por la que obtuvo el Premio Ondas en 2014, así como cinematográficos, entre ellos Palmeras en la nieve (2015) o Julieta (2016), de Pedro Almodóvar, donde interpreta al personaje titular en su juventud.
La canaria Tania Santana (33) es un rostro en ascenso que se dio a conocer en Hierro, la serie de Movistar+ protagonizada por Candela Peña. Posteriormente, en 2021 se unió al elenco de ¡García!, serie de HBO Max, en la que dio vida a Idoia. En 2026 se incorporó al reparto de Weiss & Morales, serie de RTVE coproducida con Alemania y protagonizada por Miguel Ángel Silvestre y Katia Fellin, ampliando así su presencia en el ámbito nacional.
Ambas coinciden ahora en Tal vez, drama biográfico que arranca en Gran Canaria a finales de los años sesenta. Cuando Natalia, una joven poeta canaria interpretada por Santana, empieza a escribir las memorias de Pinito, la legendaria artista de circo a la que da vida Ugarte, surge entre ambas una conexión prohibida que no encuentra su lugar en un contexto hostil. La relación se mantiene a través de cartas durante décadas, antes de que la presión social y el miedo terminen por separarlas.
Charlamos con ambas sobre su proceso interpretativo, la dirección de Arima León y la construcción de unos personajes que exigían una conexión emocional profunda, más allá de la mera técnica actoral.
Tal vez cuenta una historia de amor, pero también una historia de silencios, cartas y cosas que no pudieron decirse en voz alta. ¿Cómo se interpreta lo que un personaje no puede expresar?
Tania Santana: Es verdad que yo a Natalia la conozco desde hace varios años porque Arima me había hablado de ella, pero al final, cuando ruedas una historia concreta, tienes que ceñirte un poco al guion y empezar a crear a partir de ahí, siempre a favor de la historia que tienes que contar. Leyendo sus libros y viendo imágenes de Natalia, había un abanico muy amplio de material, desde que ella tenía 18 años hasta más tarde, con Pinito. Hay muchísima documentación fotográfica, pero muy pocos vídeos, o vídeos de cuando ella ya era muy mayor y había pasado una enfermedad. Entonces, con la directora empezamos a crear desde ahí. Arima también se reunió con la familia y les hizo muchas preguntas sobre Natalia. Tener alrededor a gente que la había conocido y que podía darte información sobre su personalidad fue muy importante. Creo que fue juntar todo eso e ir de la mano de Arima.

Adriana Ugarte: En mi caso fue muy parecido. Además, siempre ayuda interpretar a un personaje que tiene una profesión o se dedica a una actividad muy concreta y específica que modifica su cuerpo de alguna manera. Eso te da mucho. Alguien que se dedica al circo desde pequeña tiene una forma de moverse y de estar en los lugares un poco diferente. Yo no me he dedicado profesionalmente a nada físico, ni a ningún deporte ni a ninguna actividad que implicara una manera determinada de relacionarme con el espacio, como en el caso de Pinito. Eso me ayudó mucho a componerla desde fuera. Y, a nivel emocional, me gustaba mucho la mirada de Arima: poner en contraposición a la Pinito social, la Pinito de los focos, las luces y las plumas, con una Pinito muerta de miedo por el paso del tiempo, por la soledad, por el vacío familiar, por perder el amor de sus hijos y por envejecer sola, sin ningún hombro en el que apoyarse. Me interesaba hablar de esa Pinito que el mundo pensaba que rebosaba abundancia, pero que se vivía a sí misma con insuficiencia. Me gustaba mucho trabajar los contrarios. Y me ayudaron mucho las cartas de Natalia, lo que Natalia decía de ella: “Te imagino sola, te imagino triste”. De repente, si ves los vídeos que tenemos del NO-DO, nunca podrías llegar a imaginar eso. Me parecía muy bonito y muy justo con los seres humanos que fueron.
Natalia y Pinito existieron, pero la película trabaja también desde la memoria y la imaginación. ¿Sentisteis más responsabilidad o más libertad al acercaros a ellas?
Adriana Ugarte: Es una mezcla. Por un lado, es una guía; por otro, una presión, porque siempre caes en la tentación de intentar hacer un clon.
Tania Santana: Y de obsesionarte con llegar a una meta que no existe y que te has puesto tú en la mente.
Adriana Ugarte: Sí. Y eso al final está abocado a la frustración.
Tania Santana: En los ensayos, Arima nos vio, porque las dos somos muy intensas y queremos hacerlo todo perfecto, porque nos apasiona lo que hacemos. Arima nos pilló y nos dijo: “A ver, tranquilas. Si os he escogido a vosotras también es por algo. Es porque confío en que algo de ustedes esté también en los personajes”. Al final, los personajes también se construyen así. Desde que nos dijo eso, nos relajamos. Hubo un clic: “Pues es verdad, confiemos. Mientras la esencia permanezca, que es lo más importante, todo lo demás…”.
Adriana Ugarte: Y Arima tiene algo tan potente, como de chamana, que si ella te dice “tranquila”, tú dices: “A la orden, tranquila”.
Tania Santana: Zona segura, ¿no? Es como: venga, vale, aquí podemos trabajar.
Adriana Ugarte: Es muy franca.

¿Qué creéis que vio Arima en vosotras para confiaros estos personajes?
Adriana Ugarte: Yo todavía lo estoy averiguando, la verdad. Pero sí creo que hay algo de la intensidad. Y creo que hay algo del miedo, de la complacencia, de una cosa social, de querer estar como de anfitriona y a la vez…
Tania Santana: La elegancia también. Pinito era elegante y tú también eres elegante. Yo creo que la esencia de Pinito está ahí. Pinito siempre era una señora muy elegante. Le pusieras un chándal o lo que le pusieras…
Adriana Ugarte: ¿Te imaginas a Pinito con chándal?
Tania Santana: No. Tendría que ponérselo para ensayar, la verdad. Pero creo que en ese sentido, a mí eso me llama. Y yo, en Natalia, pues no lo sé. Creo que también a veces puedo ser un poco Natalia, la verdad. Intensa, reivindicativa… A veces me tengo que decir: “Para, niña”.
Adriana Ugarte: Y valiente.
Tania Santana: Te estás pasando.
Adriana Ugarte: Y de pasional…
Tania Santana: También me gusta cómo, con los personajes, es muy divertido hacer algo muy alejado de ti, pero al mismo tiempo, cuando crees que algo está muy lejos, te das cuenta de que quizá no lo está tanto. Cuando haces ese match y dices: “Guau, pues no sabía que tenía tantas cosas de este personaje”. Cuando te permites ser eso que creías tan alejado de ti, empiezas a descubrir que tienes muchas cosas del personaje.

Arima cuenta que trabajasteis con improvisaciones, música y repetición. ¿Cómo fue ese proceso con ella? Al venir del teatro, ¿os pedía mucha precisión o había espacio para que el vínculo entre Natalia y Pinito apareciera en el momento?
Tania Santana: Sí es verdad que tuvimos ensayos, y los ensayos te dan mucha seguridad, porque en el set va todo muy rápido. Si no estás concentrada, pierdes tiempo y al final el tiempo también es dinero. Pero no tengo la sensación de que los ensayos fueran especialmente teatrales.
Adriana Ugarte: Igual sí había algo…
Tania Santana: En la preparación, a lo mejor.
Adriana Ugarte: Algo artesano. Yo decía que Arima tiene algo de laboratorio. En los ensayos no iba directamente a sacar la secuencia, sino a trabajar lo previo a la secuencia, a hacer un poco de disección. Ahí tiraba mucho de improvisaciones, que ayudan muchísimo, y de ponernos en situaciones hipotéticas que no tenían nada que ver con la película y que aparentemente quizá podían no servir, pero servían mucho. Recuerdo el trabajo con Aitor Luna, que interpreta a Juan, mi marido. Fue muy interesante porque el punto de partida de la película ya es el conflicto, una relación devastada, y trabajamos la relación romántica cuando esos dos se amaban. Fue muy bonito, porque desde haber vivido ese amor y esa complicidad de pareja, el dolor de la destrucción del amor era mucho más rico. Había una nostalgia de lo que fuimos. Creo que Arima tiene una mirada muy profunda a la hora de trabajar las secuencias, que va más allá del resultado o del efecto. Eso a veces es difícil de encontrar en los ensayos de cine, donde quizá se va más a: “Venga, que esto funcione y sea creíble”.
Tania Santana: Exacto, al resultado. También es verdad que, en las escenas más duras o más difíciles, Arima nos llamaba, nos llevaba a un cuarto aparte y ahí hacíamos ejercicios con música. Claro, tú ya trabajas la escena calentita, como quien dice. Eso también te va ayudando a crear el personaje. De repente, en los parones, te pones a hablar con otra persona y te paras y dices: “Esto es muy Natalia” o “Esto es muy Pinito”. Como que los caracteres ya están tan formados que relacionas cosas con los personajes. “Esto es muy Peregrina, esto es muy Juan”. De repente, los personajes existen. Existen en la vida real.
Adriana Ugarte: Han trascendido el guion; se han puesto de pie.
Tania Santana: Tal cual. De hecho, todavía no sigue pasando de vez en cuando. De repente decimos: “Esto es muy Peregrina”. No sé, los ves como personas, no solo como personajes. Y eso está muy guay.

La parte física de los personajes es muy importante, además del vestuario. En el caso de Natalia, el cambio es más evidente: se corta el pelo; hay una transformación muy radical. Pero en el caso de Pinito también está esa cara pública del circo, la privada y la forma de habitar el mundo de alguien cuyo trabajo pasa por el cuerpo. ¿De qué manera trabajasteis esa transformación?
Adriana Ugarte: En mi caso, hicimos tres clases de trapecio para tomar contacto con el elemento en sí mismo y que no fuera ajeno ni extraño para mi cuerpo, aunque en realidad hubiera necesitado años, una vida entera, para sentirlo familiar. También hablé con Arima desde el principio. Le dije: “¿Quieres que me meta en el gimnasio?” Y me dijo: “No, porque fíjate en el cuerpo de Pinito”. Hay algo de Pinito que no tiene ese cuerpo del circo actual, más atlético, con más volumen, más musculoso. Arima me hablaba más de un cuerpo de yoga y de pilates. Entonces hice bastante pilates en máquinas para alargar un poco. Me decía: “Fíjate, tiene el cuerpo más alargado, más de bailarina. Quiero que esté fuerte, tonificado, pero que no haya definición ni volumen visible”. Eso fue lo que trabajé desde Madrid. Ya cuando estuvimos en Canarias, la semana antes de entrar en el momento del circo, hicimos unos días intensos de gimnasio para sentirme más fuerte cuando me descolgaba de la escalera, para tener más seguridad y fuerza en los brazos, la espalda y los hombros.
Tania Santana: Con Natalia no quería obsesionarme con eso, pero sí es verdad que en los ensayos trabajábamos ya con la ropa. No sé qué tiene la ropa de época, pero es espectacular. La ropa da muchísima información de nosotros como personas. Imagínate colocarla en una época específica. Ponerme el vestuario de Natalia me ayudó muchísimo corporalmente. También trabajé a través de las imágenes, de las posturas que ella iba cogiendo con los años, de cómo se iba encorvando más, volviéndose más ruda. La ropa que me ponía me ayudaba muchísimo. En los ensayos, yo entraba normal, me ponía la ropa de Natalia y, de repente, cogía otra corporalidad totalmente diferente. También me pasó una cosa muy curiosa: yo he llevado el pelo largo toda mi vida, y es un gesto muy característico mío. De repente, que me lo cortaran me quitó la identidad que pensaba que tenía Tania Santana. Das tu cuerpo al personaje y te sorprendes. De hecho, cuando acabé la película y me vi con el pelo súper corto, pensé: “Ah, bueno. ¿Cómo vuelvo a mi vida en cinco minutos?. Tutorial de cómo tirarte por una ventana, comprar pelucas, qué hago” [risas]. Pero eso es muy divertido, porque al final es como: pues no soy yo.
Adriana Ugarte: El abandono al personaje mola mucho. Y había algo muy guay en lo que Arima nos insistía: “No os obsesionéis, porque si encontramos la esencia de los personajes en cada secuencia, el resto va a venir solo. Confiad”. Había algo de buscar esa corporalidad desde la emoción y dejar que, desde ahí, ya se construyera el cuerpo. La manera de mirar desde la frustración, desde el deseo, desde lo reprimido…
Tania Santana: Y al final es eso. Si una persona está escribiendo a máquina todo el rato, tiende a encorvarse un poquito. Si está fumando todo el rato, también coge otros gestos. Yo en mi vida no fumo, así que me obsesioné también con fumar. Realmente, el tabaco de rodaje es hierba; ni siquiera tiene nicotina. Pero incorporar todos esos gestos que no te pertenecen acaba enriqueciendo el personaje.
