EE UU anuncia pruebas de testosterona para soldados: ¿qué pasa con las mujeres?

Legisladoras y médicos advierten que la medida refleja un favoritismo en aspectos de la biología masculina sin contemplar las necesidades de las militares

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El Departamento de Defensa estadounidense ha puesto en marcha una iniciativa que examina niveles hormonales en militares varones mayores de 30 años, un programa que Pete Hegseth, secretario de Defensa, ha presentado como parte de su estrategia para fortalecer la preparación física de las tropas. Sin embargo, la medida ha dejado un vacío notable: el Pentágono no ha anunciado protocolos equivalentes para la salud hormonal del personal femenino en servicio activo.

La decisión responde a un análisis interno que considera cómo el estrés operativo, los despliegues prolongados y la falta de sueño pueden afectar la producción hormonal masculina. Según Hegseth, las pruebas anuales de testosterona permitirán detectar deficiencias y, cuando sea necesario, acceder a terapia de reemplazo hormonal de forma voluntaria. El objetivo declarado es preservar la capacidad de combate de las unidades.

El silencio sobre la salud hormonal femenina

Lo que resulta más llamativo es la ausencia completa de cómo esta estrategia de optimización hormonal se aplicará a las mujeres militares. El Pentágono no ha precisado si existen planes equivalentes para evaluar factores hormonales que afecten el rendimiento femenino, ni ha anunciado protocolos específicos para otros parámetros endocrinos que pudieran impactar en ese colectivo.

Varias legisladoras con experiencia en las Fuerzas Armadas han cuestionado públicamente esta medida. Su argumento es directo: si el objetivo es optimizar la preparación física y psicológica de toda la fuerza militar, el Pentágono debería implementar evaluaciones hormonales que contemplen las características biológicas del personal femenino de igual forma que lo hace con los varones.

EE UU
Fuerzas militares de los Estados Unidos de América
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Un patrón de priorización del personal masculino

Desde la llegada de Hegseth al Pentágono se han tomado diferentes decisiones controversiales. Entre ellas, la promoción de cambios en estándares físicos, ha defendido criterios comunes para especialidades de combate y ha enfatizado la preparación operativa como prioridad central. Sin embargo, las organizaciones de mujeres militares y varios congresistas demócratas han señalado que estas políticas tienden a beneficiar desproporcionadamente a los hombres mientras dejan sin atención específica las necesidades del personal femenino.

El historial de Hegseth refuerza esas inquietudes. Anteriormente, desde su posición en la Marina, removió mujeres de listas de promoción, una decisión que generó controversia en torno a su enfoque hacia la integración femenina en las Fuerzas Armadas.

Críticas médicas y de género

El programa ha generado críticas desde dos flancos. Por un lado, especialistas en endocrinología advierten que diagnosticar deficiencias hormonales requiere más que un análisis aislado. Las guías clínicas recomiendan confirmar síntomas y repetir pruebas antes de iniciar tratamiento. Además, aunque la terapia hormonal puede ser beneficiosa para casos confirmados, los expertos subrayan que conlleva riesgos y que requieren seguimiento médico constante.

Por otro lado, las críticas de género son más agudas: ¿por qué el Pentágono invierte recursos en evaluar un aspecto específico de la salud masculina y dejando a un lado los protocolos de evaluación hormonal femenina? Las senadoras y asociaciones médicas que cuestionan la medida sostienen que esto refleja un enfoque incompleto, que prioriza un aspecto de la biología masculina mientras ignora completamente la salud hormonal femenina.

Militares estadounidenses durante un desfile militar
Militares estadounidenses durante un desfile militar
EFE/EPA/ALLISON DINNER / POOL

Un debate sobre prioridades institucionales

Para los defensores de la iniciativa, las pruebas de testosterona representan un paso adelante en la medicina militar en un contexto de competencia estratégica creciente con potencias como China y Rusia. Para sus críticos, la medida revela un patrón: una institución que enfatiza la preparación para el combate de forma selectiva, favoreciendo al personal masculino mientras deja sin protocolos al personal femenino.

El Pentágono, hasta ahora, no ha respondido a las preguntas sobre cómo se integrará este programa con la salud hormonal del personal femenino, ni ha anunciado si planea implementar evaluaciones equivalentes para otros parámetros endocrinos que pudieran afectar el rendimiento de las soldadas.

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