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‘Tal vez’: el deseo entre mujeres frente a las narrativas dominantes del cine queer

La cineasta canaria Arima León y la productora Silvia Carvalho hablan sobre los siete años que tardaron en levantar 'Tal vez', su trabajo con Tania Santana y Adriana Ugarte, la evolución del cine queer y la importancia de la mirada femenina

Tras dirigir cortos como Tomate Canario y Koyas, Arima León (Las Palmas de Gran Canaria, 1993) presenta su debut en el largometraje, Tal vez, un proyecto desarrollado durante siete años, en parte gracias a su paso por programas como el Fiction Toolbox del European Film Market de la Berlinale. La película ha contado también con el apoyo de ISII Group, un joven grupo audiovisual encabezado por la productora leonesa Silvia Carvalho. Inspirado en el modelo industrial estadounidense, el conglomerado busca controlar las distintas fases del proceso de creación y distribución cinematográfica. Entre su ambiciosa cartera de proyectos figura Trinidad, el western feminista con Paz Vega y Karla Sofía Gascón que verá la luz en noviembre.

Tal vez se ha proyectado en el festival QueerCineMad y en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, y parte del encuentro real entre la escritora Natalia Sosa Ayala y Pinito del Oro, la trapecista del Circo Price, a finales de los años sesenta, cuando la primera acompañó a la segunda en su última gira para escribir sus memorias. La historia ha sido reconstruida a través de la correspondencia entre ambas mujeres, publicada en el libro de 1996 Desde mi desván y otros artículos. Neurosis. Cartas. Se trata de una historia profundamente canaria, y eso se percibe en la película, en su reparto y en sus localizaciones. Aunque Pinito está interpretada por la madrileña Adriana Ugarte, Sosa está encarnada por la canaria Tania Santana, y el elenco cuenta además con Antonia San Juan.

Charlamos con Arima León y Silvia Carvalho sobre el desarrollo del proyecto, las elecciones que lo hicieron posible, la evolución del cine queer y la importancia de la mirada femenina.

La película parte de unas cartas reales, pero también de muchos silencios. ¿Cómo se decide qué respetar, qué imaginar y qué no tocar cuando trabajas con la intimidad de dos mujeres que existieron?

Arima León: Me centré mucho en lo que ellas quisieron contar en las cartas. Es cierto que, cuanto más te vas metiendo en la historia, empiezas a fantasear sobre lo que pudo suceder y lo que no. Pero las cartas eran muy honestas, y yo traté de respetar esa perspectiva que Natalia reflejó en ellas y que, a su vez, contaba con el beneplácito de Pinito. Fue sobre todo a partir de ahí, y también investigando  artículos y entrevistas que le hicieron a Pinito en esa época, además de lo que Natalia iba escribiendo.

Arima León dirigiendo una escena de ‘Tal vez’.
Julia Quintana / ISII Group

Arima, vienes del teatro y mencionas improvisaciones, música y repetición. ¿Cómo fue el proceso de ensayo con Adriana Ugarte y Tania Santana? ¿Hubo algo que encontraran ellas y que cambiara tu idea inicial de los personajes?

Arima León: La elección de Tania y Adriana encajó mucho con la visión que yo tenía de los personajes. Además, a medida que avanzaba el rodaje, fui sintiendo que ellas también iban conectando cada vez más. Era complejo enfrentarse a representar un amor tan apasionado sin apenas conocer a la otra persona. El proceso de ensayos nos permitió situarlas también dentro de ese vínculo, pero creo que fueron sobre todo las horas de rodaje las que generaron esa simbiosis entre ellas dos y cómo eso se fue trasladando a los personajes. Fue un proceso muy bonito de ver, no solo desde las recreaciones y los ensayos de las escenas en sí del guion, sino también desde el juego. Recuerdo una improvisación en la que trabajábamos qué habría pasado si ellas hubiesen acabado juntas. Cómo habría sido su vida si hubiesen acabado juntas, porque creo que ese es un pensamiento que podría venir muchas veces al personaje de Natalia y también al de Pinito. Siempre terminaban discutiendo. Creo que la relación estaba abocada al fracaso de cualquier manera, incluso en un entorno que políticamente aceptase más esta reivindicación del amor entre mujeres.

Silvia, la película es intimista, pero también es de época; tiene circo, viajes, vestuario… ¿En qué momento entendiste que esta ópera prima no podía producirse como una película “pequeña”?

Silvia Carvalho: Fue bastante rápido, siempre digo. El proyecto nos llegó a través de Lydia Palencia, nuestra productora ejecutiva, a quien Arima se lo presentó. La decisión fue muy rápida, hay que decirlo así. Llegó un proyecto muy estructurado, muy maduro, y eso se nota. Esos siete años se notan cuando un proyecto llega a una mesa. También era una historia que, más allá de ser local y queer, tocaba temas totalmente transversales. Al final, aunque tenemos un poco el eje de Adriana Ugarte como palanca para contar la historia de Natalia, la historia es de Natalia. Y ese sentimiento de no estar conformes con lo que somos, con lo que tenemos o con cómo gestionamos esa inconformidad, creo que todos lo hemos sentido alguna vez. Cuando llegó el proyecto, además, venía muy paquetizado. Lo único que vimos fue que necesitaba una mayor inversión en producción, que fue lo que nosotros pudimos aportar para elevarlo. En cuestión de cinco meses estábamos rodando. Fue realmente un flechazo con el proyecto.

Antonia San Juan en ‘Tal vez’.
Julia Quintana / ISII Group

Arima, dices que no hay que tener miedo a pedir un cambio por el bien de la película. ¿Cómo se negocia eso con los actores? ¿Dónde está el límite entre defender una idea y aceptar lo que una actriz trae al personaje?

Arima León: Trabajo siempre con personas. Cuando trabajo con actores, trabajo con sus sensibilidades, con sus emociones, con las mochilas que pueda llevar cada uno. Creo que es muy importante percibir la dirección de actores desde el respeto más absoluto. Al final, ellas son las que ponen el cuerpo y sus emociones al servicio de la historia que tú quieres contar, y eso merece un respeto absoluto. Desde esa posición, creo que el diálogo y la comunicación son muy sanos. Recuerdo, por ejemplo, que cuando estábamos trabajando con Antonia San Juan, ella quería construir a la Peregrina como más gordita, con un relleno. Hubo un momento en el que pensé: “Ay, Dios mío, esto puede quedar horrible”. Pero de pronto le dije: “Venga, vamos a probarlo”. Soy una persona a la que le gusta mucho que todas las personas involucradas en la película aporten. Cuando la vi por primera vez con la propuesta que ella tenía y empezó a caminar, fue ver el personaje. Ahí dije: “Qué suerte, qué bien que me atreví a confiar”. Con Adriana y Tania también hubo muchos momentos en los que tanto yo hacia a ellas como ellas hacia mí tuvimos que confiar. Yo confiaba en sus propuestas y ellas, a veces, me decían: “Vale, no lo tengo del todo claro, pero voy a confiar en Arima”. Creo que ese trabajo desde el respeto fue fundamental para construir dos personajes tan honestos.

Miguel Cervera, que ha trabajado en películas como La piel que habito, firma el vestuario. ¿Qué buscabais a través de la ropa, especialmente en dos mujeres que viven entre la exposición pública y el secreto?

Arima León: Con Miguel fue un poco un flechazo. Lo conocí a través de la directora de producción y, desde la primera reunión, sentí que entendía perfectamente lo que yo quería contar a través del vestuario. Yo en teatro había trabajado también como figurinista, así que para mí el vestuario era un elemento muy importante, no solo desde el rigor histórico, que daba por hecho que Miguel iba a controlar al cien por cien por el bagaje que tiene, sino también como forma de contar a los personajes. Para mí era muy importante marcar la personalidad, la manera de caminar, los zapatos, el tipo de tela. Además, Miguel hizo un trabajo muy bonito con su equipo en las recreaciones de los vestuarios de Pinito, que se crearon exclusivamente para la película. Haber podido elevar el presupuesto nos permitió trabajar a ese nivel de detalle, acercar muchísimo la cámara y ver la calidad de esas telas. Para mí ha sido un auténtico privilegio. Tengo una anécdota con él. Recuerdo que, cuando me enseñó uno de los vestuarios del Circ’Onírico, el vestido que lleva Pinito del Oro, yo estaba muy obsesionada con buscar una ligereza muy relacionada con la obra de Pina Bausch, con Café Müller o La consagración de la primavera. Cuando vi la caída de ese vestido, sentí que Miguel había entendido perfectamente lo que yo quería trabajar en esas escenas. Me emocioné muchísimo al sentir que también había una simbiosis creativa ahí.

Adriana Ugarte en ‘Tal vez’.
Julia Quintana / ISII Group

¿Cuánto se rodó en localizaciones reales y cuánto hubo que reconstruir o inventar para que la película consiguiera evocar esa época?

Arima León: Fue muy fuerte. Yo empecé a desarrollar este proyecto a finales de 2017 o principios de 2018, y recuerdo que a una amiga que también es artista, Saskia Rodríguez, le empecé a hablar de la película. Ella me dijo: “Tengo una amiga que tiene una casa en Ciudad Jardín”. Yo le contaba que Natalia Sosa y su familia eran de Ciudad Jardín, un barrio de Las Palmas, y ella me decía: “Cada vez que me hablas de la película pienso en esa casa”. Fue la primera casa que fuimos a ver, años después, porque habían pasado siete años, y era la casa perfecta. De hecho, hice una reescritura del guion para adaptar el espacio a la acción de los personajes. Además, era una casa diseñada por un arquitecto que era hermano de Claudio de la Torre, un artista canario muy importante y uno de los referentes pictóricos más importantes de la película para mí. Era como si todo encajara. La cocina, por ejemplo, tenía unos azulejos en un azul eléctrico que era el azul de circo con el que yo estaba obsesionada. Fue muy mágico que esa casa estuviese desde la génesis del proyecto y que finalmente rodáramos allí. Nos instalamos durante dos semanas. Luego el circo fue muy emocionante. Incluso me dio mucha pena, porque los niños del pueblo pensaban que de verdad iba a haber un circo y luego se encontraron con el drama de que, en realidad, no iban a ver nada.

¿Creéis que el cine español está hoy más preparado para mirar el deseo entre mujeres sin que suponga un trauma o una excepcionalidad?

Silvia Carvalho: Desde mi perspectiva, creo que sí. No en todos los ámbitos ni en todos los aspectos, pero creo que sí. También ha cambiado un poco la forma en que se cuentan las historias. Al final, es lo básico: quiénes son los interlocutores, cuál es el mensaje y cómo se cuenta. Muchas veces no puedes llegar con una historia muy abrupta o muy explícita porque eso genera cierto rechazo. Sin embargo, esta me parece una historia muy elegante, pero sin embellecedores. Es muy honesta, como siempre dice Arima, pero también realista. Más allá de que puedas o no haber estado en esa posición, empatizas. Creo que ahora mismo con esta historia sí se puede empatizar. Considero que la visión ha evolucionado, aunque no todo lo que debería.

Arima León: También está en construcción. Se hace poco cine queer, pero el cine queer que se hace suele estar plagado de narrativas gays, en parte porque los hombres han sido quienes han contado la historia del cine. Creo que en los últimos años está habiendo una evolución y que el hecho de que las mujeres tomemos puestos de decisión y de poder, como puede ser la dirección, también diversifica la mirada. Pone el punto de deseo en un cuerpo femenino, pero quizá ya no tan cosificado como podría estarlo desde una perspectiva masculina.

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